La Habana. Año XI.
2 al 8 de JUNIO de 2012

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Oncena Bienal de La Habana

En Cuba sí se pinta mucho

Y. P. Fernández • La Habana

La notable calidad de las propuestas de los creadores concurrentes a la Oncena Bienal de La Habana ha influido en la repercusión positiva que de manera general ha tenido el evento en los medios de prensa nacionales e internacionales. Se han publicado más de 400 mil trabajos entre despachos cablegráficos, comentarios y críticas especializadas, así como entrevistas con organizadores y artistas participantes, además de las innumerables referencias aparecidas en redes sociales como Facebook y Youtube.
 


Intervenciones de Gabriel Orozco en el Instituto Superior de Arte de La Habana

La mayoría de esos reportes destacan aspectos positivos de esta Oncena edición como la amplia interacción del público con las obras tanto en los espacios de la calle, como en las galerías. La agencia EFE resalta que “la diversidad de tendencias y soportes, la ‘ocupación’ de espacios públicos o el ánimo de interactuar con el espectador son algunas de las apuestas del principal escaparate artístico que se celebra en Cuba y que este año ha reunido también a destacadas figuras internacionales como el austríaco Hermann Nitsch, la serbia Marina Abramović, la pareja ruso-estadounidense Ilya y Emilia Kabakov y el polifacético artista mexicano Gabriel Orozco”. Otros medios destacan además por su parte la exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes de piezas de arte contemporáneo de la colección de la Fundación CIFO, de Ella Fontanals Cisneros.


Obras de la artista Ana Mendieta en la exposición de la Fundación CIFO
en el Museo Nacional de Bellas Artes

En The New York Times, la periodista Victoria Burnett asegura: “Para Cuba, la Bienal es una oportunidad para ver e intercambiar con la cultura internacional y de mostrar la evolución artística del país”.  En otro artículo del mismo diario reseñaron algunas de las acciones de la Bienal como el Proyecto Paladar que, bajo la égida del galerista estadounidense Alberto Magnam, reunió en la capital cubana a diez cocineros de Nueva York y otros tantos de restaurantes de La Habana. Sobre esta sui generis pieza, cuenta el periódico estadounidense: “Cada noche, una pareja cocina para un grupo mixto de cubanos y extranjeros, la mayoría de ellos norteamericanos, que se sientan juntos a la mesa”, y cita a uno de los participantes que afirma: “las pequeñas acciones a veces tienen gran impacto. Eso es lo que crea lazos entre los países”.

La Jornada, de México, asevera: “La Bienal de La Habana ‘es patrimonio de una sociedad que ya no teme a los museos’”, y la agencia UPI catalogaba al evento como una “fiesta cubana del arte visual”, mientras La República, de España, lo valoraba como “Una ventana al arte del Tercer Mundo”.

Sin embargo, el hecho de que esta Bienal se realice en Cuba, trae consigo la inveterada saga de intentos de tergiversación mediática sobre sus artistas, sus exposiciones y acontecimientos. O al menos eso es lo que se deduce cuando se leen reportes como los que sobre el tema han hecho la tríada de El Nuevo Herald, el periódico español El País y el blog Penúltimos Días. Que estos textos sean mínimos y poco representativos en comparación con la inmensa mayoría de los reportes realizados por otros medios, no significa que no forme parte de esa campaña de descrédito que se diseña siempre en torno a cualquier logro de la Isla y que en muchos casos sigue las directrices de la Oficina de Intereses Norteamericanos en Cuba, que intenta sabotear cada edición de la Bienal.

Tras leer las dos páginas de El País que, supuestamente, intentan resumir el espíritu de la Oncena Bienal de La Habana, saltan a la vista varias interrogantes. ¿Si la Bienal no fuese en Cuba obviaría un periódico como El País, que se anuncia a sí mismo como modelo de objetividad, el impacto logrado sobre las miles de personas involucradas en los performances, instalaciones y exposiciones de variada índole que han tenido lugar en varias zonas de La Habana?

¿Por qué miente El País cuando reseña lo sucedido con la pieza de la artista cubana Glenda León? Esta obra ya había sido exhibida con anterioridad, por lo tanto, no era una novedad, y su maqueta está además en la fortaleza de La Cabaña. ¿Por qué tachar de crisis diplomática a un supuesto incidente con los elevadores del edificio FOCSA del cual nunca se enteraron quienes estaban allí?


