LA JIRIBILLA
NADIE PUEDE RESUMIR SU VIDA EN UN CUADRO
Amante de construir alas de cartón y apasionado por el vuelo de los gorriones, Pedro Pablo Oliva, pintor cubano contemporáneo, se acompaña de un ángel dulce que convence a los malos momentos. Confiesa sentir algunos complejos históricos pues su abuelo estuvo de parte de los españoles cuando emboscaron y mataron a José
Martí.
Autor Yarelis Rico
| La
Habana
La historia del abuelo lo conmueve hasta el punto de considerarse culpable, quizás por ello decidiera pintar a un Martí diferente, más cercano a la vida cotidiana, más vivo. Cuando conocí esta historia por boca de su hija Silvia sentí una gran curiosidad por el padre de mi amiga por entonces un señor que iba todas las semanas a visitarla a la beca. Pedro Pablo Oliva es de esos hombres que hablan con los ojos y me atrevería a juzgarlo como un soñador. Enemigo de las entrevistas, sobre todo grabadas, aceptó mi cuestionario con una sola condición. Responderlo por escrito.
Tomó pues las riendas de un antojo.
¿Cómo eras de adolescente, qué queda en ti del adolescente que fuiste?
Creo que era muy introvertido, con una especie de rechazo a todo lo que me oliese a grupo. Confiado y un poco loco , refugiado desde niño entre papeles y dibujos. Amante de construir alas de cartón y apasionado por el vuelo de los gorriones, de la palabra abierta y el chiste a primera mano. De aquel adolescente queda un dulce miedo al tumulto y una apasionada melodía por el vuelo y algo de humor popular. Lo que más lamento es la pérdida parcial de la locura.
El inicio suele ser difícil, le acompañó la buena ventura o todo lo contrario.
Todo inicio como tú dices resulta difícil, pero hay sitios donde casi todo resulta inicio por su innata inestabilidad. Creo que hasta ahora me acompaña un dulce ángel que habla y convence a los malos momentos. Intento rodearme de gente de buena voluntad y amor por el hombre.
Esos amigos siempre me han tendido la mano, conocedores espontáneos que siempre hace falta un pensamiento justo, una decisión justa, una palabra justa, una acción justa, un esfuerzo justo, una atención justa y una meditación justa.
Generalmente los artistas emigran hacia la capital del país, por qué tú no has seguido esta tendencia, qué te arraiga a tu ciudad natal.
Atrapo mi ciudad como ella me atrapa, son demasiadas las historias que descubro en cada rincón de mi Pinar del Río, con pocos atractivos pero repleto de recuerdos personales. Le hago falta a la ciudad tanto como ella me hace falta a mí. Hay muchas cosas hermosas que hacer para que mejore y yo puedo ayudar. Pinar del Río, como toda cuidad del mundo, necesita de asombro, intento dárselo. He preferido vivir en el pasado y hacer más coherente una existencia sin más complicación filosófica que lo cotidiano. Soy de la opinión que nada ayuda más al hombre que pasar por una calle cualquiera y que un señor mayor, o un joven te salude con un adiós. La vida continúa entonces con menos lagunas.
¿Qué es para ti la pintura, una forma de existir o una manera de ir viviendo?
Aquí se unen varias cosas. Parece que vine al mundo a pintar y como no sé hacer otra cosa no me queda más remedio que seguir viviendo haciendo lo mismo. Yo soy ese que aparece en mis cuadros y él soy yo. Existo en él así como él existe en mí. Pinar es mi forma de hablar. Todavía pinto con esas ganas enormes de cambiar el mundo.
¿Son los cuadros que haces, entonces, un reflejo psíquico emocional de tu persona?
Irremediablemente. Y lo digo con cierta preocupación porque en el proceso creativo salen a relucir traumas, complejos, alegrías, pensamientos ocultos y extrañas asociaciones que a veces lo racional encubre. Todo se mezcla en una amalgama que termina en eso que después valoramos como obra de arte y al final no es más que una constancia física y psíquica de un hombre que pensó y pasó por este mundo.
