LA JIRIBILLA
LAS SALAS DE ARTE DE LA ANTIGÜEDADITULO

 
Ana Vilma Castellanos Bisset  | La Habana   

La primera adquisición de piezas arqueológicas correspondientes a la antigüedad clásica por el Museo Nacional de Cuba se remonta a la década de los años treinta, cuando el ex-presidente José Miguel Gómez dona a la institución un busto  femenino y dos cabezas de mármol, las tres de la épca imperial romana. En aquel momento el Museo se encontraba en la casa de la calle Aguiar, en cuyas estancias se mantenían las obras en condiciones muy precarias, y los tres nuevos elementos vinieron a engrosar los muy hetergéneos fondos de la institución.

  En el año 1955, el Museo se trasladó al recién construido Palacio de Bellas Artes  y, un año más tarde recibió, entre otros beneficios, el depósito de un vastísimo surtido de antigüedades: la colección de los Condes de Lagunillas, fruto de los intereses y la paciente labor del Dr. Joaquín Gumá Herrera (La Habana 1909-1980), Conde de Lagunillas, durante más de veinte años.

 Según el Licenciado Miguel L. Núñez Gutiérrez, del Departamento de Investigaciones del museo Nacional(1) el Dr. Gumá comienza a interesarse por las antigüedades en la década de los años cuarenta y se convierte en coleccionista alrededor de 1945. Desde un inicio estuvo en estrecha relación con personalidades del ramo que lo asesoraron en sus numerosas transacciones de compra, y que inclusive, lo representaron en algunas de ellas. Las primeras adquisiciones las hizo en New York, pero rápidamente amplió su área de pesquisaje y estableció contacto con anticuarios de Londres, París, Roma, Florencia, además de Atenas y Basilea. Hacia 1946 ya el Dr. Gumá se había hecho miembro de los Museos Metropolitano y de Bellas Artes de Boston, lo que le permitió acceder a opiniones confidenciales especializadas sobre la materia, y propiciaron la cercanía de especialistas como William C. Hayes, Gisela Richter, Christine Alexander, George H. Chase y, posteriormente, Dietrich von -Bothmer, a quien Núñez define como "el discípulo predilecto" del afamado arqueólogo John Beazley. De esta manera cada una de las piezas adquiridas era estudiada, reconocida y certificada, lo que, indudablemente, redundaba en prestigio para su colección. La certera visión de Gumá para las antigüedades y su instinto de comerciante le permitieron articular dentro de su repertorio  un excelente cuerpo de vasos griegos de cerámica, que constituyó, sin lugar a dudas, el núcleo más importante de su colección, y que sigue siendo la muestra más atractiva de las actuales Salas de Arte Antiguo.

  Con el depósito de Lagunillas el Museo destinó, por primera vez, un espacio al Arte Antiguo propiamente dicho. El Licenciado Ernesto Cardet  Villegas del Departamento de Investigaciones del museo Nacional especifica en su trabajo "Instalaciones de la Colección Lagunillas", detalles de aquella primera museografía en la cual la concepción del despliegue estuvo a cargo del propio Dr. Gumá y del Dr. Francisco Prat Puig, arqueólogo español radicado en Cuba, y muchos años profesor de la Universidad de Santiago de Cuba (2). La Sala quedó inaugurada el 30 de mayo de 1956 con la participación de Dietrich von Bothmer, del Metropolitan Museum of Art, quien elaboró un catálogo de la cerámica griega y brindó una disertación sobre esta manifestación, utilizando piezas de la colección. Dos años más tarde, en 1958 el espacio fue modificado y se incluyeron fotos ampliadas de algunos vasos de cerámica (3). En estas nuevas labores de montaje participó el pintor cubano Mario Carreño.

