La notable calidad de
las propuestas de los
creadores concurrentes a
la Oncena Bienal de La
Habana ha
influido en la
repercusión positiva que
de manera general ha
tenido el evento en los
medios de prensa
nacionales e
internacionales. Se han publicado más de
400 mil trabajos entre
despachos cablegráficos,
comentarios y críticas
especializadas, así como
entrevistas con
organizadores y artistas
participantes, además de
las innumerables
referencias aparecidas
en redes sociales como Facebook y Youtube.
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Intervenciones
de Gabriel
Orozco en el
Instituto
Superior de Arte
de La Habana |
La mayoría de esos
reportes destacan
aspectos positivos de
esta Oncena edición como
la amplia interacción
del público con las
obras tanto en los
espacios de la calle,
como en las galerías. La
agencia EFE resalta que
“la diversidad de
tendencias y soportes,
la
‘ocupación’ de espacios
públicos
o el ánimo de
interactuar con el
espectador son algunas
de las apuestas del
principal escaparate
artístico que se celebra
en Cuba y que este año
ha reunido también a
destacadas figuras
internacionales como el
austríaco
Hermann Nitsch,
la serbia
Marina Abramović,
la pareja
ruso-estadounidense
Ilya y Emilia Kabakov
y el polifacético
artista mexicano
Gabriel Orozco”.
Otros medios destacan
además por su parte
la
exposición en el Museo
Nacional de Bellas Artes
de piezas de arte
contemporáneo de la
colección de la
Fundación CIFO,
de Ella Fontanals
Cisneros.
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Obras de la
artista Ana
Mendieta en la
exposición de la
Fundación CIFO
en el Museo
Nacional de
Bellas Artes |
En The New York Times,
la periodista Victoria
Burnett asegura: “Para
Cuba, la Bienal es una
oportunidad para ver e
intercambiar con la
cultura internacional y
de mostrar la evolución
artística del país”. En
otro artículo del mismo
diario reseñaron algunas
de las acciones de la
Bienal como el
Proyecto Paladar
que, bajo la égida del
galerista estadounidense
Alberto Magnam, reunió
en la capital cubana a
diez cocineros de Nueva
York y otros tantos de
restaurantes de La
Habana. Sobre esta
sui generis pieza,
cuenta el periódico
estadounidense: “Cada
noche, una pareja cocina
para un grupo mixto de
cubanos y extranjeros,
la mayoría de ellos
norteamericanos, que se
sientan juntos a la
mesa”, y cita a uno de
los participantes que
afirma: “las pequeñas
acciones a veces tienen
gran impacto. Eso es lo
que crea lazos entre los
países”.
La Jornada,
de México, asevera: “La
Bienal de La Habana ‘es
patrimonio de una
sociedad que ya no teme
a los museos’”, y la
agencia UPI catalogaba
al evento como una
“fiesta cubana del arte
visual”, mientras La
República, de
España, lo valoraba como
“Una ventana al arte del
Tercer Mundo”.
Sin embargo, el hecho de
que esta Bienal se
realice en Cuba, trae
consigo la inveterada
saga de intentos de
tergiversación mediática
sobre sus artistas, sus
exposiciones y
acontecimientos. O al
menos eso es lo que se
deduce cuando se leen
reportes como los que
sobre el tema han hecho
la tríada de El Nuevo
Herald, el periódico
español El País y
el blog Penúltimos Días.
Que estos textos sean
mínimos y poco
representativos en
comparación con la
inmensa mayoría de los
reportes realizados por
otros medios, no
significa que no forme
parte de esa campaña de
descrédito que se diseña
siempre en torno a
cualquier logro de la
Isla y que en muchos
casos sigue
las directrices de la
Oficina de Intereses
Norteamericanos en Cuba,
que intenta sabotear
cada edición de la
Bienal.
Tras leer las dos
páginas de El País
que, supuestamente,
intentan resumir el
espíritu de la Oncena
Bienal de La Habana,
saltan a la vista varias
interrogantes. ¿Si la
Bienal no fuese en Cuba
obviaría un periódico
como El País, que
se anuncia a sí mismo
como modelo de
objetividad, el impacto
logrado sobre las miles
de personas involucradas
en los performances,
instalaciones y
exposiciones de variada
índole que han tenido
lugar en varias zonas de
La Habana?
¿Por qué miente El
País cuando reseña
lo sucedido con la pieza
de la artista cubana
Glenda León? Esta obra
ya había sido exhibida
con anterioridad, por lo
tanto, no era una
novedad, y su maqueta
está además en la
fortaleza de La Cabaña.
¿Por qué tachar de
crisis diplomática a un
supuesto incidente con
los elevadores del
edificio FOCSA del cual
nunca se enteraron
quienes estaban allí?
|

