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LA JIRIBILLA
¿IGUAL A LOS DEMÁS?
Entrevista a Rolando Sarabia (hijo)
Algunos me dicen: "Oye, ¿por qué no te quedaste?" Yo les respondo: "Compadre, porque yo amo a mi patria y ni por tres mil dólares, ni por diez millones me quedo". No quiere decir que no aspire a hacer una carrera internacional, pero siempre fiel a mi patria.
Tania Pagola
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La Habana
Esta entrevista se hizo en 1999 cuando "Sarabita" era una joven promesa. Ahora, estando él entre las más aplaudidas figuras del Ballet Nacional de Cuba, queremos recordarlo así, en su deslumbrante primera juventud.
Imaginaba a Rolando Sarabia Oquendo tan etéreo como el Albrecht de
Giselle o el Sigfrido de El lago de los cisnes, pero al conversar con él me convencí de que en realidad tiene más de Basilio, el simpático e ingenioso protagonista de
Don Quijote, casualmente su ballet preferido.
Durante el tiempo de nuestra charla "Sarabita" como le llaman muchos para diferenciarlo de su padre, también bailarín, se mostró tal como es: un joven cubano de estos tiempos. Las primeras noticias sobre él me llegaron en 1995, cuando con sólo 13 años de edad, obtuvo la Medalla de Oro y el Premio a la Revelación en el Tercer Festival de Ballet MERCOSUR, efectuado en Brasil. Ese mismo año sorprendió al público y a la crítica en el Segundo Concurso de Estudiantes de Ballet de La Habana, donde se alzó con la Medalla de Oro de su categoría y el
Grand Prix del certamen, así como el premio de la revista especializada
Cuba en el ballet. La primera bailarina de la Scala de Milán, Ana Razzi, miembro del Jurado, lo invitó a Italia; allá le entregó el galardón Joven Promesa del Ballet Mundial, que antes sólo habían obtenido el ruso Vladimir Malakhov y el cubano Carlos
Junior Acosta.
Después las noticias siguieron llegando y acaparando titulares: Medalla de Oro y Premio de la Popularidad en el Primer Concurso Alicia Alonso (1996), Medalla de Oro y
Grand Prix en el tercer Concurso de Estudiantes de Ballet de La Habana (1997). En 1998 fue la conmoción: Medalla de Oro en Jackson, Medalla de Oro en el Concurso Internacional de Ballet de Varna, Checoslovakia, y
Grand Prix en el Concurso Internacional Ville de Paris, en Francia. En febrero de 1999: medalla de oro en la categoría junior en el Tercer Concurso Internacional de Danza Moderna y Ballet de Nagaya, Japón.
-¿Es este el comienzo de una carrera internacional?
-Solamente haber participado en ellos es un gran mérito para mí; son nuevas experiencias, uno conoce nuevos bailarines, otras formas de bailar y, de verdad, me siento muy contento y realizado. En cuanto a los premios, no sólo son importantes para mí, también para mi papá, que siempre ha colaborado conmigo desde chiquito -la mayor parte de lo que hago se lo debo a él--, para mis maestros, para toda mi escuela y para todo mi pueblo.
-Se habla mucho de la preparación de los deportistas para una competencia, pero poco se sabe de la de un bailarín.
-Es muy fuerte. Ahora mismo me preparo para un concurso. Empiezo a las ocho de la mañana y termino a las cuatro o las cinco de la tarde, sin parar. Son clases de ballet y ensayos, ensayos no sólo para concursos, sino para cualquier ocasión en que uno vaya a bailar. Mi padre, te decía, ha estado siempre en mis ensayos, colaborando. A mis profesores les agradezco mucho y en especial a Marta Iris Fernández, una magnífica maitre y ensayadora, con la cual me siento muy contento de trabajar. El bailarín, como el deportista, debe sentirse en confianza con la persona con la que trabaja.
-El concurso internacional de ballet de Jackson no sólo puso a prueba las dotes técnicas y artísticas de Rolando Sarabia. Al premio obtenido correspondía un importe en metálico ascendente a tres mil dólares que jamás llegó a recibir. Para poder acceder a este tipo de remuneración el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos impone como condición a todo cubano residente en la Isla quedarse a disfrutarlo en aquel país.
-Algunos me dicen: "Oye, ¿por qué no te quedaste?" Yo les respondo: "Compadre, porque yo amo a mi patria y ni por tres mil dólares, ni por diez millones me quedo". No quiere decir que no aspire a hacer una carrera internacional, pero siempre fiel a mi patria.
-Recientemente tuviste la oportunidad de bailar junto al Ballet Nacional de Cuba, en
Los millones de Arlequín, del maestro Pedro Consuegra.
-Me sentí muy orgulloso, muy contento, no sólo por bailar con la Compañía, sino porque pude cumplir con uno de mis sueños: bailar en el mismo escenario junto a mi padre. En un futuro, lo primero que quisiera lograr es incorporarme al Ballet Nacional de Cuba.
-Ser bailarín en Cuba puede ser un acto de mucha valentía, por los prejuicios machistas que aun subsisten, ¿los has sentido alguna vez?
-Mira, yo vivo en el barrio habanero de Cayo Hueso y todos los muchachos de allí me conocen como "el bailarín". Te digo la verdad: nunca he tenido ningún problema, al contrario, siempre me han apoyado. Algunos hasta me han preguntado el modo en que podrían hacerse bailarines, así, sin inconvenientes.
-¿Qué haces cuando no estás ensayando o bailando?
-Casi no he tenido tiempo, o muy poco para divertirme. La carrera del bailarín es de sacrificio, de total dedicación, si quieres llegar a ser bueno. A veces voy con mis amigos al cine, a fiestas, pero la mayor parte del tiempo la dedico al ballet. Cuando tengo un rato libre, en realidad estoy tan agotado del training que lo que hago es descansar. Pero sí, me divierto como lo hacen los demás, lo que no en la misma cantidad.
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