LA JIRIBILLA
CONVERSANDO CON
EL CHARANGUERO MAYOR

La Charanga Habanera es una idea, un concepto que escapa a las academias, eso es algo difícil de explicar cuando se trabaja con conceptos fundados en la experiencia personal y en romper esquemas.

Emir García Meralla
| La Habana


El barrio de El Fanguito es la frontera natural de la barriada del Vedado con el municipio Playa, y ha sido durante años fuente inagotable para las mil y una historias que enriquecen la imaginería popular. El Fanguito es, a esta hora del mediodía, el termómetro musical necesario para probar a plenitud cada una de las propuestas que después serán avaladas, o no, por el resto de los bailadores de Cuba y allende los mares que siguen a la Charanga Habanera y a David Calzado.

-David, El Fanguito no es uno de los reputados y conocidos cuarenta y tres barrios de La Habana...
-Sucede que con la gente de este lugar tengo una deuda afectiva de por vida y en especial con Kiki, un amigo de la infancia que ha puesto todo su empeño en la existencia de la Charanga Habanera.

-Comencemos, entonces, por los tópicos habituales: la infancia, la familia y esas cosas necesarias para presentarte a los lectores.
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De acuerdo. Soy hijo de Sergio Calzado, ex cantante de Fajardo y sus Estrellas, que después cantó con las Estrellas Cubanas de Félix Reina; sobrino de Rudy Calzado, otro gran cantante, y de todos los Calzado músicos que puedas encontrar en Cuba y en cualquier lugar.
El otro tronco de la familia, el materno, también es musical: nieto de Ángel Almenares y sobrino del que también se llama así y aún puedes escuchar en la Casa de la Trova allá en Santiago de Cuba, con una madre capaz de hacer unos segundos envidiables, y sobrino de Migdalia Echevarria, santiagueros todos por los cuatro costados...
El instrumento lo empecé tarde, a los once años, o sea con cuatro de retraso con relación a los programas de estudio del conservatorio. Te confieso en exclusiva que escogí el violín porque quería ser igual que Félix Reina, hacer esos solos que él hacía en los danzones, tocar con esa maestría.
Observarlo tocar el violín en las presentaciones de la orquesta, ver a mi papá cantar con aquella charanga, jugar al baloncesto y a las bolas con Kiki aquí en su barrio eran mis tres grandes pasiones de la infancia.
En el conservatorio el sueño creció y además de ser violinista de una charanga quería ser el concertino de una gran sinfónica, y lo logré a pesar de haber sido expulsado de la Escuela de Arte en dos oportunidades por "incompatibilidad disciplinaria" (armamos una charanga en la escuela y tomamos prestado un bajo a espaldas de la dirección, pregúntale a Enrique Álvarez); y gracias al tesón del profesor Evelio Tieles, que siempre confió en mis aptitudes con el instrumento y a pesar de estar expulsado continuó dándome clases e insistió para que yo fuera el concertino, toqué el "concierto No 3"de Bach con la sinfónica de la escuela.

-¿ Y la vida profesional dónde tiene su inicio?
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Permíteme que te aclare algo. Para ser consecuente con mi propia vida, yo mejoré disciplinariamente al salir de la escuela. Mi primer trabajo es como primer violinista en la Orquesta de Pancho el Bravo, una charanga - ¿te imaginas?- sin llegar a los veinte años y tener un salario de más de trescientos pesos, una locura. Allí todo fue bien hasta que me aparecí a un ensayo con un arreglo hecho por mí que gustó a todo el mundo y el director me pidió que prescindiera de los servicios de la orquesta. Fugazmente pasé por Iresón y un arreglo me hizo cobijarme en la Ritmo Oriental, donde encontré la compatibilidad necesaria para mis arreglos y mi disciplina durante unos cinco años, además de trabajar con grandes músicos como Enrique Lazaga y Tony Calá y vivir la experiencia de un puente en Alamar que salvó la vida a toda la orquesta...en Alamar el agua no me llevó, ¿Te acuerdas de aquello? 
Después dediqué un buen tiempo a producir discos en la EGREM para diversos artistas, Beatriz Márquez y otros cantantes, hasta que entro en los Violines de Tropicana como solista. Yo también hice "sopa"y lo digo con mucho orgullo; digo más, hacer sopa en la música es una especialidad, y si es en Tropicana hay que tener mucho talento y una gran cultura de lo que internacionalmente gusta a los clientes, y esa experiencia me sirvió de mucho para el futuro.

