La Habana. Año XI.
2 al 8 de JUNIO de 2012

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Lo que viene de Grecia

Guillermo Rodríguez Rivera • La Habana

Cuando tenía 25 años, me inicié como profesor universitario. Fue a raíz de una propuesta de mi amigo Nils Castro, un escritor panameño que había llegado a Cuba invitado por José Antonio Portuondo, quien había sido embajador en México, y volvía a desempeñar el rectorado de la Universidad de Oriente.

Portuondo le confió a Nils la dirección de la recién fundada Escuela de Letras santiaguera, que era mucho más que santiaguera —allí tuve alumnos de Oriente y Camagüey, y hasta algún “infiltrado” de otra provincia, que entonces eran las seis tradicionales.

Me recuerdo con los estudiantes de primer año explicándoles la literatura griega, en obras que contribuyeron a fundar la literatura de occidente: la Ilíada, de Homero; Edipo rey, de Sófocles; la avanzadísima Medea, de Eurípides. Pareciera que aquellos hombres de 25 siglos atrás habían echado unas bases solidísimas sobre las que se continuaba edificando la literatura del mundo.

Recuerdo haber visto, por aquellos mismos años 60, un filme llamado El que debe morir, apoyado en una novela del griego Nikos Kazantzakis, que se llamó El cristo recrucificado que, como buena obra griega, traía a la contemporaneidad un viejo mito, una vieja historia. En una aldea griega, en los tiempos de la ocupación turca, la iglesia del lugar y el gobernador turco, —quien, a lo Pilatos, se lava las manos— conciben la muerte de Manolios, un campesino que se ha convertido en líder de los pobres del lugar. Es la historia de Jesús vuelta a contar. La película la dirigía Jules Dassin, un director norteamericano perseguido en los días del maccarthysmo y que, cuando salió de los EE.UU., ya se quedó a vivir y trabajar en Francia.

Cuento esto porque Grecia se ha puesto, hoy por hoy, en los cintillos de los diarios del mundo. Lo que pasó en Latinoamérica en la primera década del siglo, pareciera que se repite en el mundo helénico, cuyas masas se han hartado de la política neoliberal, que restringe y restringe todos los renglones —la educación, la salud, el empleo— vitales para la supervivencia del pueblo.

En las elecciones del pasado 6 de mayo, emergió la figura de Alexis Tsipras, un ingeniero de 37 años que no usa corbata y que trae un proyecto alternativo al neoliberalismo. Este joven carismático, aunque no obtuvo los votos suficientes para formar gobierno, desbancó a los dos partidos que en Grecia han apoyado la política neoliberal: ni el PASOK ni Nueva Democracia pudieron formar gobierno, ni siquiera unidos. Hasta ahora se alternaban en el poder. Ante la crisis de las últimas elecciones, se han convocado otras para el 17 de junio, y los neoliberales se aterran ante el probable triunfo de Tsipras.

El líder de la izquierda ha denunciado el acuerdo suscrito entre la Unión Europea y los partidos tradicionales griegos. Tsipras es terminante:

“La política de austeridad que se ha aplicado en Grecia es absolutamente ineficaz al nivel financiero y destructiva a nivel económico y social”.

La derecha europea amenaza a Grecia con que tendrá que salir del euro, pero es apenas un chantaje para las elecciones que se avecinan.

Saben que Tsipras no quiere salir de la concertación europea pero teme que su política (y su ejemplo) arrastre a otras naciones en situación análoga a Grecia.

Como otros líderes de la izquierda europea, Tsipras parece estar mirando hacia la nueva izquierda latinoamericana que superó la crisis neoliberal con la moratoria en el pago de la deuda, apoyo al crecimiento y a la creación de empleos que tonifiquen la economía. Esperemos al 17 de junio para ver si, como el ALCA murió en la Argentina, el neoliberalismo europeo empieza a morir en Atenas.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.