  En el año 1959 el intenso movimiento social que implicó la Revolución Cubana propició una definición de las funciones del Museo, hasta entonces de carácter polivalente, y la institución quedó destinada, exclusivamente, a las Bellas Artes, entendiéndose entre ellas esta colección de arqueología clásica.  El área de las Salas de Arte de la Antigüedad se amplió a todo lo largo de una de las alas laterales del edificio, y para el nuevo espacio se concibió un segundo despliegue museográfico que partía de una separación inicial, por culturas, de las más de 500 piezas en existencia: Egipto, Grecia y Roma, y dentro de éstas, por salas. Estos nuevas labores de montaje requirieron un arduo trabajo de reinstalación de toda el área, y buena parte de éste fue realizado por el escultor cubano Eugenio Rodríguez Rodríguez, entonces Jefe de Personal, quien tuvo a su cargo el diseño de las vitrinas, de las bases para las piezas y de la réplica de una mastaba egipcia para la puerta de entrada a las salas. Las obras comenzaron en el año 1959, y las salas se abrieron al público en el año 1961 con el nombre de "Salas de Arte de la Antigüedad Condes de Lagunillas", como justo reconocimiento a la persona cuya generosidad propició su creación.

 En este nuevo despliegue el arte egipcio ocupaba la primera sala introducido por la mastaba. El montaje de esta sala, concebido por la escultora Rita Longa(4), explotaba al máximo la potencialidad de las piezas de pequeño formato; y lograba en un solo mueble diferenciar las áreas expositivas con claridad. Vasijas de alabastro y otros materiales -entre las que se cuenta la pieza más antigua de estas Salas: una vasija globular de piedra serpentina, datada a comienzos del tercer milenio a.n.e.-, representaciones de dioses en bronce, sellos reales de piedra dura, así como figurillas votivas de respondientes confeccionadas en madera y cerámica esmaltada, han devenido ejemplares de alto nivel artístico que ilustran lo que fue la cultura del antiguo Egipto. Abundante en cuanto a la variedad de materiales utilizados la colección incluía un buen número de fragmentos de estelas funerarias realizadas en piedra caliza, con ejemplares que van desde el Alto Imperio hasta la época ptolemaica. Mención aparte merece un papiro confeccionado durante el tercer período intermedio (ca. año 1000 a.n.e.), escrito en jeroglíficos perfectamente legibles y con una longitud de 3,25m.  Esta pieza se conoce en la literatura especializada como Papiro Hood, por el nombre de su primer propietario, Frankland Hood, quien lo compró en Tebas en 1858. Se mantiene en excelente estado de conservación.

  Inmediatamente a continuación de esta primera sala, se destinaron otras dos al arte griego. La primera de ellas tenía un breve núcleo introductorio del arte del Egeo que exhibía entre otras, producciones tan tempranas como un ídolo cicládico del 2500 a.n.e., gemas micénicas y  vasos de cerámica del período geométrico; la sala incluía parte de la plástica grecorromana, incluídas las estelas funerarias griegas, figuras de Tanagra y mármoles tarentinos. En la otra sala, más pequeña, se exhibían los bronces, vidrios y terracottas helenísticas, además de algunas piezas de mármol. La tercera sala de Grecia, con un área de más de 200 m², se ocupó, exclusivamente, con la colección de vasos griegos de los Condes de Lagunillas. Esta Sala de la Cerámica Griega era sin duda el punto culminante del recorrido por las Salas de Arte de la Antigüedad, por el alto número de exponentes, la integralidad de los mismos y su valor testimonial. La mayoría de los vasos eran de procedencia ática,  y buena parte de ellos estuvo destinada al culto funerario. Entre la multiplicidad de temas pictóricos representados se destacan los mitos pues no menos de cincuenta vasos abordan antiguas leyendas de la Hélade, que permiten apreciar la concepción de la pintura griega en cuanto a la simplicidad y  apreciación de la figura humana. La nueva distribución cronológica atendiendo a la época, estilos y centros de producción facilitaba la comprensión del fenómeno. La muestra justifica ampliamente la cita utilizada por el Dr. Luis de Soto Sagarra, quien fuera profesor auxiliar de la Escuela de Letras y Filosofía de la Universidad de La Habana, para resumir las cualidades de esta manifestación: "La cerámica...es como un comentario ilustrado de toda la antigüedad griega..."(5 ).

  Finalizaba el despliegue de arte antiguo con un amplia área rectangular -visible desde la Sala de Cerámica- dividida en cuatro salas, una a continuación de la otra, en las cuales se expusieron las piezas de arte romano. La acertada disposición de éstas, al igual que de la plástica griega, estuvo a cargo del Dr. Fernando Alvarez Tabío, graduado de la habanera Universidad de Villanueva, y cuya Tesis de Grado tenía entre sus objetivos de estudio la casa romana. Este nuevo montaje incluía los tres mosaicos de gran formato, donados por la Sra. Enriqueta Shueg, quien los había comprado en España en una subasta y que llegaron al Museo gracias a la gestión del Sr. Pepín Bosch (6). Las tres piezas fueron trasladadas en fragmentos al Museo y, posteriormente, reconstruidas y montadas sobre un mortero de cemento en el emplazamiento que ocuparían por más de treinta años.

