LA JIRIBILLA
Bejarano: EL CAMBIO COMO COMPROMISO

"No es fácil en estos momentos, y menos para un latinoamericano, trabajar sinceramente en su obra y además vivir de ella. La presencia del mercado no se puede negar. En mi caso ha habido como una concordancia entre mis intereses y los de algunos respetados galeristas. Nunca pudiera hacer un arte que se doblegue a los requerimientos del mercado. En esto también es decisivo el compromiso del autor con su obra". 

Amado del Pino | La Habana   

"...Algo de lo más destacado de la gráfica hecha en Cuba durante los años sesenta está a cargo de artistas cuya definición no dependía de filiaciones gremiales.(...) Antonia Eiriz, Umberto Peña, Sosabravo, Frémez, como Posada, Boza y otros, han sido artistas que se han expresado desde este o aquel medio, no necesariamente anclados en ninguno."1 Estas ideas del crítico Antonio Eligio (Tonel), publicadas recientemente en La Gaceta privilegian
una actitud ante el arte, una tradición múltiple en nuestra cultura en la que se inserta en la actualidad el creador Agustín Bejarano.

Con la aún juvenil y clásica edad de Cristo, Bejarano no da tregua a su cuerpo pequeño y fornido. La condición de trabajador incansable y pensador constante fluye en sus manos rudas de estirpe popular y en los ojos claros y rotundos que transparentan una vocación diversa, pero profundamente centrada en la creación plástica. Agustín puede conmoverse con un hecho cotidiano o con una espléndida guaracha de Los Matamoros. En noches de familia y amigos se revela como un travieso y eficaz bailador, pero con el primer rayo del sol volverá a la disciplina del estudio, al incesante laboreo que, a la manera de los grandes artistas, no obedece a un simple rejuego técnico o a "metas de alta productividad". Al pintor lo arrastran las preocupaciones existenciales, las visiones recurrentes de la llanura del Camagüey de su infancia, y las expresa continua, nítidamente.

Varios críticos señalan la importancia de Bejarano en el crecimiento y la definición del grabado en nuestro ámbito a través de sus búsquedas, cuajadas en la exposición Huracanes de 1989. Antes, y sobre todo a partir de esa fecha, el artista ha conocido los halagos de premios y reconocimientos. Tal vez el de mayor resonancia sea su primer lugar en la Bienal XI del Grabado Latinoamericano y Caribeño de San Juan, Puerto Rico, en 1995. De su actual regreso a la pintura ha dicho Janet Batet: "Del mismo modo que el creador se compenetra con el barro y lo insufla de vida, Bejarano explora la pintura en su calidad táctil, la escudriña y la compulsa al germen necesario."2

-Los críticos destacan la capacidad y vocación de tu obra para transitar de una técnica a otra. Para muchos resultó sorpresivo que después de ser uno de nuestro grabadores de mayor éxito, centres tu labor actual en la pintura. ¿Cómo se produjo este proceso y que diálogo estableces hoy día con el Bejarano pintor y grabador?

-Este tránsito se da en la cotidianidad misma de la creación y se convierte en natural cuando el creador ve la experimentación como algo cotidiano. Yo me considero, más que un pintor o un grabador, un creador. Mi principal compromiso siempre va a ser con el arte. Preferí la pintura desde los comienzos de mi formación; al grabado llegué buscando una ampliación de las posibilidades y los perfiles. Ahora no concibo la totalidad de mi obra sin lo que he aprendido de la gráfica desde el punto de vista de visualizar aspectos de la creación artística contemporánea. El grabado es como una escuela de alto nivel para continuar haciendo pintura. Esta técnica ha sido una formidable experiencia cognoscitiva y de entrenamiento, pero aun en los momentos en que me consagré sólo al grabado seguí sintiéndome pintor.
Dentro de la pintura me siento realizado precisamente por lo cambiante de mi trabajo. Ese sentido de la experimentación y del cambio pienso que me favorece más a mí que al arte. En virtud de esto procuro estar alerta y descontaminarme de cualquier artificio o manipulación que se interponga entre mis búsquedas y el resultado final.

-El sentido del humor y la presencia de lo rural han sido recurrentes en tu obra. ¿Qué factores de tu evolución personal y artística influyen en esos vínculos?

-Estos elementos forman parte de mis valores primarios. Me eduqué en un ambiente que, aunque no era campesino exactamente, poseía mucho de la cultura popular cubana. Atesoro imágenes muy fuertes de la finca de mis tíos; el singular paisaje que impone la ganadería camagüeyana... En cuanto al humor, no diría que es un tema en mi obra, sino un ingrediente que aparece con frecuencia. Quizás se haga más explícito en la serie Brisas del alma, donde estos dos elementos coexisten en una obra como Tropical playboy, que ofrece con cierto sentido del humor la imagen típica del guajiro cubano. Lo humorístico en mi trabajo se mezcla mucho con lo sarcástico, aunque, por momentos, también puede parecer ingenuo.

-En tus obras más recientes - pienso en la serie Marea baja - se aprecia una remisión a recursos expresivos que parten del teatro. ¿Se trata de una apoyatura formal o de algo conceptual?¿Es imprescindible el drama para develar los misterios del Caribe?

