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Diez años después de
instaurada la república
de 1902 en Cuba, el
Partido Independiente de
Color, fundado en agosto
de 1908, protagonizó
—utilizando un término
del investigador y
ensayista
Fernando Martínez
Heredia— una
protesta armada. La
agrupación, que había
sido declarada ilegal
por la Enmienda Morúa en
1910 y vetada de esta
manera su posibilidad de
participar en las
elecciones, intentó por
esta vía obtener la
legalización del
partido.
Para el ensayista y
escritor
Guillermo Rodríguez
Rivera, “el
Partido Independiente de
Color fue la respuesta a
la política de
discriminación racial
que, en Cuba, era la
lógica consecuencia de
la más que tricentenaria
esclavitud que mantuvo
en la Isla el régimen
colonial español, y del
racismo que ella
engendró. Esa secuencia
de la esclavitud sería
reforzada por los
gobiernos interventores
norteamericanos entre
1898 y 1902. Pero sería
mantenida, en lo
esencial, por los
gobiernos plattistas
cubanos que le suceden”.
Mucho se ha debatido
sobre la pertinencia o
no del alzamiento, pero
al decir de Martínez
Heredia, “esa forma de
presionar no era
insólita en el ámbito
político de aquella
época”. Hijos de la
Revolución de 1895,
integrantes muchos de
ellos de las filas del
Ejército Libertador
donde jefes negros y
mulatos como Quintín
Banderas y Antonio Maceo
ostentaban los mayores
grados militares, los
Independientes de Color
aspiraban a una igualdad
efectiva en términos
raciales, que les fue
negada por la nueva
estructura republicana,
más retrógrada en
términos de
discriminación que
aquella otra República
que se soñaba “con todos
y para el bien de
todos”.
La represión desatada
contra el alzamiento se
tradujo en el asesinato
de unos tres mil
cubanos, entre ellos
algunos de los líderes
del PIC, Evaristo
Estenoz y Pedro Ivonnet,
la mayoría en la
entonces provincia de
Oriente. La sangrienta
reacción se convirtió en
una mancha en la
historiografía de la
república y el miedo al
castigo contuvo a
quienes podían hablar de
los hechos. El silencio
concienzudo fue cayendo
como un velo, y luego de
unas décadas ya nadie
parecía recordarlo.
Fue Serafín Portuondo
Linares quien dio a
conocer en 1950 la
primera historia
panorámica de esa
organización política
con El Partido
Independiente de Color.
El tema se retomó en
1974 con Política y
color en Cuba. La
guerrita de 1912, un
libro de Rafael
Fermoselles publicado
por la Editorial
Colibrí, de Madrid, y ha
sido sucesivamente
tratado, como tema
central o colateral en
varios libros publicados
en Cuba o fuera de ella
como El negro en Cuba,
de Tomás Fernández
Robaina; Lo que nos
corresponde: la lucha de
los negros y mulatos por
la igualdad en Cuba.
1886-1912, de Aline
Helg; Una nación para
todos: raza, desigualdad
y política en Cuba
(1900-2000, de
Alejandro de la Fuente;
La masacre del
Partido Independiente de
Color en 1912, de
Silvio Castro Fernández;
Una vuelta a mayo de
1912, de María de los
Ángeles Meriño y La
Conspiración de los
Iguales; la protesta de
los Independientes de
Color en 1912, de
Rolando Rodríguez.
A pesar de todos estos
acercamientos, al decir
de
Tomás Fernández Robaina,
“la importancia de esa
acción no ha sido aún
subrayada de la forma
que merece por nuestra
historiografía”.
Incluso con las pasiones
que ha despertado entre
historiadores,
sociólogos,
investigadores y
especialistas el tema
tampoco ha sido lo
suficientemente tratado
ha sido en los medios de
comunicación. Entre la
mayoría de los cubanos
la de los Independientes
de Color es matanza
difícil de
contextualizar en
nuestra historia. Al
menos así lo asegura la
realizadora Gloria
Rolando en una
entrevista reciente en
la cual abordaba las
reacciones en torno a su
serie documental
1912: Voces para un
silencio. Al decir
de Gloria, la primera
reacción del público
cubano “es de
desconocimiento: ese ha
sido el gancho para
seguir mirando el
material. Cuando se puso
el primer capítulo, las
personas se quedaron
enganchadas. Pude
identificar ese efecto
en los espacios donde se
visionó, como en los
cines de estreno de La
Habana. En general,
nadie sabe sobre la
historia del Partido
Independiente de Color
ni de la masacre de
muchos de sus
integrantes”.
El centenario del
alzamiento del Partido
Independiente de Color
nos ha vuelto a hacer
reflexionar sobre
aquellos sucesos y sus
protagonistas. El XIV
Coloquio Voces de la
República, realizado los
días 17 y 18 de mayo en
Sancti Spíritus, incluyó
en su programa el panel
El Movimiento de
Independientes de Color.
Una visión
contemporánea, y en
Santiago de Cuba, por
estos días sesiona el
coloquio auspiciado por
la Unión de Escritores y
Artistas de Cuba, 1912
en la memoria.
El debate colectivo
sobre la importancia de
estos
acontecimientos es
vital para la Cuba de
hoy. Un siglo
después del alzamiento
es necesario recolocar
la historia de los
Independientes de Color,
como pieza
imprescindible del
mosaico de nuestra
memoria histórica.
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