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El 12 de junio de 1992
trabajaba en Radio Reloj
y me tocó ese día
escribir para el espacio
Matutino de la emisora.
Fidel habló en la
llamada Cumbre de la
tierra y me
estremecí cuando le
escuché “una importante
especie biológica está
en riesgo de desaparecer
por la rápida y
progresiva liquidación
de sus condiciones
naturales de vida: el
hombre”.
Siguió con su discurso
de tan solo cinco
minutos, los que
conmovieron a miles y
miles de personas que
escucharon aquella
transmisión y terminó en
una ovación, menos, por
supuesto por la
delegación
norteamericana que
asistió a la importante
reunión convocada por
Naciones Unidas en Río
de Janeiro.
Han transcurrido casi 20
años de aquellas
palabras que cayeron en
los oídos sordos de los
llamados líderes
mundiales, léase jefes
de estado de los países
ricos.
Mientras, la
preocupación —y
ocupación— de algunos
países y numerosas
organizaciones que
luchan por preservar la
vida en el planeta,
realizan hincapié en las
llamadas especies en
extinción.
Por ejemplo el experto
en Diversidad Biológica
de la ONU, Ahmed
Djoghlaf, afirmó hace un
corto tiempo que la
pérdida de la
biodiversidad y el
cambio climático son las
dos caras de la misma
moneda. Y son consecuencia
de la actividad humana;
en tal sentido reveló
que la concentración de
dióxido de carbono en la
atmósfera de la tierra
se encuentra en un nivel
nunca visto desde hace
650.000 años.
Djoghlaf declaró:
“Estamos experimentando
la mayor ola de
extinciones después de
la desaparición de los
dinosaurios. Cada hora,
tres especies
desaparecen. Cada día,
más de 150 especies se
pierden. Cada año, entre
18.000 y 55.000 especies
se convierten en
extintas”.
Con frecuencia en la
prensa se publica, por
ejemplo, que 15.589
especies están
amenazadas de extinción;
en los últimos 500 años,
la actividad de los
seres humanos ha
condenado a la extinción
a 844 especies (o
extinción silvestre);
uno de cada cuatro
mamíferos y una de cada
ocho aves se enfrentan a
un riesgo de extinción
en un futuro cercano;
uno de cada tres
anfibios y casi la mitad
de la totalidad de las
tortugas terrestres y de
las tortugas de agua
dulce están amenazadas y
se estima que el ritmo
actual de extinción
supera el ritmo natural
de desaparición en
condiciones normales en
un margen de 100 a 1000
veces.
Expertos afirman que son
animales en peligro de
extinción cuando su
existencia se encuentra
comprometida a nivel
mundial. Esto es debido
generalmente a la
fulminación de un
recurso del cual
dependen todas y cada
una de las especies, ya
sea por parte de la
acción del hombre, como
la caza ilegal o la tala
de indiscriminada de
árboles, o simplemente a
cambios en el ecosistema
de la especie producto
de hechos fortuitos,
como ocurre con el
cambio climático.
Pero en esta definición
falta un animal que en
cualquier momento vuela
en pedazos: el hombre.
En una reflexión Fidel
decía: “Por
primera vez, la especie
humana, en un mundo
globalizado y repleto
de contradicciones, ha
creado la capacidad de
destruirse a sí misma.
A ello se añaden armas
de crueldad sin
precedentes, como
las bacteriológicas y
químicas, las de napalm
y fósforo vivo, que
son usadas contra la
población civil y
disfrutan de total
impunidad,
las electromagnéticas y
otras formas de
exterminio. Ningún
rincón en
las profundidades de la
tierra o de los mares
quedaría fuera del
alcance de los actuales
medios de guerra. Se
conoce que por estas
vías han sido creados
decenas de miles
de artefactos nucleares,
incluso de carácter
portátil.”
En ese mismo texto Fidel
razonaba: “Se puede
creer o no, desafiando
los datos, a mi juicio
irrebatibles, de los más
serios científicos del
planeta y la inmensa
mayoría de las personas
más instruidas y serias
del mundo, quienes
piensan que al ritmo
actual de calentamiento,
los gases de efecto
invernadero elevarán la
temperatura no solo 1,5
grados, sino hasta cinco
grados, y que ya la
temperatura media es la
más alta en los últimos
600 mil años, mucho
antes de que los seres
humanos existieran como
especie en el planeta.
Es absolutamente
impensable que nueve mil
millones de seres
humanos que habitarán el
mundo en el 2050 puedan
sobrevivir a
semejante catástrofe.
Queda la esperanza de
que la propia ciencia
encuentre solución al
problema de la energía
que hoy obliga a
consumir en 100 años más
el resto del combustible
gaseoso, líquido y
sólido que la naturaleza
tardó 400 millones de
años en crear. La
ciencia tal vez puede
encontrar solución a la
energía necesaria. La
cuestión sería saber
cuánto tiempo y a qué
costo los seres humanos
podrán enfrentar el
problema, que no es el
único, ya que otros
muchos minerales
no renovables y graves
problemas requieren
solución. De una cosa
podemos estar seguros, a
partir de todos los
conceptos hoy conocidos:
la estrella más próxima
está a cuatro años luz
de nuestro Sol, a
una velocidad de 300 mil
kilómetros por segundo.
Una nave espacial tal
vez recorra esa
distancia en miles de
años. El ser humano no
tiene otra alternativa
que vivir en este
planeta.”
Por todo lo anterior no
puedo evitar que cada
vez que despierte mire
por mi ventana para
cerciorarme de que a lo
lejos un hongo gigante
de humo no avanza hacia
nuestra Isla; tampoco
soporto que una gota de
agua caiga
constantemente desde
cualquier pila o que un
camión cisterna
despilfarre el preciado
líquido. No resisto ver
el mar gris por un día
nublado porque si
seguimos desbaratando
nuestro entorno así será
en un futuro.
Solo el hombre, ese
animal superior por
poseer un cerebro único
en el planeta, podrá
evitar devorarse a sí
mismo. Esperemos que su
inteligencia alcance
para tan colosal tarea. |