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LA JIRIBILLA
CHE Y LA MEDICINA
Signos de la Sierra
(Fragmentos de un mural incompleto.)
Ezequiel Vieta |
La
Habana
TRANCO: "TRILLO"
EL CANSANCIO EXTRAÑO
Mire, rebelde, doctor, perdone... Eso no. Tiene que ser una maleza. Usted sabe. Yo no una montuna ignorante. Sin leyes. Nada. No podría pintarle una letra. Nada. Ni siquiera, seguro, esa más redondita. La redondita. Cero, me parece, creo... Romualdo le dice así. Ni ésa. No podría agarrar un lápiz, no sé. No podría. Soy muy bruta. Soy una guajira bruta; eso también me dice Beatón. Las manos. Las manos, bien. Para planchar, coser, lavar platos... lavar ropa. Sí. Barrer. Para barrer, no me sirven. No sirven para nada. No, doctor, no es eso. Perdone. no tengo casi conocencia, ningunas leyes, ya le dije... Pero es que estoy mala, tengo una maleza, estoy mala, doctor, y no me quiere decir. Usted sabe. Un andancio quizás, quién sabe. Estoy mala, miajita más me postro, me siento mala, doctor. Y usted no me quiere decir, porque usted sabe, doctor. Una maleza. Un dolor, una punzada, fuerte, a la espalda; muy fuerte, que apenas me puedo agachar. Recoger la lata. Llena de agua, la lata.. ¿Y sabe, sabe, doctor? La lata, la lata llena de agua; para llevarla a la cabeza, ¿sabe, doctor? Hasta para cargarla. Cargarla, doctor. Por el trillo. Llevarla en la cabeza por el trillo, a la casa, veinte años haciéndolo, doctor, me da fatiga, doctor. Me entra nublazón en los ojos, doctor. Y no resbalo. No caigo al primer predusco o fango... poco de fango, sigo, porque no puedo; mis hijos iban a coger miedo... y mi marido, mi marido también. No entenderían. No entenderían, se iban a asustar. Iban a coger miedo. Y tengo que seguir, no ponerle caso. Ver el camino, el trillo. Seguir. Sin ver la nublazón, tendrían miedo. Tendrían miedo, ¿sabe? Porque ¿quien les iba a cocinar?, ¿a atender?, ¿el agua? ¿Quién les iba a cargar el agua? ¿Serenearlas la ropa? ¿Verdad? Yo. Once hijos, teniente. Teniente creo, me han dicho, doctor. Alzado. ¿Sí? ¿No? Eso. Me dijo Romualdo. Pues teniente, doctor, alzado, Che que le llaman, sí; pues eso... Once. A Dios gracias nueve, logrados. Nueve logrados. Es el Che, ¿sí? Dice Romualdo. Doctor.
"Los primeros quince días del mes de mayo fueron de marcha continua hacia nuestro objetivo."
Nueve y no pueden. No pueden. Los dos primeros, ni contar. No pueden. Se me malograron, doctor; nacieron, estaban sanitos; una endemia se los llevó. Sanitos, doctor; qué se le va a hacer, ¿verdad? Nada. Los mayores, mis otros hijos mayores... los que sí se me gozaron vivos... Son hembras. Romualdo lo dice, siempre lo dice. Hembras. Los grandes, los más grandes. Los que me han crecido un poco, doctor Che, así está bien que lo llame, ¿eh, teniente? doctor Che, muy bruta soy, sabe, regáñeme, no importa, no, sin sentir pena; ni garabato de letra sobre cacho de papel podría... tampoco ni ese número güin tieso, la pura tirita, el "uno" que dice Romualdo y mi hija Isabel. Ni el uno. Ni siquiera el no. ¿Sabe? No importa que me lo enseñen, que no lo apriendo; nada, casi nada, Che. Teniente. ¡Estas dos manos, Che! Estoy vieja, treintaicuatro años, ya casi no sirvo, arrumbada. Y tengo que servir. Tengo. Los cuatro, las mayores... los cuatro hijos primeros, qu ese me dieron, hijas. Si casi no me valgo... Son, las pobres, no es culpa suya. Buenas intenciones tienen, les faltan fuerzas. Voluntad, sí señor, voluntad. Sobradamente. Y respeto. Vaya, le digo, señor y no porque sean mis hijas; son muy buenas. Pero no pueden. ¿Es usted, sabe, de vuelta acá, Cuba?... ¿No?...¡qué! ¿Sí? Ya me aparentaba. De Santiago, ¿sabe?; nosotros llamamos Santiago, todo: Cuba, la gente de vuelta acá. Ah, ¿no? ¿tampoco? lástima! No importa, usted me entiende, ¿verdad? No hace falta. Igual.
"Al iniciarse el mes, estábamos en una loma perteneciente a la cresta de la Maestra, cercana al Pico Turquino."
