LA JIRIBILLA
Centro Asturiano
UN VIEJO ANHELO CUMPLIDO
Joel del Río
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La
Habana
Más de 1 300 trabajadores de todos los niveles, 17 000 metros cúbicos de material demolido, 15 000 metros cuadrados de piso, 37 kilómetros de canalización para el sistema eléctrico, esos son algunos detalles para garantizar esta nueva faz de nuestra principal instalación museológica, cuya sección de Arte Universal se inauguró ayer en el antiguo Centro Asturiano
En su segunda sesión inaugural, el Museo Nacional de Bellas Artes abrió otra vez las puertas de la colección de arte universal, que a partir de ahora se exhibirá en el antiguo Centro Asturiano, sito en las calles Zulueta y San Rafael. Tanto la sección de arte cubano como esta, consagrada a lo internacional, representan la consecución de un viejo sueño de los artistas cubanos y de todos los amantes de las artes plásticas. El acontecimiento ha sido catalogado, desde ya, como suceso de primera magnitud cultural, en tanto proveerá al país de una escuela de historia del arte cuya irradiación podría ser considerable, y ya lo está siendo de alguna manera. En conseguir semejante repercusión, más allá de los remozados muros, consiste uno de los inmensos retos que enfrentará la institución. Por tanto el compromiso del Museo se multiplica. Su renacimiento parte de un prestigio que no debe conocer otra vez períodos decadentes, azarosos ni de inexplicable laxitud.
En el impresionante Centro Asturiano, ese edificio de la calle Zulueta que muy pocos conocían por dentro y a fondo, en esta suerte de ecléctico resumen arquitectónico de tendencias y estilos, a escasas dos cuadras de la sede tradicional del Museo (ahora consagrado solamente al arte cubano) el visitante deambulará curioso por una instalación minuciosamente restaurada, con cinco niveles de exposición, entre los cuales puede trazarse un recorrido histórico por el arte pictórico, escultórico y ornamental de los antiguos egipcios, romanos y griegos. Si se decide por una excursión que cronológicamente lo transporte al pasado reciente de la humanidad, en orden cronológico, podría comenzar por estos albores en las civilizaciones antiguas del Mediterráneo, para después encontrarse con la colección de pintura renacentista y barroca procedente de España, Holanda, Italia, Flandes y Alemania. No faltan algunas muestras francesas, estadounidenses y latinoamericanas mucho más contemporáneas.
Como una especie de guía para quienes no conocen a fondo los tesoros del Museo Nacional, se ha redactado una guía que sugiere y explica las 25 obras fundamentales de las colecciones de Arte Universal, ayer reabiertas. En el Quinto Nivel, por el cual es recomendable que se inicie la visita para luego ir descendiendo, se concentran cuadros italianos, británicos, flamencos, holandeses y alemanes, de los cuales la guía mencionada recomienda las obras Bassano y Canaletto, Reynolds y Constable, Brueghel y Lucas Cranach, todos de sobra conocidos para quienes posean un conocimiento mínimo de la pintura holandesa en los siglos XVI-XVII.
El Cuarto Nivel concentra el arte francés del siglo XIX (imprescindible El retrato del Duque de Orleans, de Ingres) y las obras que por muy azarosos y dilatados caminos llegaron a nosotros desde el Antiguo Egipto (Cabeza de estatua de Amón), desde la Grecia y la Roma clásicas (Anfora Panatenaica, Relieve funerario de Palmira).
No todo el mundo sabe que el Museo Nacional conserva la mayor colección de pintura española fuera de Europa. El tercer nivel del Centro Asturiano se dedica al arte ibérico (Zurbarán, Murillo, Sorolla) y también aparecen obras del arte asiático como la xilografía japonesa llamada Escena de Kabuki, otra de las 25 joyas que la guía menciona como imprescindibles.
Una de las novedades con las que habrá que contar a partir de ahora es la Sala de Arte Latinoamericano y Estadounidense, en el Primer Nivel o planta baja, dentro de las cuales se recomienda apreciar, especialmente La inmaculada Concepción, del puertorriqueño José Campeche (siglo XIX) y el Retrato de un hombre, procedente de la Escuela de Charles Peale, del siglo XVIII.
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