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Para la generación que
entró en la adolescencia
a mediados de los años
90,
Enrique Pérez Díaz
es, ante todo, el
creador de Escuelita
de los horrores, uno
de los libros más
divertidos dentro de la
literatura para niños y
jóvenes de los últimos
20 años en Cuba, pero
bastante atípico dentro
de su contexto por el
uso de la parodia y la
intertextualidad.
Periodista y escritor
prolífico, es autor de
más de una decena de
libros, algunos de ellos
aún inéditos. Enrique
es, además, desde hace
un lustro, el director
de Gente Nueva,
Editorial insigne en la
publicación para estas
edades y que por estos
días cumple 45 años.
Horas antes de la
inauguración de los nuevos
espacios con los que
Gente Nueva celebra su
aniversario (una
librería, una ludoteca,
una galería), Enrique
nos recibe en esta
institución que a pesar
de sus más de cuatro
décadas de vida sigue
teniendo un espíritu
joven.
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Gente Nueva arriba a su
aniversario 45. Al
volver la vista atrás
¿cuánto han cambiado los
sueños iniciales que
impulsaron su
nacimiento?
Quienes cuentan la
historia afirman que de
la matriz de la Imprenta
Nacional de Cuba,
dirigida por Alejo
Carpentier, y de la
Editora Nacional de
Cuba, que dirigió
Herminio Almendros,
surgió Gente Nueva en el
año 1967. Inicialmente,
los libros se publicaban
según lo que llegaba, la
Editorial estaba muy
volcada a las
adaptaciones de
leyendas, de los
clásicos, y a publicar,
por supuesto, los
primeros libros de las
figuras cimeras de los
años 60 en Cuba.
En 1972 se creó el
Premio La Edad de Oro,
luego se convocó a un
fórum de literatura para
niños organizado por el
Ministerio de Cultura y
el Ministerio de
Educación y a partir de
ahí, junto con la
creación del Premio
empezaron a salir
hornadas de autores
cubanos. Muchos de ellos
han sobrevivido al
tiempo, otros tuvieron
una producción que fue
quedando atrás, porque
respondían al tipo de
literatura de la época.
Luego, en los años 70 y
sobre todo en los 80 se
inició un gran proceso
de coediciones con los
países del Este. Ahí, la
Editorial cambió
nuevamente su línea y es
la época, recordada por
muchos, de todas las
grandes selecciones de
cuentos populares rusos,
los libros plásticos
para que los niños se
pudieran bañar con
ellos, los libros de
juegos, los troquelados.
Fue una época de oro en
cuanto al arte del
libro. También en lo
publicado había obras
muy buenas, pero solo
respondía a la
literatura del Este, es
decir, de Bulgaria,
Rumanía, Hungría,
Alemania,
Checoslovaquia, por
supuesto, tenía un
fuerte movimiento, pero
entonces los autores
cubanos no publicaban
mucho, si acaso,
adaptaciones que hacían
de esas mismas
historias.
En los 80 se produjo el
despertar de una
literatura con otros
intereses a través de
figuras como Antonio
Orlando,
Magalys
Sánchez, Froilán
Escobar, Ileana Prieto,
Omar Felipe Mauri,
Albertico Yáñez; se
empieza a matizar con
intereses distintos esa
literatura y, por
supuesto, a penetrar en
esta Editorial.
Con el colapso producido
en el mundo editorial en
los años 90, Gente Nueva
produce una serie de
plaquets como todas
las editoriales cubanas,
pero todavía seguía
siendo un poco clásica.
Hasta finales de esa
década, cuando se
empieza a arreglar un
poco el mundo editorial,
y en la primera parte de
los 2000, se seguía
considerando así —se
publicó mucho a Julio
Verne, Emilio Salgari,
Alejandro Dumas, Charles
Dickens, etc.—. A
mediados de los 2000, la
Editorial se empezó a
abrir un poco más a los
contemporáneos y eso es
lo que ha caracterizado
este período, donde
hemos buscado nuevos y
viejos autores cubanos y
también autores
extranjeros
contemporáneos.
