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Lo más importante de
estos 45 años ha sido la
capacidad de asimilación
que ha tenido la
Editorial, la capacidad
de asimilación que ha
tenido el colectivo. Si
analizamos la revista
En Julio como en Enero,
que es nuestro órgano
crítico más importante,
a pesar de sus distintos
directores, jefes de
redacción, editores,
diseñadores e
ilustradores, siempre ha
cumplido en cada etapa
con el cometido
asignado. Es decir,
llevar lo mejor de la
literatura infantil y
juvenil en el sendero de
la crítica tanto de la
literatura, como de las
artes plásticas. Allí se
pueden encontrar
artículos de peso en
torno a la vida y a la
obra de nuestros más
grandes plásticos, en
torno a nuestro medio,
etcétera.
El último número de la
revista, precisamente,
está dedicado a lo que
hemos hecho en cada una
de las ediciones. Al
revisar ese catálogo,
sorprende ver cómo se
han repasado los hitos
más relevantes de la
literatura infantil y
juvenil en todos estos
años, ahí está todo lo
que vale y brilla de ese
tipo de literatura.
Puede que nos falten
figuras, comentarios de
libros, pero lo que
está, a diferencia de
otras publicaciones,
tiene valor en sí mismo.
O sea, nada de lo que
aparece en la revista es
desechable.
También es un mérito
haber mantenido
colecciones tan
interesantes, complejas,
difíciles en su
abordaje, como es la de
Aventura, donde tenemos
lo mejor del pensamiento
universal del género:
Salgari, Stevenson,
Verne y demás. En este
último número de la
revista, hago un
análisis sobre lo que es
un clásico, qué
debiéramos considerar
clásico y cómo el
concepto varía con los
tiempos, y ahí menciono
a los grandes autores
publicados por la
Editorial.
La Editorial se ha
caracterizado por tener
personas que se ocuparon
en sus ediciones, o en
una buena parte de
ellas, en labores de
investigación. Labores
que tienen que ver
directamente, ya no en
el qué, sino en cómo se
presenta un determinado
texto, cómo se enfrenta
una edición que tenga
como nicho de receptor
no solo a públicos de
diferentes edades, sino
también de conocimiento.
Ahí están las
Fábulas, de Esopo o
de La Fontaine, Gabriela
Mistral con La herida
abierta, Martí con
Mi pecho bravo, o
Whitman en Contra tu
pecho desnudo.
Algunos de estos textos
tienen estudios críticos
o prólogos hechos por
Eliseo Diego, Beatriz
Maggi y otras grandes
figuras de la cultura
cubana.
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Durante muchos años el
consejo asesor estuvo
compuesto por Mirta
Aguirre, Dora Alonso,
Eliseo Diego, quienes
eran figuras con las que
te sentabas diez minutos
y te daban conocimientos
para diez años sobre lo
que se debía publicar.
Así, salieron Las
damas blancas de
Worcester y, todavía
hoy, la gente se
pregunta cómo nos
metimos en un tema que
tenía que ver con los
conventos, con los
claustros, sin embargo,
se publicó. Aparecieron
textos complejísimos,
creo que en los últimos
años, con la Colección
Veintiuno, hemos llegado al
paroxismo de la
complejidad, pues al ser
más contemporáneo
resulta más difícil
despegarse de los
conceptos que entran de
todas partes y van hacia
todas partes. Y creo que
esta Colección aspira a
eso, a que haya
presencia de los suecos,
de los españoles, de los
latinoamericanos y de la
vanguardia
artístico-literaria.
Hemos hecho libros que
después han pasado a los
planes de estudio, por
ejemplo Negrita,
de Onelio Jorge Cardoso,
que salió primero con
nosotros, así como la
primera edición de
Platero y yo.
La Editorial ha apostado
por la investigación en
algunos planos y en
otros tiene mucho que
ver con la personalidad
de cada cual, con sus
conocimientos e
intereses. Algunos
compañeros apuestan por
el policiaco, por la
literatura infantil de
las primeras edades o
por los libros
científico-técnicos.
Todo eso va dando una
sensibilidad distinta,
un toque de distinción y
una forma de hacer
diferentes. Por eso, no
se puede hablar de una
Editorial, sino de
muchas Editoriales Gente
Nueva, porque detrás del
presupuesto de la
política editorial
cubana está la
asimilación que cada
cual hace de ella.
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Lo que sí puedo decir
con plena satisfacción
es que nuestros libros
se insertan dentro del
pensamiento más
progresista de una Casa
Editorial a nivel
mundial. Pese a todos
los problemas del
bloqueo, a todos los
problemas de
incomprensiones
administrativas, de
recursos financieros, la
Editorial no ha dejado
de hacer. Eso hay que
considerarlo por encima
de todo. Que uno pueda
llegar a las librerías y
encontrar un espectro
tan amplio, o más aún,
llegar a las bibliotecas
cubanas desde Pinar del
Río hasta Baracoa y
encontrar el sello de
Gente Nueva, es una
satisfacción.
Por supuesto, está llena
de errores, los hombres
y las mujeres también lo
estamos, los errores van
con nosotros. La
Editorial ha sido un
ente vivo y lo seguirá
siendo. Por tanto, no
solo va a tener las
glorias y las virtudes
de 45 años de trabajo,
sino también los
defectos, las
complicaciones, la
incompetencia y todo lo
que le es achacable a un
ser humano vivo. Nuestro
colectivo ha sido eso:
un pececito en el agua
procelosa de esta
Revolución. |