Quien observa tu obra descubre un constante reflejo de la realidad humana, vas y vuelves a conflictos sociales. ¿Por qué esa preferencia?
Te había dicho que uno es reflejo de su tiempo, eso es más viejo que el Valle de Viñales, unos artistas intentan explicarse el mundo de una forma y otros de manera distinta. Pero todos son el resultado del pensamiento de su época en mayor o menor grado. De las especies que pueblan la Tierra el hombre es al que más le debemos logros y desgracias. Posee tantas contradicciones en si mismo que resulta el más atractivo de los seres conocidos. Su lucha interna me atrapa sobremanera. De ahí ese interés por su comportamiento, formas de pensar y expresarse.
Hay en tus creaciones una presencia reiterada de José Martí, ¿a qué se debe?
Admiro a José Martí, su pensamiento, su acción . Rindo honor a ese hombre capaz de dialogar hasta con su enemigo y no ceder un ápice cuando se sentía dueño de su verdad. Historias de familia hicieron que me sintiera con algunos complejos históricos pues mi abuelo estuvo de parte de los españoles cuando emboscaron y mataron a ese quijote caribeño. Rindo en aquellos cuadros míos donde la imagen de Martí aparece, un homenaje sencillo a ese hombre al que intento traer a la vida cotidiana, y lo hago de esta manera. Vivo, mío y hogareño.
Por lo general los pintores se enmarcan en una generación. ¿Te consideras hijo de una época?
No. Tengo hoy cincuenta años y vengo acumulando experiencia desde 1949. Esas teorías que giran alrededor de una generación siempre me han parecido inexactas. Creo que luchar toda la vida lo hace a uno mejor. Un hombre lúcido incorpora las ideas nuevas a su historia, y un hombre joven toma lo mejor de los anteriores. Las ideas nuevas no traen toda la verdad, si no las nuevas ideas fueran eternas. Para mantener el equilibrio de una mesa de cuatro patas, hay que contar con todas, no lo decide una sola, ni siquiera dos.
¿Cuál ha sido la mejor etapa de tu carrera?
Aquella que aún no llega. He tratado de ser como debía ser en cada tiempo. No obstante extraño sobremanera aquellos años en que la obra de arte no era un producto comercial, los tiempos en que la creación artística era de principio a fin y los mecanismos de compraventa no existían. Momentos quizás de Utopía, pero que te permiten crear en cierta paz con tu espíritu. No era tampoco el paraíso, era lucha también de ideas. Ahora todo es distinto, mucho más cercano a la horrible realidad mercantil mundial.
Si alguna vez te decidieras a pintar tu propia vida, cómo lo harías.
Realmente no me sería nada fácil pues viajar hacia adentro es una de las aventuras más difíciles y lentas a las que pueda aspirar el ser humano. Puede uno equivocarse en cada valoración de su propia vida, incluso en hechos tan cotidianos como no saber el momento justo de cada conflicto y cuanto repercutió en uno. Correría el alto riesgo de obviar detalles importantísimos y que sin dudas intentaría reflejar. El amor a la vida, y el diálogo abierto, la ausencia de mi padre desde los seis años. Aparecerían mis tres hijos, Silvia, Leonora y Pablito. Seguro no olvidaría este afán porque la libertad no sea un discurso y sí algo real, palpable. No faltaría aquello de haber amado, dejar de amar y de nuevo seguir amando. Creo que pintar mi vida sería todo eso en su conjunto y muchos detalles más como la primera vez que contemplé el mar. Pero nadie puede resumir su vida en un cuadro.
PEDRO PABLO OLIVA:
NACIO EN PINAR DEL RIO EL l5 DE ENERO DE MIL NOVECIENTOS CUARENTA Y NUEVE. CURSO ESTUDIOS EN LA ESCUELA DE ARTES PLASTICAS Y APLICADAS DE SU PROVINCIA Y ES GRADUADO DE LA ESCUELA NACIONAL DE ARTE l970.
POSEE PREMIOS Y DISTINCIONES NACIONALES Y HA PARTICIPADO EN NUMEROSAS EXPOSICIONES INDIVIDUALES Y COLECTIVAS DENTRO Y FUERA DE CUBA
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