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Gente Nueva ha estado
dispuesta siempre a
cubrir todas las
temáticas que se supone
debe incluir una
editorial para
niños. Hemos hecho
libros de narrativa y
poesía, pero también de
arte, de deporte, de
historia, de ciencia y
técnica que son, además,
los más difíciles. Ahora
estamos intentando
equilibrar esa
producción —diría que en
los últimos cinco años
hemos estado en un
período de tanteo—,
porque a veces te parece
que estás haciendo el
mejor plan del mundo,
pero la gente quiere
Había una vez, o
pide El Principito,
o La Edad de Oro,
es como si no existiera
otra literatura infantil
en el mundo que La
Edad de Oro, u otro
autor que Dora Alonso.
Le estamos dando
al lector opciones interesantes,
nuevas, sin embargo, hay
un preconcepto, una
tradición que
lógicamente cuesta mucho
vulnerar, cambiar, y eso
caracterizaría este
período.
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Estamos tratando de
hacer libros más
atractivos. Vivimos un
reto, en una lucha
constante con los
ilustradores, porque los
tenemos muy buenos, muy
artísticos; pero hay que
lograr un equilibrio con
la media del gusto de
las personas porque, de
cualquier manera, el
libro aunque defienda lo
artístico, es una
mercancía, y debemos
trabajar para que llegue
al público. Eso es una
ley del libro en
cualquier lugar del
mundo.
Experimentalmente hemos
querido acercarnos más a
ese público, por eso
debemos inaugurar una
ludoteca que se va a
llamar La Noche, una
galería de arte llamada
Sueño Despierto, que
siempre va a tener una
exposición y la librería
El Cochero Azul, que
pretende ser una vitrina
de todo lo producido
para niños en el país.
La idea es acercarnos al
pueblo para proseguir
con la línea de trabajo
comunitario realizado a
través del Pabellón
Infantil durante 12
años, es decir, con
aficionados e
instructores de arte. En
estos últimos períodos,
Gente Nueva se ha ido
acercando más al
público, pero no siempre
lo suficiente porque
cuesta mucho trabajo
satisfacer todos los
intereses.
Un sector al que la
Editorial se ha ido
acercando también es al
juvenil, probablemente,
el menos identificado
como grupo lector.
Pensando en ese público
hemos hecho dos
colecciones: Ámbar,
la de policíaco,
fantasía, heroica y
ciencia ficción; y
Veintiuno, que es la
de las novedades.
Veintiuno también
tiene literatura
infantil; sin embargo,
para nosotros a veces es
casi juvenil, porque son
libros que la gente no
está acostumbrada a
leer. Por ejemplo, toda
la saga de La
increíble historia de
Lavinia, La
muñeca viva y La
muñeca del alquimista,
de la italiana
Bianca Pitzorno
son textos que atacan el
capitalismo, abordan la
realidad de los niños,
el menosprecio de los
adultos por estos y la
explotación infantil.
Entonces, de alguna
manera, funcionan como
literatura juvenil
aunque los personajes
sean niños. Hay muchos
libros clásicos que aquí
no se han leído aunque
se han visto las
películas; por ejemplo,
Un puente a Terabithia,
novela maravillosa de
Katherine Paterson;
la saga de Las crónicas
de Narnia, y algunos
textos de Tolkien.
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Nos hemos acercado al
público juvenil, pero no
todo lo que quisiéramos.
Contamos con la
colección Primavera
donde se han publicado
autores como Stefan
Zweig, Alejandro Dumas,
Jane Austen y también
novelas cubanas, de
Mirta González, Roberto
Milián, hay una novela
mía. Pretendemos
aproximar la novela de
amor al público actual,
con las inquietudes y
sentimientos del cubano.
En Ámbar es más
sencillo. Estamos
preparando títulos de
diez autores
contemporáneos cubanos,
entre estos, algunas
antologías de ciencia
ficción porque hay un
fuerte movimiento de
autores de esa
tendencia. No hay mucha
inclinación a escribir
novelas de amor, no hay
apenas novelas de
aventura. Esto es una
carencia de la Editorial
y no sé por qué, porque
hay paisajes increíbles
y situaciones históricas
que se podrían rescatar,
pero debemos forzarlo.
Diez años atrás, el
Premio La Edad de Oro
convocaba temas
específicos dentro de la
novela y siempre era una
lucha, porque se quedaba
la mitad de los géneros
desiertos, pues rara vez
se encontraba un libro
que a la Editorial le
pareciera adecuado.