Obra del artista
Inti Hernández
en la muestra
Detrás del muro |
¿Por qué mentir además
sobre el destino de la
pieza de la Estatua de
la libertad —que no fue
pisoteada como dicen— y
cuya no inclusión fue
decidida, en pleno uso
de sus facultades, por
Juan Delgado, curador de
Detrás del muro,
muestra ubicada a todo
lo largo del malecón
donde la pieza pretendía
insertarse?
¿Por qué la insistencia
en hacer ver a artistas
reconocidos
internacionalmente como
Alexys Leiva Machado
(Kcho)
como alguien contrario a
la Revolución? La obra
de Kcho es un nicho de
información en sí mismo
y cualquier referencia a
él —sobre todo si es
negativa— será
fácilmente colocada en
el maremágnum de
información que circula
en Internet.
|

Obra de Alexis
Leyva Machado
(Kcho) en el
Malecón |
¿Por qué si la Bienal de
La Habana se ha
caracterizado siempre
por tender puentes y
posicionar el arte del
Tercer Mundo, el
reportaje de El País
intenta convertir algo
positivo en un error
cuando en tono irónico
afirma que “no solo de
arte cubano vive la
Bienal”?
¿A dónde quiere llegar
El País en su
insistencia de que los
artistas cubanos viven
mejor que el resto de
sus compatriotas?
¿Quiere dar una imagen
distorsionada de algunos
de estos creadores,
comprometidos muchos con
el proyecto libertario y
de justicia social que
la Isla defiende? Se
contradice El País
cuando luego de
catalogar a los artistas
como acomodados afirma
que las materiales
usados por nuestros
creadores no incluyen
—lo cual es una soberana
mentira— ordenadores y
afirma “los ordenadores
brillan por su ausencia:
son un lujo ajeno a la
población”?
¿Por qué si a El País
le interesa tanto
los creadores noveles de
la Isla, no habla del
reporte de la
expo Creaciones
compartidas, ubicada
en el Pabellón Cuba,
donde se encuentran
reunidas piezas de los
jóvenes de más reciente
incorporación a la
producción artística en
Cuba?
|

El
príncipe,
obra de la
joven artista
cubana Nayvi
Pérez en el
Pabellón Cuba |
¿Incluso que Cuba
respete la libertad de
pensamiento de nuestros
artistas le parece
sospechoso a El País?
Eso es lo que sugiere
cuando afirma: “la
presión sobre estos
artistas se antoja más
liviana al observador
extranjero”. ¿Hasta
dónde llegan la
suspicacia o la mala
intención?
Cuando de Cuba se trata,
¿prefiere El País,
que se ha vendido
siempre a sí mismo como
un periódico
profesional, publicar un
reporte mal argumentado,
de oraciones e ideas
repetidas, redactado en
un español que pareciera
traducido por un
traductor automático con
tal de poder calumniar a
Cuba? Quizá el mejor
ejemplo de la decepción
que un reporte como este
provoca en los lectores
de El País está
en el comentario hecho
por el escritor y
ensayista peruano Julio
Ortega al artículo de
marras: “Lamento que
Ángeles García, que
informa con tino sobre
la actividad cultural
española, haya ido a La
Habana para comprobar
que no hay ascensores,
la gente suda, y el arte
nuevo es notablemente
crítico de las
ortodoxias”.
Por su parte, El
Nuevo Herald
—sabemos a los intereses
que responde dentro de
Miami— destaca el
incidente con dos
pintores cubanos
residentes en esa ciudad
y que sin estar
invitados a la Bienal
intentaron organizar una
exposición, realizada
además junto a un
elemento
contrarrevolucionario.
¿Por qué asociarlo a una
Bienal donde han
participado muchísimos
artistas
cubanoamericanos y en
general cubanos
residentes en el
exterior? ¿No será que
no encuentran nada
cierto a lo que
agarrarse para su
crítica y están dando
palos de ciego?
|

