La Habana. Año XI.
2 al 8 de JUNIO de 2012

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En Las Villas del Mayabeque y del humor nacieron el Álbum Güinero y El Ariguanabo
Cira Romero • La Habana

Güines, otrora municipio de la provincia de La Habana, hoy perteneciente a la de Mayabeque, tiene una larga historia y, a su vez, una presencia notable en la vida económica y cultural de nuestra Isla. Tierra fértil para el azúcar, en ella levantó el criollo Francisco de Arango y Parreño, “el estadista sin estado” — patricio tan hábil para aumentar sus bolsillos, como también para contribuir a que la Isla se librara del férreo monopolio comercial dictado por España—  un central azucarero; la línea férrea Habana-Bejucal, inaugurada en 1837, aumentó posteriormente su recorrido hasta esa villa, donde también crecían en abundancia las cosechas de frutos menores y otras riquezas emanadas del suelo cultivado con pasión. Dio hijos ilustres, como, en el siglo xix, Francisco Calcagno, y en el xx a la doctora Vicentina Antuña. Aunque no nació allí, el escritor Raimundo Cabrera (1852-1923), padre de Lydia Cabrera, vivió su infancia en el lugar. En las primeras décadas del siglo xx Güines acogió la revista Letras Güineras, fundada y dirigida, durante muchos años, únicamente por mujeres, y que puede considerarse una verdadera avanzada del movimiento feminista cubano.

A Francisco Calcagno (1827-1903), hijo del médico italiano Juan Francisco Calcagno, se debió la fundación, en 1862, de Álbum Güinero, impreso quincenal de artículos científicos, literarios, de agricultura, comercio, economía y bellas artes. Surgió ese año porque fue el de la introducción de la imprenta en la localidad, gracias al propio Calcagno, pues antes este autor había tenido que dar a conocer su primera obra en La Habana, titulada Mesa revuelta. Colección de artículos de amena literatura, opúsculos, juicios críticos, historietas, novelas, folletines, revistas viejas y otras muchas cosas (1860). Su formación educacional había sido sólida: estudió en el Colegio Carraguao, que había estado desde 1834 bajo la dirección de José de la Luz y Caballero, se graduó de Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana y posteriormente viajó por los EE.UU., Francia e Inglaterra, lo cual le permitió ampliar notablemente su conocimiento de otras lenguas. En 1860 regresó a Güines y creó la primera biblioteca, la citada imprenta, también la primera, la primera academia de idiomas y el citado periódico Álbum Güinero. Curiosamente, todo funcionaba en su casa. Hacia 1864 se asentó en La Habana, se vinculó a la docencia y, a poco, tuvo que embarcar para Barcelona debido a sus ideas separatistas.

Dos son sus mayores aportes a las letras cubanas con la colección titulada Poetas de color, aparecida primero en la prensa periódica y después en forma de libro, en 1887, con versos de Plácido, Juan Francisco Manzano y de su propia autoría, bajo el seudónimo de Moreno esclavo Narciso Blanco; y su Diccionario biográfico cubano (Nueva York-La Habana, 1878-1886), obra alabada y denostada a la vez, que si bien contiene muchos errores de información, resulta aún hoy muy atractiva para los investigadores de la historia y la literatura cubanas. Fue también novelista, con obras como Los crímenes de Concha (1887) y la titulada En busca del eslabón. Historia de monos (1888), considerada la iniciadora, en Cuba, de la narrativa de ciencia ficción. Es autor de otra novela bastante conocida: Romualdo o uno de tantos (1891), inscrita en la saga de pillos presentes en nuestra literatura, al modo del Vicente Cuevas, de Ramón Meza, pero de menor elaboración literaria.

Este es el hombre que fundó Álbum Güinero, que a lo largo de su trayectoria, hasta su desaparición en 1867, tuvo varias etapas, no siempre bajo la dirección de su fundador, quien se asentó definitivamente en La Habana. Ocupó su lugar Francisco Pie y Faura, periodista y discretísimo poeta.

Desde sus inicios, Álbum Güinero dedicó bastante espacio a trabajos de índole literaria: poesías, cuentos, pequeñas novelas por entregas, crítica e historia literaria. Además publicó artículos de carácter científico e histórico y muchas informaciones de interés local. En sus páginas colaboraron escritores de la localidad, aunque aparecieron varios artículos sobre educación debidos a Anselmo Suárez y Romero, el autor de la novela antiesclavista Francisco. Por su parte, Calcagno dio a conocer escritos en prosa sobre tradiciones de la zona. Hacia 1867 la revista se editaba en La Habana bajo la dirección de Alejo Álvarez Fraga. De ese mismo año datan los últimos números revisados.