¿Cuáles otras
colecciones de reciente
incorporación o que
planeen incorporar
quisiera destacar?
Este año salimos con una
colección en el formato
de álbum medio ilustrado
de libro pequeño. Con
ese formato ha salido
una serie de
adaptaciones de ballets
que son muy gráficos en
imágenes y que se inició
con una versión de El
lago de los cisnes y
el Cascanueces,
de Dumas. Pensamos hacer
Giselle y El
pájaro de fuego para
el 2013. También para el
próximo año pensamos
sacar una colección de
canciones infantiles, no
un cancionero, sino
álbumes ilustrados,
libros de imagen, porque
estamos conscientes que
la riqueza de las
canciones infantiles se
ha perdido un poco,
sobre todo en los
círculos infantiles.
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Hay una colección en
proyecto que es Cien
preguntas. Ya está
listo para salir Cien
preguntas sobre Historia
de Cuba, de la
Doctora Francisca López.
Además, verá la luz
Cien preguntas sobre
José Martí, y
estamos preparando
Cien preguntas sobre las
ciencias. Queríamos
abordar distintos temas,
pero ese tipo de
literatura muy
especializada requiere
de otro tiempo de
producción y redacción.
Pretendemos reimprimir
los libros sobre el
origami y el papalote,
que fueron muy exitosos.
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Queremos hacer un plan
de producción que sea
también del libro y no
solo de literatura
—también hay otros temas
que no son literatura y
que son libros para
niños—. Es bueno hacer
libros de colorear, de
pasatiempos, que son muy
solicitados. También
tenemos una colección de
acordeones, con
preguntas y respuestas
sobre Historia, y los
troquelados que se
añadieron desde hace
tres años —fuimos los
punteros en esto a
partir de la tesis de
grado de una muchacha de
diseño—. Son muy bonitos
pero son muy complejos
porque aunque el costo
editorial es bajo, el de
la poligrafía es muy
alto. A la gente le
encanta, pero es una
producción completamente
subsidiada por el
estado. Son libros que
cuestan más caros, sin
embargo, tienen un
precio de venta mucho
más bajo.
¿Qué autores cree que no
se deban dejar de
mencionar en el recuento
de estos años?
Dora Alonso, que
abandonó la literatura
para adultos y se acercó
a la literatura para
niños con un interés,
con un apasionamiento,
con una dedicación… Fue
una autora que publicó
mucho y tiene también
una literatura
fronteriza hacia la
literatura para adultos
que pueden aprovechar
los niños. Onelio Jorge
Cardoso, por supuesto.
Eliseo Diego, con su
único libro para niños,
pero con todo su trabajo
teórico y de promoción,
él fue el de la idea de
fundar la revista
En
Julio como en Enero
y, por supuesto, Exilia
Saldaña, una persona que
marcó pauta. Renée
Méndez Capote también
trabajó muchos años en
esta Editorial.
Entre las generaciones
más contemporáneas
podríamos mencionar a
Teresa Cárdenas,
Albertico Yáñez —que
lamentablemente ya no
está entre nosotros—,
Antonio Orlando, Omar
Felipe Mauri, Olga
Marta, Magalys Sánchez,
Julia Calzadilla, Nersys
Felipe. Hay varias
generaciones de
escritores que han ido
marcando puntos
importantes en el
desarrollo de la
literatura infantil
cubana y, por supuesto,
van a seguir teniendo
aquí su espacio. De
alguna manera, su obra
va a estar representada
en todos los planes
editoriales que hagamos
y en los espacios que se
están creando en la
Editorial para el
trabajo sociocultural de
la comunidad.
¿Cuál es la mayor
fortaleza de Gente
Nueva?
La juventud. Tenemos un
colectivo muy joven,
lleno de inquietudes, de
iniciativas, eso junto
con la experiencia de
los años acumulados ha
permitido alcanzar una
media de excelencia para
hacer libros bien
estudiados,
editorialmente bien
trabajados. Es un reto
hacer un plan de casi
cien libros al año,
constantemente hay que
estar leyendo mucho, es
muy tensionante trabajar
contra un cronograma
como ese; pero creo que
se logra porque hay un
colectivo vivo, muy
dinámico, emprendedor. |