| LA JIRIBILLA QUIERO ABRIR MI VOZ AL MUNDO Cuando en 1969, por iniciativa de Alfredo Guevara, presidente del ICAIC, y bajo el magisterio de Leo Brouwer, se unieron aquellos jóvenes trovadores e instrumentistas, sucedía un hecho trascendente para la cultura cubana. Allí funcionaba un taller de creación, una escuela, en las que todos aprendieron de las enseñanzas de Leo, Federico Smith y Juan Elósegui. En el GES, Silvio Rodríguez, Noel Nicola y Pablo Milanés no solo encontraron un espacio de expresión, sino que descubrieron secretos de la creación musical, incluida la orquestación y técnicas de grabación. No podrá hacerse recuento alguno de aquel colectivo si mencionar a Santiago Álvarez. La música del GES tuvo inmediata acogida en el Noticiero ICAIC que cada semana creaba el inmenso documentalista. Pero el Grupo tenía, además de sus músicos, un componente fundamental: su público. La juventud de los 70 se identificó a plenitud con la música y las canciones. Aquellos escasos conciertos en la Cinemateca, o el efectuado en el teatro Amadeo Roldán, resultaron acontecimientos inolvidables. Era la oportunidad de ver en vivo a los trovadores acompañados de una instrumentación moderna. Pasarán los años y siempre quedará en la memoria la música de Experimentación Sonora o del Grupo ICAIC, como indistintamente le llamamos. Con sus canciones y música reafirmamos nuestro empeño de que nuestra voz "llegue al último confín", y la convicción de que Cuba va, aunque "algún machete se enrede en la maleza" o "alguna noche las estrellas no puedan salir". |
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