Obra del artista Inti Hernández en la muestra Detrás del muro

¿Por qué mentir además sobre el destino de la pieza de la Estatua de la libertad —que no fue pisoteada como dicen— y cuya no inclusión fue decidida, en pleno uso de sus facultades, por Juan Delgado, curador de Detrás del muro, muestra ubicada a todo lo largo del malecón donde la pieza pretendía insertarse?

¿Por qué la insistencia en hacer ver a artistas reconocidos internacionalmente como Alexys Leiva Machado (Kcho) como alguien contrario a la Revolución? La obra de Kcho es un nicho de información en sí mismo y cualquier referencia a él —sobre todo si es negativa— será fácilmente colocada en el maremágnum de información que circula en Internet.


Obra de Alexis Leyva Machado (Kcho) en el Malecón

¿Por qué si la Bienal de La Habana se ha caracterizado siempre por tender puentes y posicionar el arte del Tercer Mundo, el reportaje de El País intenta convertir algo positivo en un error cuando en tono irónico afirma que “no solo de arte cubano vive la Bienal”?

¿A dónde quiere llegar El País en su insistencia de que los artistas cubanos viven mejor que el resto de sus compatriotas? ¿Quiere dar una imagen distorsionada de algunos de estos creadores, comprometidos muchos con el proyecto libertario y de justicia social que la Isla defiende? Se contradice El País cuando luego de catalogar a los artistas como acomodados afirma que las materiales usados por nuestros creadores no incluyen —lo cual es una soberana mentira— ordenadores y afirma “los ordenadores brillan por su ausencia: son un lujo ajeno a la población”?

¿Por qué si a El País le interesa tanto los creadores noveles de la Isla, no habla del reporte de la expo Creaciones compartidas, ubicada en el Pabellón Cuba, donde se encuentran reunidas piezas de los jóvenes de más reciente incorporación a la producción artística en Cuba?


El príncipe, obra de la joven artista cubana Nayvi Pérez en el Pabellón Cuba

¿Incluso que Cuba respete la libertad de pensamiento de nuestros artistas le parece sospechoso a El País? Eso es lo que sugiere cuando afirma: “la presión sobre estos artistas se antoja más liviana al observador extranjero”. ¿Hasta dónde llegan la suspicacia o la mala intención?

Cuando de Cuba se trata, ¿prefiere El País, que se ha vendido siempre a sí mismo como un periódico profesional, publicar un reporte mal argumentado, de oraciones e ideas repetidas, redactado en un español que pareciera traducido por un traductor automático con tal de poder calumniar a Cuba? Quizá el mejor ejemplo de la decepción que un reporte como este provoca en los lectores de El País está en el comentario hecho por el escritor y ensayista peruano Julio Ortega al artículo de marras: “Lamento que Ángeles García, que informa con tino sobre la actividad cultural española, haya ido a La Habana para comprobar que no hay ascensores, la gente suda, y el arte nuevo es notablemente crítico de las ortodoxias”.

Por su parte, El Nuevo Herald —sabemos a los intereses que responde dentro de Miami— destaca el incidente con dos pintores cubanos residentes en esa ciudad y que sin estar invitados a la Bienal intentaron organizar una exposición, realizada además junto a un elemento contrarrevolucionario. ¿Por qué asociarlo a una Bienal donde han participado muchísimos artistas cubanoamericanos y en general cubanos residentes en el exterior? ¿No será que no encuentran nada cierto a lo que agarrarse para su crítica y están dando palos de ciego?


Conga irreversible, de Los Carpinteros

Mejor escrito pero aún peor intencionado es el artículo de Gala Jiménez en Penúltimos Días. Con un lenguaje más sutil, este texto pretende hacer ver a los artistas cubanos como distanciados o contrarios a la Revolución. Después de una lectura rápida del reportaje de PD, la primera reflexión es ¿cuán difíciles de contentar son los enemigos de Cuba? Si el mensaje de una obra de arte resulta aparentemente fácil de leer, tildan a los artistas de representantes del realismo socialista, sino, los tachan como a Los Carpinteros, de haberse “curtido en el lenguaje de la metáfora”. ¿No ha sido la metáfora, desde tiempos inmemoriales, parte intrínseca del arte?

