LA JIRIBILLA
FERNANDO ALONSO:
PREMIO NACIONAL DE DANZA

Miguel Cabrera  | La Habana

El maestro Fernando Alonso, una de las figuras fundamentales en la historia del ballet cubano, fue galardonado con el Premio Nacional de Danza correspondiente al año 2000, distinción que se otorga en el país desde 1998, bajo los auspicios del Consejo Nacional de las Artes Escénicas del Ministerio de Cultura y la Asociación de Artistas Escénicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). El Premio, considerado el más alto reconocimiento que se concede al conjunto de la obra de toda una vida dedicada a esta manifestación artística, fue otorgado por primera vez en 1998, ocasión en que lo recibió la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, directora general del Ballet Nacional de Cuba; y en 1999 al maestro y coreógrafo Ramiro Guerra, pionero de la danza moderna en nuestro país.
El Jurado de este año, presidido por el autor de este trabajo, e integrado por Christy Domínguez, directora del Ballet del Instituto Cubano de la Radio y la Televisión (ICRT); Perla Rodríguez, profesora y exprimera bailarina de Danza Contemporánea de Cuba; Marianela Boán, bailarina, coreógrafa y directora de Danza Abierta; Clara Luz Rodríguez, profesora y exdirectora de Danza Contemporánea de Cuba y dirigente de la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC; la diseñadora María Elena Molinet y el crítico y periodista Tony Piñera, debió valorar un total de nueve nominaciones realizadas por más de una veintena de instituciones culturales cubanas.
El acto de premiación tuvo lugar el pasado 29 de abril, en una función de Gala dedicada a festejar el Día Internacional de la Danza, celebrada en el Teatro Mella, de La Habana, como parte de la séptima jornada "Los días de la danza", evento que se ha venido celebrando en el país desde 1994. El acto dio comienzo con la lectura del Mensaje que, a instancias del Consejo Internacional de la Danza de la UNESCO, cada año corresponde a una relevante personalidad mundial dentro del mundo de la danza y que este año fue suscrito por Alicia Alonso, y leído por el primer bailarín Orlando Salgado. Luego se dio a conocer el mensaje nacional, que estuvo a cargo de la primera bailarina Josefina Méndez. El numeroso público que colmaba el Teatro Mella, puesto de pie brindó una cerrada ovación al maestro Alonso, que sobre el escenario recibía flores y cálidas felicitaciones del Jurado y de numerosos representantes de la cultura nacional que acudieron para rendirle tan merecido homenaje, entre ellos Carlos Martí, presidente de la UNEAC y Julián González Toledo, presidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas. Al fundamentar su decisión, acordada por unanimidad, el Jurado expresó en Acta dada a conocer públicamente esa noche, que el galardón se otorgaba a Fernando Alonso: "atendiendo a su trascendencia histórica como uno de los primeros cubanos que se convirtió en bailarín profesional de ballet, creando imagen e impronta para el futuro y llevando el nombre de nuestra Patria a importantes compañías internacionales; a su vocación fundacional en relevantes empresas como el Ballet Nacional de Cuba, la Academia Nacional de Ballet Alicia Alonso, la Escuela Nacional de Arte, entre otras; a su importante labor pedagógica de más de cincuenta años como formador de generaciones de bailarines, tanto del Ballet Nacional de Cuba como del Ballet de Camagüey y de otras instituciones; a su papel decisivo en la conformación artística, estética y metodológica de lo que hoy constituye uno de los hitos de nuestra cultura: la escuela cubana de ballet, a su proyección internacional como pedagogo de la danza y de la metodología cubana, de la cual es uno de sus mayores artífices; a su figura fundamental e imprescindible no sólo para la esfera del ballet en particular, sino de la danza en general y de la cultura cubana".