-¿Cuándo comienzas en la Charanga Habanera?.
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Por esas cosas de la vida yo estaba trabajando, haciendo el solo habitual, el día que un empresario francés estuvo en Tropicana. El había venido buscando músicos para hacer una orquesta que trabajara en el Sporting Club de Montecarlo, un importante casino, y mostró mucho interés en que se me incluyera en ese formato. Estamos hablando del año 1988. Ese  es el verdadero origen de la Charanga Habanera.
A Montecarlo íbamos todos los años. Hacíamos una larga temporada y, al regresar, cada músico tomaba su ruta y hasta la fecha de la próxima salida. Éramos una orquesta famosa fuera de Cuba que tocaba un repertorio de música tradicional cubana e internacional, que se codeaba con las grandes estrellas del espectáculo, del cine, la moda y del deporte - estábamos en un gran casino, no olvides ese detalle, y tengo bien guardadas las fotos- pero totalmente desconocida aquí. Terminada la gira 90\91 en el casino y ya como director de la orquesta, le propongo a los músicos cambiar la filosofía de trabajo, era hora de hacer cosas en Cuba, en un momento de gran efervescencia en lo musical bailable, donde el riesgo de fracasar era cero o cien, y, lo que es más importante, dejábamos la seguridad económica del contrato en el casino por la aventura de ser famosos y populares en nuestra tierra. En honor a la verdad me jugué todas las cartas posibles y comenzamos a trabajar en el cabaret Caribe del hotel Habana Libre, en el segundo show con todo el apoyo de Santiago Alfonso. De ahí proviene la primera generación de seguidores de la orquesta.

-Pero para una plaza pública o para un baile hace falta tener un repertorio adecuado.
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En ese momento comenzábamos a tenerlo. Lo primero que grabamos para difundir por la radio fue un tema de Giraldo Piloto, Fiebre de Amor, y otro de Leonel Limonta Extraños Ateos, y ambos corrieron como pólvora, pero faltaba que la gente nos viera en vivo, que sintiera la orquesta fuera del cabaret y llegaron las oportunidades, porque fueron dos a la vez.
La primera fue una fiesta de la empresa Benny Moré en La Tropical, nuestra empresa, y la segunda fue un concierto en ese mismo lugar en el que fuimos presentados por Juan Cruz como "los elegantes de la pista". Al otro día de esta segunda presentación la gente ya hablaba de nosotros.

-Era el comienzo del Boom de la música bailable.
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Era un momento difícil, si lo miras fríamente. Había muchas buenas orquestas compitiendo por el favor de los bailadores Isaac estaba en sus comienzos muy bien, cada tema suyo era un hit, Adalberto por el mismo camino, los Van Van ni qué decirte, la Revé, la misma Oriental de Manzanillo, Paulito comenzaba a sofocar a toda Cuba y NG la Banda, que era la orquesta líder del momento, al extremo que muchos músicos comenzaban a descifrar la fórmula de hacer la música del Tosco.

-¿Y cómo se insertó la Charanga Habanera en ese entorno?
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Por increíble que parezca, en la música popular siempre hay espacio para uno más. Nuestra fórmula estuvo en ese primer momento en la imagen y en la proyección escénica, el montaje de las coreografías, la alternancia de los instrumentos y en el tratamiento a los estribillos o coros. Antes de la Charanga Habanera no había en la música popular cubana una visión del bailable como una puesta en escena. Los cantantes bailaban a su modo, pero el pensar en una coreografía, en un tratamiento del vestuario para dar una intención, no recuerdo que hubiera una en toda la etapa anterior a nosotros.
Recuerdo que el trabajo en Montecarlo nos puso al corriente de las vanguardias en ese tipo de show, agrega un poco de nuestra imaginación y ahí puedes encontrar parte de la clave del triunfo inicial. Después de la Charanga...los cantantes comenzaron a pensar en movimientos orgánicos en la escena y en hacer sus pasillos.
Los bailadores y la gente comenzaron a reconocernos como algo distinto, dedicaban tiempo a observarnos y a pensar qué harán después, y eso fue un reto en nuestro trabajo. La otra parte del triunfo estuvo en los textos y en el modo de hacer los arreglos. En Fiebre de Amor modificamos el modo de hacer el coro. Oye este ejemplo y compara: échale limón... (interviene el líder) échale limón..., ese es de NG la Banda. Ahora escucha el nuestro: ahí , me sube (pausa musical con entrada de mambo) la fiebre...y sobre éste montamos el segundo coro...y fue tanto que me subió, que como una bomba estalló...me sube...Y ahora observa la paradoja musical: el coro de la Charanga Habanera es a tres o cuatro voces, al estilo de la Aragón, de las Estrellas Cubanas de Fajardo, de la misma Ritmo Oriental; es un coro charanguero por excelencia. Yo no descubrí el agua fría, lo que sucede es que estaba ahí, almacenado en mi cerebro, y lo trasmití a una generación.