La museografía del Dr. Tabío para estas Salas de Roma comunicaba un ambiente de placidez que aludía, por momentos, a conceptos establecidos en el mundo romano: un estrígilo de bronce se exhibía al lado de un torso masculino de mármol, en clara alusión al culto de la forma física; un armonioso torso de Afrodita estaba emplazado próximo a un espejo etrusco, sugiriendo el goce de la belleza femenina.

  Nada era casual en estas Salas de Roma. El tamaño de las tres primeras correspondía a las medidas de cualquier habitación de una villa romana y el emplazamiento de los tres mosaicos, atendiendo a la decoración, y de algunas piezas de arte republicano, aludían a la función que pudiera tener cada una. 

  El despliegue de arte romano -y con él de las Salas Antiguas- finalizaba con una sala más pequeña que las tres primeras en la cual se encontraban testimonios de arte funerario; entre ellos nueve retratos de Fayum, de época romana, de muy alta calidad.

  Esta museografía y montaje para las Salas de Arte de la Antigüedad, del año 1959, se conservaría hasta el año 1996. Las vitrinas diseñadas por Eugenio Rodríguez para la cerámica griega - en las que también se exhibieron los bronces helenísticos y plástica romana de pequeño formato- fueron desde el inicio objeto de comentarios. Las bases que soportaban los fanales de cristal eran verdaderas obras de arte, confeccionadas con planchas de latón que forraban una estructura interna de madera, y cada una incluía conductos eléctricos para la iluminación de las obras. Al margen de la aprobación general sobre lo novedoso del montaje para su época, siempre hubo criterios sobre el hecho de que tales vitrinas superaban su función de vehículo expositivo y casi se convertían en el centro de la exposición. Lo cierto es que, independientemente de la divergencia de opiniones tales bases le otorgaron a las Salas de Arte de la Antigüedad, y a esta Sala de Cerámica Griega, en particular, una exclusividad que las identificó hasta el momento de su desmontaje.

  En los primeros años de la década del sesenta el movimiento de público en torno a las salas fue bastante animado. No es de extrañar. Era ésta una colección absolutamente fuera de su contexto inicial, y grande tenía que ser el interés por las culturas mediterráneas, antecesoras de la nuestra, pero a la vez tan ajenas. Las ya establecidas Salas de Arte de la Antigüedad, se enriquecieron con otras donaciones, que no afectaron de ninguna manera la museografía de Alvarez Tabío. El donativo del Sr. y la Sra. Robinson -cinco vasos de terra sigillata, varios vasos de vidrio y tres proyectiles de honda (glandae)- permitió la creación de un núcleo destinado al arte de las provincias en la última de las Salas Romanas, al cual se integraron elementos existentes en los fondos del Museo y conservados en almacén. La Sala de Arte Egipcio recibió una de sus piezas más notables y elemento casi imprescindible en colecciones de este tipo: un sarcófago de madera pintada con su encartonado incluido. Fue este un regalo de la República árabe del Egipto en agradecimiento a la participación del Estado Cubano en el salvamento de los valores de Nubia(7). El espacio de la Sala Egipcia  no admitía una pieza de tales dimensiones, por lo que fue ubicada inmediatamente después de éstas, en un pequeño espacio que antecedía la primera sala de Grecia, con un montaje y una iluminación que acentuaban el carácter solemne de la obra.

  En los años setenta ingresaron a las Salas de Arte de la Antigüedad algunas estatuillas egipcias de bronce, provenientes de la colección del Sr. Antonio Nieto Cortadellas. Estas piezas habían sido compradas por el Dr. Joaquín Gumá, Conde de Lagunillas y canjeadas a Nieto Cortadellas por viejas reliquias familiares perteneciente a los Condes de Fernandina, antecesores de Gumá. También se recuperaron, gracias la gestión del Sr. Ricardo Olmos, del Centro de Estudios Históricos de Madrid, cuatro vasos de cerámica que el Conde había prestado a instituciones suizas(8).