Nacido en La Habana, el 27 de diciembre de 1914, Fernando Alonso se inició en el mundo de la danza en 1936, como alumno de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, y continuó su formación técnica y artística en los Estados Unidos de América a partir de 1937 bajo la guía de eminentes profesores, entre ellos el italiano Enrico Zanfretta y los rusos Alexandra Fedorova, Anatole Vilzak, Fierre Vladimirov y León Fokín. En 1938 integró los elencos del Ballet Mordkin y de varias comedias musicales llevadas a la escena de Broadway. En 1939 formó parte del American Ballet Caravan y un año más tarde se unió a las filas del recién fundado Ballet Theatre de Nueva York, donde alcanzó el rango de solista y se mantuvo hasta 1948, fecha en que junto a Alicia Alonso y Alberto Alonso, se dio a la tarea histórica de fundar el hoy Ballet Nacional de Cuba, cuya dirección general asumió durante veintisiete años. En 1950, luego de limitar su carrera como bailarín para dedicarse básicamente al trabajo de dirección en la Compañía y la Academia de Ballet Alicia Alonso, fundada ese propio año, Fernando Alonso dio comienzo a su labor más trascendente: pedagogo de la danza. En la Academia, institución encargada de formar las primeras generaciones de bailarines cubanos profesionales, iniciaría junto a Alicia un serio trabajo de investigación encaminado a lograr un método de enseñanza propio que con el paso de los años ha culminado en la escuela cubana de ballet, hoy mundialmente reconocida. En el difícil período que media entre 1948 y 1956 Fernando Alonso supo enfrentar la apatía oficial y las incomprensiones de los gobiernos que padeció Cuba, que negaban el más elemental apoyo a empeños culturales de la magnitud del ballet cubano. En profética y valiente Ponencia, enviada al Congreso Continental de la Cultura, celebrado en Santiago de Chile en 1953, y que fuera leída por el poeta Nicolás Guillen, afirmaba: "El ballet empieza a enraizar en el pueblo, a extraer las esencias autónomas de las distintas nacionalidades, a matizarse de nuevos colores, a vigorizarse con nuevas corrientes y a ayudar al hombre medio y al hombre de abajo en su superación artística e intelectual. Ya el ballet no será nunca más arte de reyes o potentados sino arte de pueblo y para el pueblo, tal como lo exigen los nuevos tiempos. Por ello hemos de trabajar".
El advenimiento de la Revolución en 1959 proporcionó al maestro Alonso infinitas posibilidades de realización profesional como director general del Ballet Nacional de Cuba (1959-1975), de la Escuela Nacional de Ballet (1962-1967) y del Ballet de Camagüey (1975-1992), instituciones en las que desplegó un sostenido y valioso trabajo creador. A partir de 1992 ha cumplimentado también un extenso período de colaboración con el movimiento danzario internacional, que incluye la dirección de la Compañía Nacional de Danza de México (1992-94) y del Ballet de Monterrey (a partir de 1995), y desde ese propio año las tareas de Asesor Académico del Área de Danza Clásica y Director del Taller de la Facultad de Artes Escénicas de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). En México ha brindado asesoría también a la Universidad de Celaya, en Guanajuato; y la Universidad Autónoma de Coahuila, en Saltillo. Ha sido, además, miembro del Jurado del Concurso Internacional de Ballet de Nueva York, Estados Unidos de América (1996); Presidente de Honor del Concurso Internacional de Academias para la Enseñanza del Ballet y Jurado del Concurso Internacional de Ballet Alicia Alonso, en La Habana, desde 1997, y del Concurso Internacional de Arte de Cali, Colombia (1998).
Este merecido Premio viene a sumarse a la larga lista de galardones otorgados al maestro Alonso por prestigiosos organismos de carácter cultural, social y político, entre ellos la Orden "Félix Várela" (Consejo de Estado de la República de Cuba), el Premio al Arte de la UNESCO, el Premio del Área de Artes Corporales de la UANL y los Doctorados Honoris Causa en Arte del Instituto Superior de Arte de Cuba y de la UANL, respectivamente.
El programa artístico de la Gala incluyó la presentación del ballet Campos Elíseos, con coreografía de Alberto Méndez, interpretado por los alumnos de la Escuela Elemental de Ballet "Alejo Carpentier", de Ciudad de La Habana; El rapto de las mulatas, de Isidro Rolando, a cargo de Danza Contemporánea de Cuba; el pas de deux Diana y Acteón, de Agripina Vagánova interpretado por solistas del Ballet de Camagüey; Obatereo, de Manolo Micler, por el Conjunto Folklórico Nacional y Paso a tres, de Alberto Méndez, a cargo de Viengsay Valdés, Laura Hormigón y Víctor Gilí, primeras figuras del Ballet Nacional de Cuba.
Un rico muestrario de la danza escénica cubana, que esa noche rindió tributo a uno de sus forjadores. 

(Tomado de Cuba en el Ballet. No. 96, mayo-diciembre 2000)

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2001. La Jiribilla. Cuba.
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