Dicho y contradicho, al artículo de PD celebra que la Bienal “por fin” salió a las calles —algo que ni de pasada menciona El País—, pero al momento reconoce que no es algo nuevo y que ya había sucedido en la ¡Tercera! edición del evento, y obvia que la Novena Bienal estuvo dedicada a las “Dinámicas de la Cultura Urbana”, con lo cual huelga decir que también tuvo impacto y presencia por toda la ciudad. Sin embargo, lo que parece un elogio, puede volverse también una crítica: uno de los argumentos más socorridos en contra de esta Oncena edición ha sido el de catalogarla como “populista”, y el calificativo lo reciben artistas de la talla de Manuel Mendive. No dicen que su performance fue popular, porque eso implicaría un elogio. Entonces, si la Bienal sale a las calles, qué bien, si la ve mucha gente, es populista. ¿Nuevamente difíciles de contentar en PD?


Performance del artista cubano Manuel Mendive

Ni los más consagrados entre los artistas invitados se salvan de la crítica despiadada. ¿No ha sido siempre la multiplicidad de significados cambiantes en dependencia del diálogo con el entorno una de las cualidades del arte? Pues aparentemente para Gala Jiménez no, porque acusa al austriaco Hermann Nitsch y a su Aktion 135 de “sobrado folclorismo” porque “mameyes y papayas se colaron en la presentación junto con el cerdo sacrificado”.


Aktion 135, de Hermann Nitsch

Por supuesto, también contra Kcho arremete Penúltimos Días, y lo cataloga, en contraposición a lo que afirma El País, como un artista “cada vez más ‘oficial’”. ¿Puntos de coincidencia en las agendas mediáticas? ¿Se puede ser al mismo tiempo “contrario a la Revolución” y “oficial”? Claro, en arte, todo depende del ojo crítico que lo mire, ¿no?

Como ha ocurrido en Bienales anteriores los enemigos del arte y de Cuba han intentado subvertir el sentido de algunas de las acciones plásticas y darles un sentido contrarrevolucionario ajeno a la intención de los propios artistas. En esta Oncena edición, debieron esperar al concierto performance de Michel Mirabal del 26 de mayo en el cine Acapulco para intentar entorpecer con su agenda política el libre albedrío de la creación. Por eso, es probable que “la tarea” de confundir a la opinión y de atizar las pasiones contra el arte haya sido asignada a algunos medios y trataron de cumplirla muy pocos.


Concierto performance, de Michel Mirabal

Desde los primeros textos de El Nuevo Herald hasta hoy parece que algunos medios hurgaron en el programa de la Bienal sin ningún sentido de las jerarquías artísticas, buscando posibles noticias que llamaran la atención sobre Cuba de manera negativa, pero es claro que no lo consiguieron. El propio Herald ha colocado algunas buenas galerías de fotos y un texto de una crítica de artes plásticas seria como Janet Batet. Tanto se han posicionado los contenidos agrupados bajo la etiqueta de la Bienal de La Habana que Zoé Valdés lo usa como titular para desbarrar en su blog sobre la delegación cubana asistente al Congreso de LASA que por estos días sesiona en EE.UU. y que no tiene absolutamente nada que ver con el evento de artes plásticas de la Isla, como no sea que en ambos participan representantes genuinos de la cultura cubana.

Con algunas divergencias pero muchos puntos en común, quienes intentan manipular y desacreditar la Bienal, no consiguen salvarse a sí mismos de las paradojas, porque si de paradojas se trata, habría que fijarse en el titular de la nota de El País, que aunque en tono maniqueo, llena de falacias y lugares comunes reconoce que, en Cuba, se sigue pintando, y mucho.
 
 
 
 
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Créeme, performance
de Michel Mirabal

 


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Oncena Bienal
de La Habana

 


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Exposiciones colaterales de Arte cubano contemporáneo

 


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CIFO: Una mirada múltiple

 


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Muestra colectiva:
Detrás del muro

 


GALERÍA de IMÁGENES

Aktion 135, performance
de Hermann Nitsch

 


GALERÍA de IMÁGENES

Creaciones compartidas

 


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Ciudad generosa, colectivo 4ta. Pragmática,
René Francisco

 


GALERÍA de IMÁGENES

Las cabezas, performance
de Manuel Mendive

 


GALERÍA de IMÁGENES

“El barco de la tolerancia”, de Ilya y Emilia Kabakov

 


GALERÍA de IMÁGENES

Conga Irreversible,
performance
de Los Carpinteros

 


GALERÍA de IMÁGENES

País de gigantes, escultura y performance de Kcho

 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.