Conga
irreversible,
de Los
Carpinteros |
Mejor escrito pero
aún peor intencionado es
el artículo de Gala
Jiménez en Penúltimos
Días. Con un lenguaje
más sutil, este texto
pretende hacer ver a los
artistas cubanos como
distanciados o
contrarios a la
Revolución. Después de
una lectura rápida del
reportaje de PD, la
primera reflexión es
¿cuán difíciles de
contentar son los
enemigos de Cuba? Si el
mensaje de una obra de
arte resulta
aparentemente fácil de
leer, tildan a los
artistas de
representantes del
realismo socialista,
sino, los tachan como a
Los Carpinteros, de
haberse “curtido en el
lenguaje de la
metáfora”. ¿No ha sido
la metáfora, desde
tiempos inmemoriales,
parte intrínseca del
arte?
Dicho y contradicho, al
artículo de PD celebra
que la Bienal “por fin”
salió a las calles —algo
que ni de pasada
menciona El País—,
pero al momento reconoce
que no es algo nuevo y
que ya había sucedido en
la ¡Tercera! edición del
evento, y obvia que la
Novena Bienal
estuvo dedicada a las
“Dinámicas de la Cultura
Urbana”, con lo cual
huelga decir que también
tuvo impacto y presencia
por toda la ciudad. Sin
embargo, lo que parece
un elogio, puede
volverse también una
crítica: uno de los
argumentos más
socorridos en contra de
esta Oncena edición ha
sido el de catalogarla
como “populista”, y el
calificativo lo reciben
artistas de la talla de
Manuel Mendive.
No dicen que su
performance fue
popular, porque eso
implicaría un elogio.
Entonces, si la Bienal
sale a las calles, qué
bien, si la ve mucha
gente, es populista.
¿Nuevamente difíciles de
contentar en PD?
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Performance del
artista cubano
Manuel Mendive |
Ni los más consagrados
entre los artistas
invitados se salvan de
la crítica despiadada.
¿No ha sido siempre la
multiplicidad de
significados cambiantes
en dependencia del
diálogo con el entorno
una de las cualidades
del arte? Pues
aparentemente para Gala
Jiménez no, porque acusa
al austriaco
Hermann Nitsch y a su
Aktion 135
de “sobrado
folclorismo” porque
“mameyes y papayas se
colaron en la
presentación junto con
el cerdo sacrificado”.
|

Aktion 135,
de Hermann
Nitsch |
Por supuesto, también
contra Kcho arremete
Penúltimos Días, y lo
cataloga, en
contraposición a lo que
afirma El País,
como un artista “cada
vez más ‘oficial’”.
¿Puntos de coincidencia
en las agendas
mediáticas? ¿Se puede
ser al mismo tiempo
“contrario a la
Revolución” y “oficial”?
Claro, en arte, todo
depende del ojo crítico
que lo mire, ¿no?
Como ha ocurrido
en
Bienales anteriores
los enemigos del arte y
de Cuba han intentado
subvertir el sentido de
algunas de las acciones
plásticas y darles un
sentido
contrarrevolucionario
ajeno a la intención de
los propios artistas. En
esta Oncena edición,
debieron esperar al
concierto performance
de
Michel Mirabal
del 26 de mayo en el
cine Acapulco para
intentar entorpecer con
su agenda política el
libre albedrío de la
creación. Por eso, es
probable que “la tarea”
de confundir a la
opinión y de atizar las
pasiones contra el arte
haya sido asignada a
algunos medios y
trataron de cumplirla
muy pocos.
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Concierto
performance, de
Michel Mirabal |
Desde los primeros
textos de El Nuevo
Herald hasta hoy
parece que algunos
medios hurgaron en el
programa de la Bienal
sin ningún sentido de
las jerarquías
artísticas, buscando
posibles noticias que
llamaran la atención
sobre Cuba de manera
negativa, pero es claro
que no lo consiguieron.
El propio Herald
ha colocado algunas
buenas galerías de fotos
y un texto de una
crítica de artes
plásticas seria como
Janet Batet. Tanto se
han posicionado los
contenidos agrupados
bajo la etiqueta de la
Bienal de La Habana que
Zoé Valdés lo usa como
titular para desbarrar
en su blog sobre la
delegación cubana
asistente al Congreso de
LASA que por estos días
sesiona en EE.UU. y que
no tiene absolutamente
nada que ver con el
evento de artes
plásticas de la Isla,
como no sea que en ambos
participan
representantes genuinos
de la cultura cubana.
Con algunas divergencias
pero muchos puntos en
común, quienes intentan
manipular y desacreditar
la Bienal, no consiguen
salvarse a sí mismos de
las paradojas, porque si
de paradojas se trata,
habría que fijarse en el
titular de la nota de
El País, que aunque
en tono maniqueo, llena
de falacias y lugares
comunes reconoce que, en
Cuba, se sigue pintando,
y mucho.
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