  Después de la muerte del Dr. Gumá, en 1980, se encontraron en su residencia un torso praxitélico y varios fragmentos de cerámica que se expusieron en salas al igual que un escifo que la institución había adquirido poco antes de la colección de la Sra. Lidia Cabrera (9).

 El dinamismo en torno a las Salas Antiguas del Palacio de Bellas Artes se reflejó, también a través de la actividad científica. Ya desde la formación de la Colección Lagunillas, columna vertebral de estas salas, el Dr. Gumá se había relacionado con personalidades del ramo, algunas de las cuales se han mencionado ya.  William C. Hayes, y Bernard von Bothmer, curadores de arte egipcio del Metropolitan Museum de Nueva York y del Brooklyn Museum of Art, respectivamente, tuvieron mucho que ver en la compra de las piezas egipcias de su colección. Sir John Beazley publicó algunos vasos griegos en revistas especializadas de los Estados Unidos, en la década de los años cincuenta, y ya se ha mencionado el catálogo de cerámica de Dietrich von Bothmer, a propósito de la apertura de estas salas. En 1974 Witold Dobrowolski, arqueólogo polaco vinculado a instituciones alemanas, visitó el Museo Nacional e hizo algunas aclaraciones sobre las piezas que más tarde integraron el núcleo etrusco; y ese mismo año, la egiptóloga Jadwiga Lipínskaia, del Museo Nacional de Varsovia, publicó un catálogo en el que se relacionan todas las piezas de las Salas Egipcias. La colección de vasos griegos fue el tema de la tesis Greek Vases in Havanna, de la Dra. María Castro, profesora de la Facultad de Letras de la Universidad de La Habana, trabajo defendido exitosamente en la Universidad Humboldt, de Berlín en 1979. En 1981 se presentó en el Instituto Superior de Arte un trabajo sobre la restauración de cuatro vasos griegos de la colección Lagunillas, por Durán Rodríguez, restaurador del Museo Nacional de Cuba, con la participación, además, del Lic. Ernesto Cardet Villegas y la Dra. María Castro. Estas piezas, prácticamente se habían perdido en un accidente ocurrido en el aeropuerto de La Habana, 1956 (10). Utilizando los fragmentos conservados por Gumá como punto de partida se reconstruyó cada una de las piezas, e inclusive se recuperó la decoración de las mismas.

  En la década de los ochenta las Salas Antiguas fueron sede de numerosas actividades académicas: discusiones de tesis, charlas especializadas y, de alguna manera, surgieron proyectos de trabajo por parte de especialistas europeos que se materializarían años más tarde, entre ellos  el del arqueólogo Ricardo Olmos, del Centro de Estudios Históricos de Madrid, quien ya había visitado las Salas en 1982 y cuyo  Catálogo de los vasos griegos del Palacio de Bellas Artes de La Habana, fue publicado en 1993(11).

  Ese mismo año Othmar Jaeggi del Seminario Arqueológico de Basilea inició algunas pesquisas, sobre la colección en general y los espejos etruscos en particular, que publicó posteriormente: Dos espejos etruscos de la colección Condes de Lagunillas, en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana; Una colección de Arte Antiguo en La Habana y, en colaboración con S.Schmid, Beitrage zur Sammlung Lagunillas des Museo Nacional de Bellas Artes in Havanna (12).

  También desde el año 1993 especialistas de la Universidad de Humboldt, de Berlín comenzaron a realizar labores de asesoría sobre las piezas expuestas en salas y de certificación de las piezas que se conservaban en almacén. Los Drs. Detleff Rössler y Veit Stürmer han permanecido en estrecho contacto de trabajo con el Museo Nacional y han publicado, junto con el egiptólogo Christian Loeben y la Dra. María Castro, parte de las investigaciones realizadas en el trabajo Die Antikensammlung im Nationalmuseum Havanna(13).

  En 1994 la Academia de Ciencias de Cuba al Museo Nacional, en carácter de préstamo vitalicio, un número de piezas provenientes de las colecciones Boban, Romanones, de Charles Moldenke y, principalmente, del Colegio de los Hermanos La Salle situado en la antigua Quinta de Toca(14). Este donativo -que consistía, fundamentalmente, en tablillas y conos de barro con escritura cuneiforme- venía a engrosar el fondo de obras existentes en almacén, con condiciones para ser exhibidas y que demandaban su inclusión en las Salas.