San Antonio de los Baños, tierra de caricaturistas y cantores-poetas célebres, como Silvio Rodríguez, aportó también lo suyo para incluirse entre los asentamientos semiurbanos de entonces que dieron su aporte a la prensa cubana. En diciembre de 1882 vio la luz El Ariguanabo, nombre de origen indígena dado al río que atraviesa la localidad. Fue el primer periódico con que contó la localidad y fue dirigido por el cajista Evaristo Valdés, residente en el lugar. Hacia mayo de 1883 aparecía como “Semanario de conocimientos e intereses generales” y se editaba en Guanajay, entonces municipio de la provincia de Pinar del Río y actualmente perteneciente a la de Artemisa. Eran sus directores y redactores, en ese momento, Julio Rosas, seudónimo de Francisco Puig y de la Puente y Juan Cantalapiedra y José Ramos Bello, respectivamente. Si Rosas, discretísimo autor de novelas, de malas novelas —La tumba de azucenas, La tumba ignorada, Flor del corazón y Lágrimas de un ángel—, es nombrado en nuestra historia literaria se debe a razones que no pueden en modo alguno desvincularse de dicho proceso: sostuvo una importantísima correspondencia con Cirilo Villaverde, gran parte de la cual ha sido dada a conocer por la Dra. Ana Cairo.

Las cartas cruzadas entre ambos resultan una fuente de consulta absolutamente indispensable para conocer la historia del proceso creativo de la novela cubana magna del siglo xix cubano: Cecilia Valdés o La Loma del Ángel, pues nos aportan detalles que permiten identificar personajes y episodios reales, nos enteran de cuando Villaverde mandó a un concurso literario organizado en Matanzas, por la sociedad Liceo, su novela capital y cómo fue desplazada del concurso, hábilmente, por el secretario de la misma, el dominicano Nicolás Heredia, cuya novela hoy prácticamente desconocida, Un hombre de negocios, fue la ganadora.

Tanto Rosas como sus amigos convocaron a las páginas de su revista ariguanabense a connotadas figuras de la época, como Joaquín Aramburu, natural de Guanajay, poeta y periodista, el antes referido Francisco Calcagno, al orador autonomista José Antonio Cortina, a José Fornaris, al luchador sindical Saturnino Martínez, fundador de la prensa obrera en Cuba a través del periódico La Aurora, a José de Jesús Márquez, autor de los Misterios de una familia, novela publicada en 1869, y que forma parte de una saga novelística siguiendo al francés Eugenio Sué con Los misterios de París, que dio lugar también a Los misterios de Nueva York, Los misterios de La Habana y otros tantos “misterios” más. Fornaris, fundador del movimiento siboneyista en la literatura cubana, autor de Cantos del siboney (1862), contribuyó con la composición titulada “La canoa”, donde muestra su filiación a este modo, definitivamente romántico, de abordar la literatura cubana:

Sin tu amor odio esos montes,

Estos claros horizontes,

estos pájaros vistosos

Que no cesan de cantar;

Odio el dulce murmurío

Del hermoso y claro río...

Entra oh ¡Naya! en mi canoa,

Ven conmigo a navegar.

En la playa todo el día

Como yo sola y vacía,

Mi barquilla permanece

Cual sintiendo mi pesar,

Ven, mi amor, alma de niño,

Corresponde a mi cariño...

Entra, Naya, en mi canoa;

Ven conmigo a navegar.

                        (Fragmento)

En julio de 1883 El Ariguanabo comenzó su segunda época, ahora como “Periódico semanal”, bajo la dirección de Francisco J. Daniel. Posteriormente amplió su subtítulo y fue “Periódico semanal. Consagrado a la defensa de los intereses morales y materiales de San Antonio de los Baños”. Comenzó a ser editado en La Habana, pues Castor Labreda cerró la imprenta que poseía en la localidad. Continuó publicando, además de artículos y noticias estrictamente locales, poesías y cuentos, muchas veces de escritores locales. Sin embargo, brilló la pluma de un articulista de costumbres cubanas: Luis Victoriano Betancourt, de cuyos trabajos brota el humorismo con facilidad, aunque aumenta también la protesta, el afán moralizador, la vigorosa censura a la sociedad que permitía tales desafueros. Bajo el artículo costumbrista de su autoría se descubre al futuro mambí, el futuro luchador de la libertad de su pueblo, como ha hecho notar Salvador Bueno. Criticó el baile, las modas, los arreglos complicados en el vestir, las canciones populares con temas intrascendentes, el juego, los velorios. En El Ariguanabo publicó tres artículos titulados “El matrimonio”, “El diablo y la mujer” y “Consejos al diablo”, donde postuló el libre desenvolvimiento de la mujer. Leemos en el primero:

El hombre vocifera contra el monopolio en el comercio, y monopoliza los derechos de la mujer, truena contra la tiranía y tiraniza a la mujer; hace odas a la libertad, y niega a la mujer su emancipación. La educación, señores filósofos, no es para aquel solamente, ni para este; la libertad no es para este solamente ni para aquel, la educación es para todos, como el sol, y, como el sol, para todos es la libertad.

En diciembre de 1883 El Ariguanabo desapareció, aunque hay noticias de que volvió a salir entre 1886 y 1887, pero de esos años no se han localizado ejemplares.

Álbum Güinero y El Ariguanabo son dos de los mejores exponentes de la llamada “prensa provincial”, que supo aprovecharse de los respectivos valores locales, pero, a la vez, dar cabida en sus páginas a firmas ya consagradas que, sin duda, contribuyeron a darles realce a sus páginas.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.