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De vuelta a Matanzas
está la argentina Ana
Laura Barros, quien ya
nos había visitado en el
Noveno Taller con su
trabajo dedicado al arte
singular del teatro de
papel. Traslapuerta
Títeres, fundado en
1999, y radicado en
España, vuelve para
presentar
Aureliotiterías y otros
cuentos, en el que
se vale de la
inspiración en el mundo
de la plástica para
devolvernos el ingenio
de Julio Cortázar
mediante su mundo de
cronopios y famas. El
montaje, desplegado
sobre una mesa a partir
de las múltiples formas
que una pirámide de
cartón puede mostrar,
abriéndose y cerrándose
según quiera la actriz y
directora, funciona como
un retablo surrealista
en el que estos
personajes dicen sus
verdades, y dejan oír,
incluso, la voz del
autor de Rayuela. Sobre
esta propuesta, que
demuestra la calidad y
las búsquedas nuevas de
una artista ya conocida
entre nosotros, hablamos
con ella en el patio del
Museo Farmacéutico,
donde se representaron
las Aureliotiterías…
Cuando presentabas tu
espectáculo lo definías
como un resultado menos
convencional que el otro
montaje tuyo que hace
dos años se pudo ver
acá. ¿En qué medida te
atrae la idea de
experimentar y romper
las convenciones de algo
a lo que guardas, como
actriz y directora,
tanta fidelidad: el
teatro de papel?
Como sabes, el teatro de
papel tradicional es
demasiado rígido,
permite muy poca
posibilidad de
movimiento aunque se
pueden contar historias
como lo hacen otras
compañías. Solo hice así
mi primer espectáculo, y
a partir de ahí, siempre
trabajando con papel y
cartón y con personajes
planos, he ido a otras
búsquedas. Aquí, en
Aureliotiterías
traigo una escultura y
no un teatro como
soporte de las pequeñas
historias. Es que creo
que si nos quedamos solo
con los retablos
convencionales estamos
negando que la técnica
crezca, lo cual es más
problemático si piensas
en que hay poca gente
haciendo este tipo de
trabajo.
¿Cómo creaste el diálogo
con la obra de Aurelio
Suárez, combinándola con
los famosos textos de
famas, esperanzas y
cronopios de Julio
Cortázar?
La figura del cronopio
principal surge de una
obra de Aurelio que ya
conocía, desde antes de
que me encargaran el
espectáculo, y que se
llama “Amador de
flores”. He leído mucho
esos textos de Cortázar
y cuando vi la pintura
me dije: “ese es el
cronopio”, lo visualicé
y está ahora en el
espectáculo, es la sexta
historia. Luego, he
buscado en el resto de
las obras de Aurelio,
que están en el fondo
del museo para el que
hicimos la puesta. Ahí
hay 34 piezas suyas, que
son las únicas suyas en
exhibición porque las
demás están en
colecciones privadas. De
todo eso escogí cuatro,
leyendo los textos de
Cortázar para ver
quiénes podrían ser los
otros personajes. Tuve
bastante para escoger y
también tuve que
desechar en función de
lo que quería en el
espectáculo. Pero el
punto de partida fue
ese, el “Amador de
flores”.
Ya por último, ¿cómo te
ves hoy a ti misma, en
tanto parte de este
pequeño grupo de
personas devotas al
teatro de papel, tras la
experiencia que has
tenido con maestros tan
notables como Alain
Lecouq: como una
continuadora, una
experimentadora ansiosa
de más rupturas, con la
vista y el pensamiento
ya en el futuro del
teatro de papel?
Vengo de trabajar con
varios maestros, como
Toto Villarroel, al que
conocí en Argentina, y
después ya otros fueron
apareciendo y me fueron
formando, entre ellos,
claro, Alain Lecucq, que
es muy importante, sobre
todo porque creo que sus
espectáculos son más
tradicionales, no así su
discurso. Fue muy bueno
estar con él, compartir
ideas, y luego
participar en el
encuentro que tuvimos en
la zona de Francia donde
él vive varios de los
que estamos haciendo
esta técnica resultó muy
estimulante, en el 2010.
Ahí nos juntamos gente
de distintos países y
eso resultó muy
positivo, porque como te
digo somos pocos, y al
trabajar en esto solo o
sola, puedes tener
buenas ideas y mucha
imaginación, pero lo
confrontas únicamente
contigo mismo.
Hablar con otros que
tienen este mismo
interés, ver lo que
hacen, incluso cuando no
te interese ese camino,
también es muy
estimulante. Necesitas
ver eso, y te hace
pensarlo todo de otra
manera. Lo mismo me
ocurre con los talleres,
en los que también sigo
experimentando y
aprendiendo, porque los
niños, los jóvenes y
adultos hacen cosas
asombrosas, que te
provocan, y que te
ayudan a rehuir esas
convenciones acerca de
cómo recortar, o qué
tipo de texturas puedes
emplear en tu trabajo, y
que los acerca a una
técnica que han visto
poco, que no conocen, o
que algunos recuerdan de
los viejos teatritos,
pero que generalmente
les seduce, y les gusta. |