La Habana. Año XI.
2 al 8 de JUNIO de 2012

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Páginas de narrativa:
de la minoría de edad a la infancia
Omar Felipe Mauri • La Habana

Durante sus 25 años de vida, En Julio como en Enero viene confirmando que la narrativa ha abandonado definitivamente la epos, los grandes movimientos, los hechos y contingencias exteriores para adentrarse en la esencialidad y el espíritu de esos acontecimientos, la energía que mueve una época y a sus protagonistas.

Es decir, ahora vemos la epopeya desde una interioridad personal, la genuina y a la vez plural experiencia del ser humano frente a sus semejantes, sus círculos cerrados por las fuerzas, a veces incomprensibles, de la sociedad y el inescrutable camino del niño a través de su mundo.

La extensa relación de autores cubanos y extranjeros publicados, reseñados o estudiados por la revista, ha procurado en primer lugar, la actualización de nuestro movimiento literario dirigido a la infancia y la juventud (escritores, bibliotecarios, maestros, profesores, editores, especialistas y promotores, entre otros); y en segundo lugar, ha vigorizado y estimulado los procesos de renovación y universalización en nuestra serie literaria.

Aunque en tales esfuerzos siempre queda un poco de insatisfacción, ellos han sido verdaderos vasos comunicantes del movimiento literario cubano con el de otros países, sus autores, sus temas y sus obras más significativas, y de algún modo, han servido para confrontar, confirmar y tender nuevos cauces que alienten la experiencia y el talento de quienes sirven a la infancia desde el libro y el arte.

Estos no son los únicos propósitos que ha cumplido la narrativa difundida por la revista En Julio como en Enero. Existen otros que nos parecen realmente cardinales en el balance que la publicación ha concedido a la narrativa, por ejemplo: los problemas y retos que enfrentan los géneros narrativos frente a los procesos de globalización y la avalancha del audiovisual más embrutecedor y violento que inunda el mundo.

La principal fuente nutricia para la producción audiovisual no podía quedar al margen de los exámenes realizados por la revista. Esa relación de amor-odio, lealtad-traición, que se establece hoy entre las obras narrativas y su representación audiovisual ha pasado con huella segura por la revista, dejando meditaciones de extraordinario interés (Babar, El señor de los anillos, Harry Potter...). Es curioso, sin embargo, y tendríamos que preguntarlo con profundidad, por qué las mejores realizaciones de la narrativa infantil cubana no han pasado al medio audiovisual. Las excepciones podrían contarse con los dedos de una mano: Pelusín del Monte, Marcolina, etcétera.

Una intención evidente en la narrativa que ha publicitado En Julio como en Enero se dirige a los temas de profundas implicaciones éticas y sociales en las relaciones de la niñez-adolescencia con su mundo circundante (la familia, el sexo, la moral, la muerte, la disolución del matrimonio, las diferencias socioeconómicas, la discriminación racial, sexual y clasista, entre otros), algunos de los cuales estuvieron preteridos de nuestro medio literario. Sin embargo, de un tiempo a esta parte la serie infantil cubana se adelantó a la narrativa dirigida a los adultos, no solo por aventurarse a temas de alta complejidad, sino por la óptica descarnada, original y poética con que los asumió.

Más que de temas, se percibe una concepción orientada a potenciar el rol social de los infantes y jóvenes como seres a tener en cuenta y protagonistas de su realidad, y no como entes pasivos, inermes a una modelación psicosocial que les viene impuesta por costumbres, convencionalismos y prejuicios, ante los cuales disienten y se rebelan.

Por ese camino transitaron las obras (o fragmentos de ellas) que de Luis Cabrera, Julio Llanes, Enrique Pérez Díaz o Teresa Cárdenas dio a conocer la revista, tanto como las de Ivette Vian, Magaly Sánchez Ochoa y Julia Calzadilla (16/2004), Reinaldo González (17/2004), Roberto Estrada Bourgeois, Keytel García o Esther García (18/2005), por solo citar algunos ejemplos. En estas obras, los matices de las tradiciones populares y folclóricas, la alternancia de tiempos o espacios mágicos-maravillosos y la poetización de los personajes o sus relaciones, enriquecen esta concepción. Los fines de la literatura en nada son comparables a los de la familia, la escuela u otros medios formativos de las nuevas generaciones.

Antes, la crítica a un didactismo moralizante y tradicionalista; hoy, la exaltación al triunfo definitivo de una visión problemática y más objetiva de la realidad actual, han ignorado, a veces peligrosamente, el factor estético, lo intrínsecamente literario, por lo cual construían patrones de contenido, función y misión muy similares.

Todo esto ha sorteado con éxito En Julio como en Enero, mostrando una vocación de pluralidad de estilos y recursos ideoestéticos en función de expresar realidades nuevas tanto en lo humano, como en lo social.

Sin embargo, la esencia de la narrativa que esta revista plena de juventud nos ha entregado, apunta más hacia una nueva relación del niño con el mundo, cuya implicación principal se dirige a un concepto diferente del ser humano, la naturaleza y la sociedad.

Como si al paso de 25 años se ensancharan los caminos para que la humanidad dejara la minoría de edad, pero jamás la infancia.

Texto incluido en En Julio como en Enero, revista sobre literatura infantil. No. 24. Pp. 39-40. Editorial Gente Nueva. La Habana, 2012.

 
 
 
 


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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.