La Habana. Año XI.
19 al 25 de MAYO de 2012

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Ilya y Emilia Kabakov en la bienal de la habana
TolerARTE
Maydelis Gómez • La Habana
Fotos: Cortesía de la autora y R. A. Hdez. (La Jiribilla)

Emilia Kabakov no deja de sorprenderse con las maravillas que logra El Barco de la Tolerancia. En 2005, ella y su esposo Ilya concibieron este proyecto para trabajar con los niños de Egipto. “Es una comunidad muy religiosa y era la primera vez en sus vidas que los pequeños veían un barco”, cuenta Emilia. En esa ocasión 800 infantes pintaron las velas del barco y aunque los artistas no tenían conocimiento alguno de cómo interactuar con ellos, el proyecto fue muy exitoso. “Por eso decidimos continuar esta experiencia, pero con otra concepción y esa fue la de la tolerancia” explica la artista rusa.
 

“Queríamos que los niños asimilasen que la cultura es la mejor vía para la solución de los problemas y que para cambiar el mundo no necesitan aplicar la violencia, no tienen que tener sentimientos de odio, solo debe haber una comprensión mutua, conocer la cultura de los pueblos y tener la capacidad de comunicación”, puntualiza Kabakov.

Seis años después las velas de este barco se izan en La Habana. Desde principios de abril quienes transitaban por la Avenida del Puerto podían apreciar un gran movimiento en los alrededores del Castillo de la Real Fuerza. La curiosidad aumentaba cada día, pues muchos eran los avances de esa misteriosa construcción de madera. Primero fueron solo tablones, y como por arte de magia apareció en pocas jornadas el armazón de un barco. Entonces se iniciaron las especulaciones y algunos llegaron a decir que se trataba de una réplica del Titanic, que por esos días cumplía el centenario de su hundimiento.

En solo dos semanas se finalizó este maravilloso bote que por momentos nos recuerda el Arca de Noé. Ilya y Emilia fueron los gestores de la idea, pero en la construcción participaron seis maestros carpinteros de Manchester, Inglaterra y nueve estudiantes de segundo año de la Escuela Taller Gaspar Melchor de Jovellanos del Centro Histórico de La Habana.

Para David Harold, uno de los carpinteros europeos, fue todo un placer compartir durante dos semanas con este grupo de cubanos. “Se han esforzado mucho, se nota que tienen deseos de aprender. Yo tengo experiencia en la construcción de otros barcos, pero, sin duda, este ha sido el mejor equipo con el que hemos trabajado”, asegura.

La construcción del barco fue todo un reto para cubanos y extranjeros. Harold confiesa que quedó sorprendido con los resultados, pues “a pesar de las condiciones del tiempo terminaron una semana antes de lo previsto”. También hubo grandes diferencias de edad, sexo, costumbres e idiomas, indica Ramón Arias, profesor de la Escuela Taller, “pero este barco nos ha enseñado a ser tolerantes. Nunca habíamos hecho ninguno y constituye una experiencia maravillosa y una gran oportunidad para nosotros”.

“Además, nos ha servido para demostrar que la carpintería no es un arte menor, porque detrás de las piezas de madera que hacemos, hay un artista. Esto hay que sentirlo, solo así el producto terminado será una cosa agradable y digna de admirar”, afirma Andy Romero, uno de los alumnos de la Escuela Taller.

Fui cómplice de esos valientes que desafiaron el sol y el calor durante dos semanas, por eso no podían quedar en el anonimato. Sin duda, las velas del barco constituyen el corazón de la obra, pero en cada puntilla y tabla también ondea la tolerancia. Quizá por eso, los maestros carpinteros ingleses quieren repetir la experiencia. “Ellos me dijeron: amamos a Cuba y queremos regresar, cuando vaya a construir otra cosa en Cuba nos tiene que llevar”, puntualiza Kabakov. 

Una mirada a las velas del barco

Mientras los carpinteros daban forma a la madera, 500 niños de las Aulas Museos del Centro Histórico y de la Embajada de Rusia en Cuba pintaban sobre la tolerancia. Los pequeños, de acuerdo a su nivel escolar, recibían primeramente una charla motivadora sobre el significado de este vocablo y después, con el apoyo de la Brigada de Instructores de Arte José Martí, comenzaban a darles vida a las telas en blanco. Algunos disfrutaban la mezcla de colores, otros dudaban en empezar por temor a confundirse y los más osados dejaban a un lado los pinceles y las brochas y comenzaban a dar color con las manos y los pies.

Muchas son las historias que pueden narrarse de estos momentos. Héctor Palacios, uno de los instructores de arte que participó en los talleres, refiere que hubo niños que se iban por lo conceptual y nadie sospechaba toda la significación teórica detrás de sus obras. “Un pequeño dibujó una telaraña donde había una mosca y una araña y todos nos preguntábamos qué tenía que ver eso con la tolerancia. Entonces, el niño nos dijo que la araña quería comerse a la mosca pero en ese momento no le iba a hacer nada porque estaba siendo tolerante”.

Emilia Kabakov también se ha impresionado cientos de veces por los comentarios de los niños, después de comprender el significado de la palabra tolerancia. “En Venecia, donde existe un gran intercambio entre diferentes culturas, hubo uno que dijo que todos deberían tener el mismo color de piel, para que así nadie supiera cuál era el origen de las personas. Otro niño planteó que los padres deberían tener juguetes, así nunca se iban a disgustar, pues siempre estarían jugando. Y es que los niños tienen su propia interpretación de la tolerancia, eso depende de su origen, su idioma y su sentido del humor”.

Emilia junto con otros artistas que la acompañaron tuvieron que hacer la selección de las obras, lo cual fue un trabajo muy complejo, pues solo podían aceptar 150. Palacios comenta que ellos “se quedaron impactados con los trabajos y han expresado que Cuba ha sido uno de los lugares en los que más calidad han tenido los dibujos”.

Los trabajos de estos niños pueden apreciarse hoy en el Castillo de la Real Fuerza, y no será solo durante la Bienal de La Habana, pues los artistas rusos decidieron que El Barco de la Tolerancia, su primera obra en Cuba, debía permanecer aquí.
 

 
 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.