  El año 1996 visitaron el Museo Nacional de Cuba especialistas del museo del Louvre, entre ellos Christiane Ziegler, curadora de arte egipcio. Venían especialmente interesados en una cabeza de Amón de basalto negro, de las Salas Egipcias, que podría corresponder a un torso conservado en el Louvre. Se realizó un trabajo conjunto que involucró a los Departamentos de Investigación y Restauración del Museo Nacional para confeccionar un negativo de la base del cuello de la cabeza y, finalmente, el Museo del Louvre certificó que, efectivamente, ambas partes correspondían a la misma pieza.

  El año 1996 el Museo Nacional cierra sus puertas al público para enfrentar un largo proceso de remodelación. La remodelación contemplaba la inclusión de un nuevo edificio para las colecciones de arte universal, entre las que estarían las Salas Antiguas. El desmontaje de estas salas fue un largo proceso que involucró varias instituciones cubanas y contó con la asesoría de algunas entidades tales como la Empresa Transportista S.I.T., española. Fue difícil asumir los trabajos de desmontaje  del papiro de las Salas Egipcias, por la complejidad del montaje y la fragilidad de la pieza. En febrero del año 1998,  a sugerencia de la Dra. María Castro, viajó a La Habana la Sra. Miriam Krutscht, del Museo de Boden, especialista en papiros, quien tuvo a su cargo las labores de desmontaje y los trabajos iniciales de restauración(15).

  La cantidad de obras que permanecían en almacén con condiciones para ser exhibidas; el número de piezas en Salas, cuya datación y origen no correspondía al área de exhibición; y, sobre todo, la idea de un nuevo espacio para las Salas de Arte Antiguo, con todas sus implicaciones, fueron, entre otras, las principales consideraciones, tomadas en cuenta por la Dra. María Castro quien, asesorada por los especialistas de la Universidad de Humboldt, propuso la creación de dos nuevos espacios en torno a la muestra principal: un núcleo de arte levantino y otro de arte etrusco. Los nuevos proyectos museológicos incluirían piezas existentes en los fondos del Museo, que nunca habían sido exhibidas, y otras correspondientes a dichas culturas, pero dispersas en las tres salas primitivas.

  De esta forma, con la apertura del Museo de Arte Internacional, han sido cinco las áreas de exhibición de estas nuevas Salas de Arte de la Antigüedad.  La museografía del Arquitecto José Linares, del Consejo de Patrimonio Cultural, es sensiblemente distinta de la anterior; no sólo por la creación de dos nuevos núcleos, sino porque ha debido utilizarse un nuevo concepto del espacio que requiere otro despliegue museográfico. A diferencia del recinto anterior, en los cuales el espacio se iba estructurando en salas localizadas  una a continuación de la otra -lo que, de alguna manera obligaba al espectador a un recorrido por orden cronológico-, éste es un gran salón oval, que proporciona una visión de conjunto inicial, y en el cual se puede acceder por separado a cada una de las áreas.     También el montaje de las piezas es diferente y se ha prestado especial importancia al tipo de iluminación que requiere cada pieza.

  Este libro incluye la fundamentación museológica de cada una de las áreas. Las tres curadoras aportan datos de interés acerca de las culturas representadas, a través del estudio realizado sobre cada una de las piezas. La concepción de los proyectos ha tenido una intención cronológica inicial, tratando de facilitar, con esta nueva propuesta, la comprensión de las principales culturas antiguas de la cuenca del Mediterráneo.

  El núcleo de Asia Anterior cuenta con 45 piezas, principalmente  de Fenicia y Mesopotamia. Posee vasos de cerámica del período geométrico, además de los mencionados ejemplos de escritura jeroglífica sobre tabletas y conos votivos de barro. Las piezas son de muy pequeño formato, lo que permite su exhibición en un espacio reducido.

   El arte egipcio ha sido desplegado según un nuevo concepto. Las obras exhibidas anteriormente en una única sala fueron distribuidas en dos: una dedicada al país y la vida en Egipto, y otra al culto funerario. Se añadieron  a la colección anterior algunas piezas nunca exhibidas con anterioridad.