-Pero tu formato orquestal se aleja de la charanga clásica.
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Tú quieres provocarme. En un principio teníamos violines, viola, trompeta, flauta y saxofones. Hay charangas de viento y de cuerdas e incluso mixtas como la de Jorrín o los Van Van. Yo no hice más que tomar lo que existía y agregarle el espíritu. La Charanga Habanera es una idea, un concepto que escapa a las academias, eso es algo difícil de explicar cuando se trabaja con conceptos fundados en la experiencia personal y en romper esquemas. Además, las primeras charangas eran con viento y madera.
Personalmente pienso que los músicos populares, con sus excepciones al estilo NG en lo musical y básicamente en la explosividad de Tony Calá, por citar un ejemplo, que estaban trabajando cuando comenzamos nosotros, proyectaban una imagen conservadora en la escena. No existía hábito de usar el vestuario como elemento para marcar conductas o reflejar modos de vida. El ejemplo es sencillo: nos vestimos al estilo de los bailadores de break dance y uno de los músicos de la orquesta actuaba como tal, nos identificamos con ese sector del público que se sintió reconocido. La música marca conductas y fija patrones, pero también reconoce estilos de vida, los modifica, los critica y hasta los refrenda.
Asumir esta actitud determinó en un principio que se manifestaran los admiradores y los detractores. Los primeros siempre nos dieron ánimo: hagan su trabajo, nos decía, y a los segundos les respondían igual: ellos hacen su trabajo, respétenles.

-Hablemos de cosas de esta tierra...
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Hay algo que quiero comentarte. Hubo un tema compuesto por Leonel Limonta cuyo estribillo dice: Vamos a quitarnos el disfraz, que se lo quite la gente, que fue mal interpretado, algo que siempre pasa con la música popular. Nunca la Charanga Habanera llamó o pidió a sus seguidores hombres o mujeres, que se desnudaran, ni el tema tenía ese fin. Una cosa es la intención del músico y otra la interpretación del bailador.

-En más de diez años de vida que tiene la orquesta hace mucho que no se te ve con el instrumento. ¿Lo has abandonado?
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El instrumento, mi violín, está pasándome la cuenta por el abandono. Te soy honesto: a veces siento la necesidad de tocarlo, pero ello implica muchas horas de estudio y siempre lo dejo para el día siguiente, y ha llegado el momento en que ante él siento miedo, pues estoy desnudo. Me he vuelto un abandonado con mi gran pasión y eso no me lo perdono.
Ser director de una orquesta requiere de mucho tiempo para pensar en contratos, lugares donde trabajar, vestuario, montaje de las coreografías, ensayos para montar repertorio y otras cosas que absorben mucho tiempo.
El músico cubano de hoy, por norma general, trabaja de domingo a domingo, ensaya en la mañana o en la tarde, toca en la noche y descansa cuando puede. Como ves, hay poco tiempo para estudiar a profundidad. La vida está dura y hay que ganare el pan y darle alegría a la gente.

-Eres popular, o famoso, veámoslo desde Cuba y fuera de Cuba.
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Yo tengo mi concepto de la popularidad basado en una escala muy personal. Hay una popularidad de canción o de tema. Te pongo un ejemplo sin herir a nadie: Carlos Manuel lleva algún tiempo trabajando con su orquesta y de momento ha pegado un hit con "Soy malo cantidad". A eso le llamo popularidad de canción, que puede repetirse en dos o tres temas durante varias semanas o meses y de ahí transitar a otra escala.
Existe la popularidad de canción/orquesta /cantante. Ésa le da la simpatía del cantante principal, o la belleza de un tema. O quizás el todo de la orquesta. Otro ejemplo con la misma característica ética pasó con la Original de Manzanillo cuando Cándido Fabré era la voz líder. La gente seguía (y sigue) a la Original... por su sonido (que es único), gozaba con las improvisaciones de Cándido (cantante) y además disfrutaba los temas (canción). Y la tercera escala es la que llamamos de sangre, y la define la incondicionalidad de los bailadores: pase lo que pase el bailador está ahí, junto a su orquesta, a su cantante, a su música, dispuesto a perdonarle cualquier falta, por algo es su orquesta o su cantante. Se establece una complicidad y un maridaje músico-público hasta el fin de la vida que es muy sólido y hermoso.

