| LA JIRIBILLA ENTREVISTA DE WIRED CON LA JIRIBILLA - ¿Cuándo empezó el proyecto de la Jiribilla? ¿Cómo empezó? ¿Qué los inspiró a realizarlo? Empezó... de milagro, un impredecible tres de mayo, hace poco menos de tres meses. Un grupo de locos, entre ellos esta editora, sin más instrumentos que una laptop "de palo" -como le decimos acá al computador antediluviano-, una bicicleta china con motor y una voluntad a prueba de bombas, comenzamos a armar esta Jiribilla en la redacción del diario Juventud Rebelde. Su staff es el más informal que se pueda encontrar en un medio electrónico: somos un grupo de periodistas e intelectuales jóvenes que, después de su jornada laboral en otros ámbitos y sin recibir un centavo a cambio, se dedica a este proyecto digital con la pasión del alquimista que ha encontrado la fórmula del oro. Parodiando a Hemingway, La Jiribilla no era, sino es, una fiesta, y esperamos que siga siéndolo. Nos motiva, en primer lugar, la alegría de disfrutar nuestra cultura, de estar juntos, de mirar el mundo con desenfado y humor, y, por supuesto, de insertar en el espectro de los medios en Internet un punto de vista objetivo sobre la realidad cultural cubana, que muchas veces suele ser manipulada o desconocida fuera de la Isla. La Jiribilla es cualquier cosa, menos un negocio. Se arma semanalmente con muy pocos recursos -de hecho surgió sin ningún presupuesto-, pero con la colaboración no sólo de especialistas en computación recién graduados de nuestras universidades, muy talentosos, sino de artistas que recién estrenan sus primeras obras, y de escritores y pintores consagrados, nombres imprescindibles de la cultura cubana que han acogido con entusiasmo el proyecto. Hay gente muy buena enrolada aquí. Hemos tocado muchas puertas y de hecho las principales instituciones culturales del país están colaborando con nosotros de manera incondicional. El Instituto Cubano del Libro, por ejemplo, ha donado textos originales -algunos inéditos-, entrevistas y reseñas de los escritores más importantes del país. La Fundación Fernando Ortiz, que dirige el escritor Miguel Barnet, nos ha cedido sus investigaciones sobre etnología y folclore, que están apareciendo en nuestra sección La Fuente Viva. El Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) nos ha entregado películas, fotografías y materiales de sus fondos, sin costo alguno. Contamos con un archivo musical, que hemos estado incorporando en nuestra discoteca, gracias a la generosidad de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, EGREM. De modo que, convocados por el ángel de la jiribilla, en nuestros números el lector puede contar con caricaturas, pinturas, dibujos animados, obras de nuestros principales cantautores y músicos, y, por supuesto, información cultural de actualidad y artículos de escritores y periodistas cubanos y de otras latitudes, sobre asuntos relacionados o no con un tema que, en cada número y en forma de dossier, centra nuestra edición. Y así, distintas generaciones han coincidido en nuestra web: Silvio Rodríguez, Amaury Pérez, Miguel Barnet, Enrique Núñez Rodríguez, Pablo Armando Fernández, Roberto Fernández Retamar, Cintio Vitier, el pintor Kcho... colaboran permanentemente con nosotros. - ¿Cuál es su misión? Hablar de misión me parece demasiado pomposo, pretencioso. No nos hemos planteado una misión específica, sino reflejar la vida, la respiración cotidiana de nuestra cultura, abrir un espacio para nuestros creadores, dar a conocer los eventos que ocurren dentro y fuera de la Isla y registrar la presencia de la cultura internacional entre nosotros. La actualidad nos sugiere los contenidos y, en la medida en que La Jiribilla ha ido ganando en lectores, estos han ido proponiendo asuntos y debates que hemos asumido también en nuestra web. Al propio tiempo, no renunciamos a la discusión política directa que tiene lugar en el ámbito de la literatura y la cultura general y que, en lo que a Cuba se refiere, suele estar viciada por los prejuicios y los estereotipos. Intentamos desmentir las campañas en este terreno contra la Isla, pero no desde el odio -del que suelen estar poseídos los ataques que nos hacen-, sino desde el más limpio apego a la verdad y desde el humor, rasgo este último que define el nombre que hemos escogido para el sitio. La Jiribilla es cubanísima y desalmidonada, pero nunca vulgar, como si lo son tan a menudo sus enemigos. Jiribilla es un cubanismo, una expresión del habla popular cubana que significa inquietud y travesura, sobre todo en un niño o en un joven. Es una palabra, además, que para nosotros encierra un hondo simbolismo, pues suele ser recurrente en la obra de importantes autores cubanos muy conocidos, como José Lezama Lima y Raúl Roa. - ¿Hacia qué audiencia se dirigen Uds.? ¿A quiénes buscan Uds. interesar? Este sitio surgió sin un diseño definido de audiencia. Le diría que aún