LA JIRIBILLA
LOS PIES QUE HABLAN

El espectador distingue al cubano por sus movimientos, su musicalidad, su capacidad de comunicación, de interpretación, su pasión, su fuego

Hilario Rosete Silva | La Habana


Cuando usted lea esta entrevista, Lorna Feijóo y Nelson Madrigal, primeros bailarines del Ballet Nacional de Cuba (BNC), juntos en el arte y en la vida, estarán bailando el Ballo della regina, en el Gran Teatro de La Habana, regalo de Merryl Ashley, una de las más destacadas bailarinas del New York City Ballet, al BNC. Mas, poco antes de subir a la escena, Lorna nos hizo comprender cómo la compañía cubana, una de las más apreciadas por los aficionados del mundo, ni por casualidad deja margen a la improvisación, y estando Giselle y El lago de los cisnes entre sus cartas de triunfo, representa, con creces, las esencias de la cultura cubana. "Cualquier niño o niña de la Isla", dijo la joven bailarina, "puede matricular en una escuela de ballet."


-¿Cómo se forma un bailarín de ballet en Cuba?
-Empieza en la escuela con nueve años de edad, y durante otros cinco realiza el nivel elemental. Por tratarse del comienzo, de la época en que el futuro bailarín aprende cada paso, cada movimiento, estos son primordiales. Siendo el período que conduce al destino final, es preciso tenerlo todo bien aprendido: luego vendrán momentos más difíciles. Después del quinto año se hace un examen llamado pase de nivel y se inicia precisamente el nivel medio, que se extiende por otros tres años, muy arduos, donde se profundiza en las obras del repertorio de las compañías profesionales. En total suman ocho años. Los mejores expedientes ingresan al BNC, pero de la misma graduación se nutren el Ballet de Camagüey y el Ballet de Santiago. La ubicación de los bailarines exige una actitud crítica. Todo el trabajo, desde el nivel elemental, es serio, intenso, con muy buenos maestros, y eso significa que en modo alguno se deja espacio a la casualidad o a la improvisación. Para llegar al BNC hay que contar con una formación sólida, de ahí que la escuela se preocupe por la labor de captación entre los más pequeños: esa es la cantera.

-¿Y crees que en verdad todos nuestros niños tienen iguales posibilidades?
Todos nuestros niños tienen iguales posibilidades, cualquiera de nuestros niños puede matricularse para estudiar ballet, pero no todos tienen las condiciones requeridas por la disciplina, y en eso la escuela es muy estricta. Hay que tener condiciones de pie, o "ternado", como decimos los bailarines, hay que tener condiciones de piernas, de subir piernas, hay que cumplir requisitos específicos para poder bailar.

-Hablando de baile, el BNC, ¿expresa prioritariamente los valores del arte danzario clásico o del arte danzario contemporáneo?
-El BNC es una de las pocas compañías del mundo que durante años mantuvo su fidelidad a la danza clásica, este es uno de sus rasgos característicos, aunque no renuncia a la creación contemporánea de excelentes coreógrafos, muchos de ellos cubanos. Dentro de su repertorio clásico sobresalen Giselle y El lago de los cisnes. Estas viajan muy a menudo por el mundo y, entre otras tantas, son las más afamadas. En lo personal, siempre aprendo algo de cada una de las obras que interpreto, pero coincido con el BNC en su pasión por Giselle, tal vez porque incluye muchos elementos de pantomima y porque aún con altos presupuestos técnicos le da la posibilidad al bailarín de mostrar su capacidad para convencer al público con su actuación.

-Sosteniendo prioritariamente los valores de la danza clásica, ¿acaso el BNC puede representar las esencias de la cultura cubana?
-Sin dudas, y eso es otro de sus rasgos peculiares. Como bailarines reflejamos en el escenario nuestra idiosincrasia. El espectador distingue al cubano por sus movimientos, su musicalidad, su capacidad de comunicación, de interpretación, su pasión, su fuego. No es que los bailarines de otras latitudes no posean atributos distintivos, es que los nuestros son estos, diferentes por naturaleza propia. La escuela cubana de ballet se caracteriza por su rapidez de pies, por la manera específica de mover los brazos, por la potencia y el vigor de los saltos en el caso de los hombres, todo, sin romper con las líneas del romanticismo exigidas por ciertas obras.


-En el ejercicio creativo, ¿cuán libre es un bailarín para defender sus puntos de vista? A propósito, ¿trabajas sobre algún elemento con toda conciencia?
-Tanto desde la clase, como ya en el ensayo, uno siempre tiene un maestro delante, un guía, y es preciso hacer lo que él te pide y ser disciplinado. Pero aún sin cambiar o alterar la coreografía, el paso o la dificultad técnica, el maestro te da libertad para crear tu propio personaje y ser tu misma, y en ese sentido todo el trabajo que uno realiza a diario, de pies, de limpieza, de seguimiento de la música, son también hechos conscientes, que te los exige la danza. Luego, a la hora de bailar, queda solo la sensación de placer, de disfrute de lo que estás haciendo, ya no hay preocupación, ya no piensas en hacer esto o lo otro porque ambas cosas, esto y lo otro, lo hiciste o lo debiste hacer antes. Con todo, sí trabajo mucho la limpieza de los pies, a mi juicio ese es uno de los elementos al que el bailarín debe prestar mayor atención, como los brazos y el cuerpo en general, los pies también hablan. En eso hago hincapié, aunque, te repito, es algo que, ya incorporado, sale espontáneamente cuando estoy sobre el escenario.


-Para contar con una prestigiosa compañía de ballet no bastan buenos bailarines. ¿Es fuerte la retaguardia del BNC?
-Por las dificultades económicas conocidas, y según mi criterio personal, tal vez la riqueza de nuestro vestuario no se corresponde con el prestigio de la compañía. Nuestras grandes producciones no son precisamente grandes por su escenografía, antes se caracterizan por la austeridad de los recursos. La falta incide sobre la calidad del diseño en general. Si bien, por ejemplo, la producción de Coppélia es excelente, otras no alcanzan la excelencia. Pudiéramos progresar mucho más.


-Graduada de bailarín/profesor en 1992, ¿no te interesan el magisterio o la coreografía?, ¿cómo valoras estas actividades dentro del BNC?
-Los maestros y coreógrafos del BNC se originan igual en las escuelas de ballet. Claro, para ser coreógrafo se necesita talento y vocación. Tal vez yo, que sé bailar, no sepa enseñar. Y así sucede con los coreógrafos, quizás alguno de nosotros tiene una idea en mente pero no sabe, no puede llevarla a la práctica. El BNC cuenta con muy buenos maestros y coreógrafos. A mí la idea de tomar ensayos me atrae, no obstante, por ahora no dispongo de tiempo más que para bailar. Creo que en mi carrera eso tendrá su momento. Cuando digo tomar ensayos hablo de transmitirle a otro bailarín tus enseñanzas propias. Esta es una práctica habitual de todas las compañías de ballet del mundo, un método valioso. Como mismo mi generación de bailarines tuvo a Alicia Alonso, a Loipa Araújo, a Josefina Méndez, o a Aurora Bosch, por solo citar cuatro nombres, quienes nos enseñaron y a las cuales vimos bailar, los nuevos que llegan tienen derecho a recibir ese legado.



2001. La Jiribilla. Cuba.
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