-Lo dramático es fundamental para comprender estas obras. Las angustias, las disyuntivas del hombre las asumo desde una posición bastante teatral. Eso está en mi pintura y también en el grabado. A veces las criaturas con que trabajo parecen retratos y a la vez personajes; están como diciendo: "Mírame, que quiero ser notado" Los que habitan mis cuadros van de lo concreto hacia la abstracción, son más personajes que personas, y creo que esa cualidad puede ayudar a hacerlos más universales. No me siento para nada un ser apartado de este mundo ni de las influencias de este tiempo. Aunque, repito, mi compromiso es con el arte y con las imágenes que me vi obligado a expresar. Sería injusto no reconocer la presencia y la lección de otros artistas, tampoco pretendo ponerme de espaldas al mercado. Pero lo primero es ratificar la individualidad, saber quién eres dentro de esta atmósfera finisecular. Distinguir entre estar en la avanzada y ser de tu tiempo o simplemente "estar de moda"; me parece decisivo atender mucho a tu formación ética, moral y, sobre todo, cultural. Muchos de los maestros del postmodernismo o de otros movimientos viven en otras circunstancias y tienen otra historia cultural.

-Hace poco la especialista Lupe Álvarez te citaba entre los grabadores que se han desentendido de purismos en la exteriorización de sus recursos expresivos y han renovado esta técnica. ¿Podrías concretar cómo se dan en tu obra esos rasgos distintivos?

-Creo que el hecho proviene de una necesidad creativa. A mí, por ejemplo, me resultaba extraño y a veces desastroso crear en metal. Nunca llegué a la creación realmente en el metal, a no ser en punta seca o en otro medio que fuera más directo y que se desentendiera de la acción del ácido. Después llego al trabajo sobre plástico, donde todo depende de la punta que lacera esa superficie, y rasgando sobre ella, y con otros recursos, voy logrando imágenes. Algunos dicen que yo inventé algo en esta técnica. No creo que sea tanto, lo que sí le imprimí fue mi personalidad artística. La etapa a la que se refiere Lupe fue de una gran intensidad emocional. Por esos días nació mi hijo, y mi esposa y yo vivimos momentos muy vitales y de muchas búsquedas en el grabado. Toda esta serie, Brisas del alma, es muy descamada, pongo en juego una serie de valores éticos relacionados con la familia y la convivencia humana. Aquí los protagonistas -siempre teniendo en cuenta el concepto de dramaturgia- éramos yo mismo, mi esposa Aziyadé y después mi hijo recién llegado.

-Sigue siendo tema en estos tiempos la vieja popularidad arte-mercado. Muchos, sobre todo en nuestro ámbito, lo ven como un peligro para la creación. En tu caso, un artista residente en Cuba, pero que se ha ido colocando en otras plazas, ¿cómo se ha dado esta dinámica? 

-Yo sigo trabajando con confianza en lo que hago. No es fácil en estos momentos, y menos para un latinoamericano, trabajar sinceramente en su obra y además vivir de ella. La presencia del mercado no se puede negar. En mi caso ha habido como una concordancia entre mis intereses y los de algunos respetados galeristas. Nunca pudiera hacer un arte que se doblegue a los requerimientos del mercado. En esto también es decisivo el compromiso del autor con su obra. El mercado está bien hoy contigo y mañana está mal, pero la verdadera aprobación y juicio del artista es consigo mismo.

-Tu regreso al arte de grabador coincide con el Gran Premio del Salòn Nacional del Grabado en 1997. ¿Qué significación práctica y conceptual tiene este galardón en tu producción actual?

-Este regreso significa también en cierto sentido para los demás y para mí mismo la confirmación de que nunca me ausenté mentalmente del grabado. Lo que ocurre con esta técnica es que requiere de un soporte material y de un ambiente de trabajo con el que no siempre he contado. Es por eso que es posible que la trabaje durante un tiempo y después la abandone por algunos meses. También influyen circunstancias anímicas y técnicas que siempre serán difíciles de explicar.

-De esa zona más artística, ¿qué coyuntura emocional y creadora propició la aparición de este grupo de obras que resultó premiada?

-Son piezas muy humanas, se refieren a aspectos de la vida cotidiana y no solo en su costado más placentero; en estas aparece el miedo, la incertidumbre, a la vez tienen mucha importancia en grabados como El gran harakiri la confirmación, la certeza del amor en su dimensión más amplia. Los ambientes de estas obras reflejan mi visión de la cotidianidad que abarca el entorno, la situación y el personaje.

-¿Hay en esta serie alguna novedad técnica con relación a tu obra anterior en el grabado?

-Más que novedad hay una reafirmación en cuanto a mi preferencia de hace unos cuatro años para acá por el trabajo sobre superficies plásticas. Lo nuevo puede venir a ser la obras misma y la mejor satisfacción está en insistir en un camino y ver que todavía te puede dar frutos.

Notas:

1 Antonio Eligio Fernández (Tonel). "Del grabado en el mejor sentido". En La Gaceta de Cuba, No.3, mayo-junio de 1997, Año 36,pp.55-57
2 Esta afirmación pertenece a las palabras al catálogo escritas por Janet Batet para la exposición Tierra húmeda, Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, 1992. 




2001. La Jiribilla. Cuba.
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