no lo tenemos. Nos interesan públicos muy diversos, y de hecho se están acercando a nosotros desde intelectuales, profesionales y gente del mundo académico norteamericano, hasta personas más humildes que acceden a Internet desde una biblioteca. Por ejemplo, el número que discutió la obra del historiador Manuel Moreno Fraginals, alcanzó tantos accesos, como otro donde la música popular cubana tuvo un peso notable, La audiencia no fue nuestra primera preocupación. Queríamos hablar de la realidad de una cultura muy sólida, con una proyección y un alcance impresionantes, que no suele tener la difusión internacional que merece. La audiencia ha ido definiéndose después y en cierto modo nos ha sorprendido. No nos imaginábamos que LJ iba a tener tan extraordinaria repercusión en un sector cada vez más amplio de emigrados hispanoparlantes en Estados Unidos -es el 75 por cierto de nuestros lectores-, básicamente cubanos residentes en ese país que no tienen una posición hostil hacia Cuba y que nos expresan diariamente, a través de decenas de correos electrónicos, la necesidad de esta publicación, su relación cada vez más cercana con ella y la trascendencia de ese reencuentro semanal con sus esencias. Para sorpresa y alegría nuestra la audiencia se ha ido ampliando con cada número y está básicamente integrada por emigrados en Estados Unidos, cubanos de la Isla y otros residentes en Europa, básicamente en España, latinoamericanos, muchos mexicanos y, en menor medida, personas de muy disímiles nacionalidades interesadas en la cultura cubana y que dominan el español. - La revista tiene artículos bastante polémicos, sobre todo con respecto a escritores y periodistas cubanos en el exilio. ¿Cuál es su opinión acerca de la relación entre la cultura cubana creada fuera de Cuba, y aquella creada en la Isla? Promovemos la cultura cubana desde el respeto absoluto a sus exponentes, sin hacer concesiones de calidad y teniendo en cuenta el objetivo del número en el que se inserta. Así han aparecido textos originales, entrevistas o reseñas dedicadas a varias generaciones de escritores y artistas residentes en el país o emigrados. Un importante escritor cubano, residente en México, es uno de nuestros columnistas habituales. Algún otro conocido escritor, como Guillermo Cabrera Infante, sencillamente no está porque él ha prohibido la difusión de su obra en Cuba. Un odio irracional le ha impedido que en su país de origen se conozca lo mejor de su literatura. Hemos querido detenernos en uno de los rasgos de nuestra política cultural: estudiar y difundir la obra y los aportes de los creadores cubanos, dondequiera que vivan e independientemente de sus ideas políticas. Y esto lo vemos día a día en acciones concretas de promoción cultural. Un ejemplo muy reciente: el Museo Nacional de Bellas Artes, que acaba de reinaugurarse, exhibe en su exposición permanente a artistas plásticos cubanos emigrados, vivos o muertos, de todas las generaciones y de todas las tendencias. Lo que realmente limita los intercambios culturales entre Cuba y Estados Unidos es la política esquizofrénica del gobierno norteamericano que impone restricciones de toda índole, apoyándose en leyes arbitrarias y extraterritoriales. Como se sabe, el bloqueo no es una entelequia, gravita permanentemente sobre la vida no solo de quienes habitamos esta geografía, sino de los emigrados cubanos que son sometidos a situaciones totalmente anormales, al aislamiento cultural y a aberradas maneras para contactar y visitar su nación de origen. Los ciudadanos norteamericanos en general son también limitados por estas leyes en sus derechos constitucionales, cuando se les impide visitar nuestro país y se les somete por ese "terrible delito" a persecuciones y sanciones. Suena absurdo, pero el gobierno norteamericano sigue siendo un rehén de las posiciones más reaccionarias e intolerantes de un sector minoritario, pero muy influyente de la emigración cubana en ese inmenso país, de un getto que politiza permanentemente todo vínculo con la Isla y que no ha dudado en poner hasta bombas en conciertos de artistas cubanos con tal de que este intercambio no se produzca. Prueba de esto lo puede encontrar en nuestra Jiribilla o si lo prefiere, en el Miami New Times. - ¿Qué representación se quiere hacer de la cultura cubana? La más variada y múltiple; la que contenga sin contradicciones los mensajes éticos más elaborados y la más autentica y vigorosa cultura popular. Lo mejor en estos casos, y es lo que queremos hacer siempre, es dejar hablar a nuestra cultura, a nuestros creadores. La cultura cubana es capaz de representarse por sí misma. Nosotros sólo hemos sido un vehículo de presentación de esa realidad plural, compleja, desprejuiciada y libre, con raíces muy profundas en su ámbito, pero también con una gran vocación universal. |
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