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Los grandes jugadores de
ese enorme e
impredecible casino que
es Wall Street, echaron
a rodar la bola de
Facebook. Los tres
bancos inversores que
dirigieron la colocación
de las acciones en la
bolsa de la mayor red
social del mundo,
hicieron hasta lo
imposible para que estas
tuvieran un elevado
precio inicial. Pocos
ganaron miles de
millones de dólares con
esa operación; mientras
otros todavía lamentan
la rápida explosión de
la burbuja de Facebook.
Durante mucho tiempo se
esperó la entrada de
Facebook en el índice
Nasdaq. Esa impaciencia
era comprensible, porque
cuando otros puntocom
sociales, como LinkedIn,
Groupon, Zynga y Pandora
optaron por llegar a
Wall Street, el interés
de grandes y medianos
inversores fue enorme.
Antes del movimiento de
Facebook hubo, como es
usual, una enorme
campaña publicitaria.
Además, la compañía que
dirige Mark Zuckenberg,
dio a conocer las cifras
oficiales que le había
entregado a la Comisión
de Valores de EE.UU. En
esa documentación,
Facebook reconoció
ingresos estimados, en
2011, en más de cuatro
mil millones de dólares
y beneficios cercanos a
los mil millones.
Todo esto se combinó
para que las 421
millones de acciones de
Facebook que se pusieron
en venta cotizaran, el
día inicial, a 38
dólares. De esta manera,
la valoración de partida
de la red social fue
superior, en casi cien
veces, a sus ingresos en
el primer trimestre de
2012. No fue difícil
identificar a los
principales
beneficiarios del
movimiento bursátil,
pues todos ellos son
reconocidos por sus
enormes fortunas; pero,
el lado de los
perdedores, es decir, el
de los que compraron las
acciones a ese precio
inflado, casi nunca tuvo
un rostro identificable.
El presidente de
Facebook, Mark
Zuckenberg fue de los
que decidió vender un
pequeño porcentaje de su
participación en la red
social. Las ganancias de
ese primer día fueron
espectaculares, porque
agregó casi mil millones
de dólares a su fortuna
personal y se convirtió
en el segundo hombre más
rico de EE.UU., solo
superado por el fundador
de Microsoft, Bill Gates.
La lista de “ganadores”
no es muy amplia e
incluye a poderosas
empresas como Accel
Partners, Tiger Global
Management; también a
empresarios como el
multimillonario ruso
Yuri Milner y el
cofundador de PayPal,
Peter Thiel. Además, los
tres bancos que
trabajaron en la
colocación de las
acciones, Morgan Stanley,
Goldman Sachs y JPMorgan
recibieron importantes
ingresos.
El frenesí de los
millones de dólares duró
poco tiempo. Las
acciones de Facebook
descendieron en pocas
horas e incluso
estuvieron cerca de caer
de los 30 dólares. Por
tanto, los que compraron
a precios tan altos
sufrieron cuantiosas
pérdidas. Las críticas
no se hicieron esperar,
especialmente sobre los
tres bancos colocadores,
ya que trataron de
inflar, cuanto fuera
posible, la burbuja de
Facebook, para recibir
mayores comisiones por
cada venta de acción.
Al darse cuenta del
fiasco bursátil, varios
inversores acusaron a
estos tres bancos, ante
tribunales
norteamericanos, por el
mal manejo de los datos
económicos. Ellos
consideran que las
entidades financieras
optaron por no dar a
conocer una revisión en
la que se reconocía una
probable baja en los
ingresos por publicidad
de la red social. Si
hubieran socializado esa
información, de seguro
las acciones nunca
habrían alcanzado un
precio muy elevado.
El modelo de negocio de
Facebook se basa en la
publicidad. La red
social “pone a
disposición” de los
anunciantes un mercado
potencial de 845
millones de usuarios,
muy bien segmentado por
países y preferencias;
sin embargo, ese modelo
también ha fallado. Los
primeros ejemplos de
desconfianza han llegado
de grandes compañías.
Por ejemplo, General
Motors decidió
interrumpir la
publicación de anuncios
pagados en Facebook,
porque dudaba de la
efectividad de los
mismos; mientras, la
cadena Gap y la boutique
J.C. Penney cerraron las
tiendas virtuales que
habían abierto en la red
social.
A pesar de las críticas,
ninguna de esas empresas
renunció a sus páginas
en Facebook —gratuitas—
porque parece imponerse
un criterio compartido
por no pocos: la red
social funciona para
socializar información
de todo tipo; pero no es
un centro comercial.
Los problemas generados
por la salida a bolsa de
Facebook volvieron a
demostrar una
preocupante realidad: la
burbuja financiera, esa
que terminan pagando no
precisamente los más
ricos, continúa
estallando. La falta de
transparencia alrededor
de la mayor red social
provocó el escándalo más
reciente; aunque,
probablemente, no será
el último. |