  La propuesta museológica para el arte griego no alteró, en esencia su concepción primitiva: un primer núcleo de las culturas cicládica, minoica, geométrica y arcaica de pequeño formato; una sala de escultura con producciones que abarcan los períodos arcaico, clásico y helenístico; una tercera sala helenística y, finalmente, la sala de cerámica que conserva su sitio privilegiado dentro del área.

  El núcleo de arte etrusco –antes disperso por las salas helenística, romanas y de cerámica griega- cuenta con ocho ejemplares del arte de esta civilización tan poco conocida, aún para los especialistas.

  La colección de arte romano ha sido desplegada según núcleos temáticos. El montaje concebido para algunas de las piezas, como el capitel de columna romana, la vasta colección de vidrios y los retratos de Fayum es sensiblemente diferente. El nuevo proyecto para las Salas de Roma contempla la reposición de los tejidos coptos, retirados desde hace mucho tiempo, los cuales contarán, con el nuevo despliegue, con la iluminación y el montaje adecuado.

  Al igual que en las salas egipcias, hay un espacio dedicado al arte funerario. Esta colección de arte antiguo es la más grande de América Latina. Aunque poco conocida en América y prácticamente desconocida en Europa y otros continentes, es representativa por la variedad de estilos, estado de conservación de las piezas y, sobre todo, por su valor didáctico, lo que constituye una especificidad que no poseen colecciones famosas, debido a que ofrece la poco común posibilidad de poder estudiar casi todos los períodos del arte de la antigüedad, a través de ejemplos de alto valor artístico.


NOTAS

1.   Para un acercamiento a la historia de la Colección Lagunillas es imprescindible la lectura del trabajo del licenciado Miguel Luis Núñez Gutiérrez Historia de la Colección Lagunillas, publicado en el Catálogo de los Vasos Griegos de La Habana / Ricardo Olmos--1ªed.--Madrid: Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, 1993.

2.   Ernesto Cardet Villegas, Instalaciones de la colección Lagunillas, publicado en el Catálogo de los Vasos Griegos de La Habana / Ricardo Olmos--1ªed.--Madrid: Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, 1993.

3.   Miguel L. Núñez Gutiérrez, op.cit.

4.   Las referencias sobre Mario Carreño, Rita Longa y Eugenio Rodríguez, así como algunos datos relativos a los dos primeros montajes fueron aportadas por Ernesto Cardet Villegas.

5.   Cita de Maxime Collignon utiliza por Luis de Soto Sagarra en su trabajo: La cerámica como medio para conocer la Mitología, las costumbres y vida privada de la antigua Grecia, La Habana, 1924

6.   Archivos del Departamento de Registro e Inventario del Museo Nacional de Cuba.

7.   Archivos del Departamento de Registro e Inventario del Museo Nacional de Cuba, además de algunos detalles aportados por Ernesto Cardet.

8.   Conversación con Ernesto Cardet en agosto de 1998.

9.   Conversación con Ernesto Cardet en agosto de 1998.

10.               Miguel L. Núñez Gutiérrez, op.cit.

11.               Catálogo de los Vasos Griegos de La Habana / Ricardo Olmos, con la colaboración de Miguel L. Núñez Gutiérrez y Ernesto Cardet villegas--1ªed.--Madrid: Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, 1993.

12.               Las publicaciones de  Othmar Jaeggi sobre esta colección:Una coleccion de arte antiguo en La Habana. Artículo en Revista de Arqueología 16 Nr. 167, 1995, 36 – 43; Dos espejos etruscos con grabados de la Colección conde de Lagunillas, en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, Cuba. Artículo en el Boletín de la Asociación Española de amigos de la Arqueología 36, 1996, 135- 145; y O. Jaeggi –S. Schmid, Beitrage zur Sammlung Lagunillas des Museo Nacional de Bellas Artes in Havanna (Kuba). Artículo en Antike Kunst 39, 1995, 14 – 36.

13.               Die Antikensammlung im Nationalmuseum Havanna. Artículo publicado en la Revista Antike Welt, 29. jahrgang 1998. 3, pag.209.

14.               Datos aportados por Aimée Chicuri Lastra, curadora de arte egipcio del Museo de Arte Universal de Cuba.

15.               Las incidencias de todo el proceso de desmontaje de las Salas de Arte de la Antigüedad aparecen en un trabajo inédito de esta autora que se conserva en los archivos del Museo de Arte Universal.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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