-¿Y cuál es la tuya?
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Yo he pasado por las dos primeras y ya estoy en la tercera. Ahora, en cuanto a la fama hay un detalle importante que la diferencia de la popularidad. Yo soy famoso y popular en Cuba y en Perú, con la diferencia de que en Cuba a mí me puedes encontrar aquí en El Fanguito jugando baloncesto después del ensayo con la gente que vive aquí, mientras en Perú, por ser famoso si tengo ganas de hacer ejercicios debo ir a un gimnasio donde van los famosos, si quiero un refresco no lo puedo tomar en una esquina, tengo que ir al sitio que se ajusta a mi fama. Son reglas que a veces me chocan, pero es el precio. Yo personalmente compadezco a los famosos.

-Hablemos de la discografía de la Charanga Habanera.
-Hemos hecho siete discos con distintos sellos: EGREM, Magic Music, Universal y Géminis, pero creo que la etapa dorada de nuestra discografía fue con Magic Music y Francis Cabezas; se consolidó la carrera de la orquesta, trabajamos durante años con una gran confianza mutua, sus ejecutivos siempre estuvieron al corriente de nuestros problemas y de nuestras inquietudes y el resultado está en los discos y en su proyección tanto nacional como internacional.
En estos momentos estamos haciendo discos individuales con cada casa disquera, por supuesto, siempre que satisfagan nuestra demanda.

-Y de esos discos ¿cuál consideras el más logrado y de cuál niegas cosas?
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Hay discos y discos, te puedo poner un ejemplo. "Me sube la fiebre", el primero, nos colocó en el mercado. "Hey You, Loca" se realizó con gran rigor y está muy bien logrado, pero no fue el más popular. No niego ni me arrepiento de ningún disco, cada uno ha jugado su papel y ha tenido sus virtudes y defectos. No conozco a ningún padre que reniegue de sus hijos. La realización, el triunfo o fracaso de los discos está en la difusión. Un disco tiene diez y once temas y si los productores radiales nada más transmiten uno o dos hasta la saturación, los restantes se pierden y el público no los conoce. Eso pasa en Cuba y en muchos lugares.

-Hablemos del futuro y de lo que está pasando con la música bailable hoy en Cuba.
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Empecemos por lo bailable y la música general, para después hablar de futuro. La música popular bailable está en su etapa de meseta después de una saturación del público por más de diez años en los que hubo de todo. Sin embargo, hace falta que otras manifestaciones como la canción, el pop y el rock tengan un espacio; de hecho está sucediendo.
Yo soy un gran beneficiario del boom de lo bailable, pero tengo conciencia de que hay un momento en que tanto el público como los músicos se agotan y eso tiene efectos negativos para todos. En este momento el papel de los que hacemos música bailable es estar, tener siempre un tema para que la gante baile, mantenernos cerca de su gusto. Este período de meseta va a permitir que se ajusten algunas cosas y se eviten errores que puedan tener efectos negativos en el futuro.

-Hace algún tiempo que tienes nuevos músicos. ¿En qué se diferencian o en qué se parecen a los que iniciaron la ruta de la Charanga Habanera en 1991?
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Una orquesta es una unidad abierta, siempre sujeta a cambios.
Quienes empezaron conmigo en 1991, e incluso antes, fueron los primeros charangueros, los que rotaban de un instrumento a otro, que también tenían sus lagunas musicales pero que jugaron su papel en la historia de la orquesta. Hoy han tomado su camino, tal vez se cansaron de este proyecto, eso es lícito. Estos nuevos que me acompañan ahora tienen mayor formación académica, mayor rigor técnico y muchas ganas de hacer cosas nuevas. Eso me da una energía tremenda, me hace trazarme metas superiores y buscar el extra de la vida. La juventud se contagia, es como una epidemia que no se debe curar.
De todas formas doy las gracias a los anteriores y a estos por haber confiado en mí.

(Tomado de Salsa Cubana, No. 16, año 5)
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2001. La Jiribilla. Cuba.
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