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En el reciente curso
libre sobre el
pensamiento antirracista
cubano ofrecido por el
Instituto de Estudios e
Investigaciones Cubanas
Juan Marinello, se
abordaron, de manera
objetiva, algunas de las
ideas de Martín Morúa
Delgado, sin duda, una
de las figuras
relevantes de nuestra
afrodescendencia.
No hay duda de que Morúa
fue el pionero de los
que llamaron la atención
sobre la importancia de
la mujer en la lucha
social que libraban las
sociedades negras del
siglo XIX. Se destacó su
labor periodística, su
acercamiento a la clase
obrera de entonces;
opinaba que los
ciudadanos debían
integrarse en
organizaciones obreras,
más que en agrupaciones
raciales. Aconsejó que
los negros liberales y
conservadores debían
agruparse en sus
respectivos partidos
para presionarlos para
la implantación de
medidas que
satisficieran sus
demandas reivindicadoras.
Su acción más popular
fue la presentación en
el congreso de su
Enmienda, dirigida a la
no existencia de
partidos formados por
personas de una sola
raza. No puede pasarse
por alto que en ese
momento el Partido
Independiente de Color
era el único que
calificaba para serle
aplicada dicha enmienda.
Pero en dicho texto no
se le nombra.
Analizados fríamente
esos criterios, se
aprecia lo positivo del
reconocimiento del papel
que la mujer debía
ejercer en la sociedad,
de entonces, y ahora en
la nuestra. En la misma
dirección, está el
develar la importancia
de la incipiente clase
obrera en Cuba como una
fuerza luchadora y
propiciadora de una
sociedad más igualitaria
desde el punto de vista
social, educacional y
cultural. La formación
de grupos de presión en
cada organización
política era una medida
muy atinada, realizable,
que pudo haber dado
frutos muy concretos.
La enmienda que
ilegalizaba a las
agrupaciones políticas
formadas por una sola
raza pudo ser algo muy
positivo —realmente
positivo— si hubiera ido
en contra de un partido
que demandaba
privilegios para los de
su raza. ¿Era ese el
caso del PIC?
Recuérdense los alegatos
de los que consideraron
en el congreso, que esa
enmienda era
inconstitucional. No se
tuvo en cuenta el hecho
objetivo de que el PIC
había surgido como
consecuencia del fracaso
de la propia tendencia
preconizada por Morúa.
Tendencia que se
expandió eliminado el
PIC y que, sin embargo,
nada materializó en la
denominada en estos
tiempos “que república
era aquella”, y que nos
hace reflexionar 54 años
después de 1959, con
mucho optimismo por lo
que hemos hecho, y aún
más con la certeza de
todo lo que nos queda
todavía por hacer.
Llama la atención que
los ponderantes de la
enmienda no hayan
explicado las causas por
las cuales ella no
contempló medidas para
hacer desaparecer parte
o todas las condiciones
que habían propiciado la
creación del PIC.
Tampoco nada hicieron en
esa dirección los que
apoyaron la enmienda. Y,
por lo tanto, al darnos
cuenta
contemporáneamente de
ese hecho, nos debe
asaltar una duda,
teniendo ya el consenso
de que no eran racistas,
de que no fueron
intervencionistas, y
mucho menos
anexionistas, como se
conoció en su momento,
en no pocos artículos
publicados en revistas y
diarios de aquel momento
que además la
historiografía más
actual ha corroborado.
Por lo tanto, ¿qué era
lo que realmente buscaba
Martín Morúa Delgado con
su enmienda? No
resultará difícil hallar
respuesta teniendo en
cuenta lo expresado
hasta aquí.
Valoremos de sus ideas
las que abrieron
posibles senderos para
la lucha en pro de la
equidad social. También
debemos analizar la que
pudo haber sido un
aporte extraordinario,
un aporte significativo,
de haber sido
objetivamente racista el
PIC. Análisis que debe
hacerse pensando más en
todo lo positivo
aportado por el PIC, no
solo para la lucha
social del negro en
Cuba, sino también en
otros países. ¿Por qué
continuar enfatizando en
el falso racismo, y en
las calumnias de la
posición
intervencionista y
anexionista del PIC?
¿Por qué tomar
determinados documentos
escritos en una
contextualidad, donde la
palabra de orden era
lograr la sobrevivencia
para continuar la lucha?
Objetivamente, ¿qué se
persigue con esa
persistencia de
presentarlos como
enemigos de la Patria?
En definitiva, no hubo
intervención, no se
concretó los que muchos
de aquella época
desearon y escribieron
ampliamente sobre la
conveniencia de la
intervención y la
anexión. ¿Quiénes fueron
los racistas en 1912?
¿Un grupo de negros, que
acatando el decir de
muchos, cometieron el
error de fundar el
partido, y de irse a una
protesta más simbólica
que armada con el fin de
concurrir a las
elecciones, y desde la
arena política combatir
al racismo? o ¿los que
desde la prensa y la
represión militar
sembraron la falsa idea
del miedo al negro?
Está más que demostrado
cuáles fueron las
objetivas y dignas
intenciones del PIC.
¿Por qué insistir
todavía en esos
supuestos errores de
manera malévola, y no
ponderar objetivamente
la trascendencia del
Programa del PIC,
independientemente de lo
que de forma individual
haya podido expresar
alguno, como repulsa al
sentimiento de
discriminación que
sufrían? Su programa no
fue elaborado para
beneficiar y privilegiar
a los negros. La demanda
del acceso a los
destinos oficiales de
aquellos aptos para
tales desempeños, era
una medida muy
conveniente y justa en
contra de la
marginalidad de la cual
eran víctimas,
principalmente en el
cuerpo diplomático. Muy
por el contrario, su
programa era inclusivo o
incluyente de todos los
que conformaban ya
nuestra nacionalidad,
bien diferente de la
limitada posición de los
innegables fundadores de
la nacionalidad, cuando
negros, mulatos y
homosexuales fueron
excluidos de ese
derecho, por pensarse e
imaginarse, la nación a
semejanza de ellos,
portadores del poder
eurocéntrico, con sus
códigos económicos,
culturales y éticos. No
creo que sería
descabellado considerar
el programa del PIC como
un elemento de
consolidación de nuestra
identidad nacional, en
una muestra de su
proceso de madurez, como
lo fue la Protesta de
Baraguá. Por lo tanto,
concluiré mi breve
intervención,
formulándoles a ustedes
la pregunta con la cual
titulo mi ponencia.
¿Morúa tenía la razón?
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