LA JIRIBILLA
AHORA HAY DOS FUNDACIONES

Luis Ortega | Miami

HAY un viejo refrán español que dice que, cuando las cosas van mal, los socios entran en disputa. Eso es lo que le está pasando a la Fundación Nacional Cubano-Americana. Uno de los personajes históricos, el que llevaba al difunto Mas Canosa a tomar la comunión, acaba de inscribir otra Fundación legalmente. De modo que ahora tenenos dos Fundaciones. Dentro de poco tiempo, siguiendo la tradición cubana de la dispersión tendremos dos o tres o cuatro Fundaciones. Eso es muy bueno porque revela que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Jorge Mas Canosa fue un hombre hábil que logró levantar una fortuna enorme utilizando métodos, tal vez, poco convencionales. Pero no fue, en rigor, un dirigente político ni hizo nada a favor del país donde había nacido. Probablemente no sabía nada de la historia de ese país, pero supo, sin embargo, crear la ilusión de que era un líder político. Por lo general, los hombres que se consagran al servicio de su patria suelen arruinarse. Lo de Mas Canosa fue al revés. Por consagrarse a la patria... se hizo millonario. Es un caso único, y extraordinario, en la historia de las luchas políticas.

Fue, en realidad, Ronald Reagan el creador de la Fundación y Mas Canosa fue su instrumento. De ahí arranca la gran fortuna, hecha al calor de las relaciones con los funcionarios americanos. Allí comienzan los grandes contratos, la expansión de sus negocios, su influencia en Washington y su estrategia para centralizar con la Fundación toda la actividad contra Cuba. Pero la Fundación nunca tuvo un repertorio de ideas. Es más, nunca tuvo ideas. Tuvo, sí, propósitos. El fundamental era devolverle la isla a los americanos. Restablecer las relaciones normales de dependencia que Castro había cancelado desde 1959. Preparar el camino para una restauración de los negocios americanos en Cuba. Si Castro hubiera caído, es obvio que una jauría de cubanos y americanos habrían caído sobre Cuba para apoderarse de todo y castigar al pueblo cubano por haber tenido la osadía de sublevarse contra la metrópoli. Era un plan siniestro. Pero Castro tuvo la poca delicadeza de no caer. A Mas Canosa lo abatió el infortunio. Y Reagan entró en las sombras de su enfermedad. Así es la historia.

En veinte años, de 1981 al 2001, la Fundación no ha hecho nada, no ha aportado una sola idea al conflicto de Cuba. No puede exhibir un solo mártir. Ha logrado, eso sí, tender sus redes en todo el sur de la Florida, controlar altos cargos, meter dos cubanos en el Congreso y otros más en la legislatura estatal. Ha sobornado a numerosos políticos americanos para utilizarlos en sus negocios. Lograron pasar la Ley Helms-Burton mediante una fuerte inversión, pero, en definitiva, es una ley inaplicable. Su triunfo mayor, podría decirse, consiste en haber conseguido que Washington apretara más al pueblo de Cuba para reforzar el hambre y la miseria en la isla.

Algún día, porque todo es posible, cuando Cuba consolide su independencia, cuando los Estadas Unidos entiendan que es mejor respetar la soberanía del pobre país que seguir acosándolo como han hecho durante 42 años, lo cual es un baldón para Washington, cuando toda esta pesadilla haya pasado, algún día, que yo no veré, es posible que un gobierno cubano agarre la lista de los miembros de la Fundación Nacional Cubano-Americana y los ponga en una lista negra de los enemigos de Cuba, para que quede constancia ante la historia de la conducta que han tenido estos hombres. Es posible que estas gentes, en su profunda ignorancia, no hayan entendido que al sumarse a la Fundación para matar de hambre al pueblo de Cuba, mientras ellos se han ido enriqueciendo por medio de las presiones del grupo, han cometido un delito de alta traición al país en que nacieron. Yo creo que, en realidad, siguiendo una tradición muy cubana, muchas de estas gentes no se han dado cuenta de lo que han hecho. Ahora, si leen estas líneas, se indignarán, sin duda, pero luego, en la soledad de sus cuartos, tal vez en la madrugada, que es cuando se siente más la soledad, sentirán el peso de la culpa. Porque la hay.

Claro está que ya se puede expedir el certificado de defunción de las dos Fundaciones que ahora existen en el mercado. La disputa actual entre Ninoska y el hijo de Mas Canosa, con toda probabilidad, es por dinero. Es lógico que entiendan que ya no necesitan mantener un programa como el de Ninoska, en el cual se ha estado insultando a todo el mundo desde hace quince años. Es lógico que los dirigentes de la Fundación no quieran seguir gastando dinero en los planes delirantes de algunos viejos que se pasan todo el tiempo hablando de matar a Fidel Castro y luego no matan a nadie. La Fundación, desde sus inicios, fue una farsa, fue simplemente un instrumento para hacer buenos negocios mediante el lobismo. Políticamente, en 20 años, no han hecho absolutamente nada, ni los viejos ni los jóvenes. Es inteligente, en realidad, lo que están haciendo. Reducir gastos, sacudirse algunos viejos delirantes, darle entrada a gentes jóvenes capaces de hacer buenos negocios, concretar sus aspiraciones, en síntesis, contraerse a lo esencial. Desde el punto de vista estrictamente económico eso es lo correcto. Yo creo que merecen una felicitación.

Al ir desapareciendo la Fundación, algo que llevará tiempo, y mientras pasa el tiempo, la heroica lucha contra Cuba cae en manos de un líder casi octogenario llamado Armando Pérez Roura, asistido de otro viejo delirante, llamado Tamargo, y con la asesoría de una mujer excelente y enérgica llamada Marieta Fandiño. El trío Pérez Roura, Tamargo, Marieta, va a recoger ahora la antorcha que la Fundación ha dejado apagar. En estos tres personajes esperpénticos está viniendo a terminar la tragedia de Cuba. Lo que empezó un poco heroicamente en 1959, con un largo cortejo de muertos, termina en los años primeros del siglo como un sainete de relajo.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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