Buenas, mejorando a los presentes, obedientes, sí. Fuñidas, algo fuñidas, salieron así. Bastante. Las pobrecitas, no es culpa suya, verdad. El aire de la Sierra, sí señor; tiene relente una sofoquina, todo. Malo, malo, es malo. Nada se seca. ¡Si viera la ropa! Y los chiquitos. No pueden. Los varones. Cargan agua sí. Me acompañan. Pero jugando, las lastas de leche condensada, vacías, que nos regala el vecino de allá abajo. Ahí. Que vive cerca, pegado, pegadito al copey. Rebelde amigo ¿conoce, conoce, el copey de aquí; de allí abajo? Nos las regalan. A Monguito, mejor; y a Diosdado. A Rebeca también... también recoge laticas; es varoncito, no crea, machito. Capricho del compadre; una hija que se le murió así; Rebeca José, es el nombre completo. Mi hijo, mi hijo mayor. chiquito. Pero yo no quería, Romualdo... Así. Sirven para el café, para la casa, para servir café, doctor. Pero no llevan agua, qué van a llevar laticas condensada vacías; claro, jugando, los dejo, creen que me ayudan. Nada. Muy chiquiticos. No pueden tampoco. Los varoncitos. De fuerzas... nada, ¡no tienen carne, rebelde, ninguna! Los bichos
"En aquella época tenía que cumplir mis deberes de méidco."
No me siente que soy muy relambía si le digo así Che, sí, ¿rebelde?,que le diga rebelde. Porque usted lo es, no es falta. Ah, y Hetocles y Mecías. Le dije tres. Y estos dos. No me se olvidan. Cinco. Cinco, cinco y cuatro hembras. Las primeras. ¿Ya se las dije?... Cargan agua. Si. Los varoncitos, ¿no? Menos Hetocles, que sí, que está grandecito. Tiene y acinco años. Siempre va conmigo, carga su balde lleno, llenito de agua. Pero, ¿qué cargan de agua las latas de leche condensada vacías? Que están vacias. Dígame, señor. Nada. Los gusanos saliéndose, doctor, por mi madre, muerta y enterrada... Ahí está Dios que tod lo vela; lo vela y descubre. Pregúntele. Saliéndole vivos ¡doctor!, hasta por la noche; los inocentes durmiendo. Y les salen, les salen, vivos. A mis criaturas, ¡tan buenos!... Les doy yerbas y yerbas. No curan, nada, eso no cura. Pero van jugando, ¿sabe? Tienen ilusión. No me ayudan, pero creen que traen agua en sus laticas, y que ayudan; no ayudan, Che, no ayudan, no ayudan nada. No. Pero ellos se divierten, mucho, mucho... como si yo fuera una gallina de verdad. Yo dejo que ellos imaginen. Y ellos mis pollitos.
"...y en cada pequeño poblado o lugar donde llegábamos realizaba mi consulta."
Y eso no puede ser; y me palpo el corazón, y me palpo. Le prometo, señor. Porque no puede ser, ¿verdad?; ser pollitos. Yo me resigno, porque así es como debe ser. Y yo les dejo que me sigan y que crean que soy gallina de verdad; están contentos y juegan, yo soy la madre, a mí no me importa. Que se crean. Y traen agua, señor, pero muy poca. Muy poquita. Y se les cae por el camino, se les derrama empezando por el trillo, y no pueden; se me enfangan todo, y se me ponen una porquería... Excuse, señor, no quise decir. ¡Como los machos, señor! ¡pobrecitos!,pero qué se le va a hacer. Qué le vamos a hacer, señor. Así es, ¿no? Usted es médico, ¿no, Che?, ¿no, Che?
Porque los caracoles y hasta las mismas babosas. ¿No?
Es verdad. Pero nosotros dos...
"Era monótona."
Explíqueme, yo tengo una maleza. Tengo una maleza y por eso vengo a usted, doctor. Ayúdeme. Yo me desvivo, me desvivo, y no prosperan. Unos bejuquitos, doctor. Pero siempre alegres, doctor, y esperan. Yo me mato, y nada. Ahora no puedo ni con el agua. El agua de la lata de manteca vacía, que compré; no la regalaron, la compré (pero para eso hay que bajar más, pero Hermesilio me la trajo). No la puedo llenar. Mediana ya menos; y se me vierte y me bota.
"...pues no tenía muchos medicamentos que ofrecer y no presentaban una gran diferencia los casos clínicos de la Sierra."
Yo venía para saber. Y esperé mi turno para la consulta. Usted no me quiere decir porque me dice: coma más, "descanso". Como lo mismo que desde cuando tenía la edad de Mongo, Monguito. El menor. Como comen ellos ahora. Lo mismo. Un poco menos quizás, porque deben crecer niños; criar carne... hasta los machos jibaros en el monte, señor. Y descansar, descanso lo mismo que hace viente años. Lo mismo. Veinte años haciendo las mismas cosas... los mismos cuidos. ¿Descanso, alimento, es melecina eso, doctor? No entiendo; haciendo lo mismo, comiendo lo mismo, sin cambo. ¿Por qué, doctor?
"Ese agotamiento es algo inexplicable porque toda su vida la mujer ha llevado las mismas latas de agua hasta el mismo destino y sólo ahora se siente cansada."
Porque si usted me descubriese, doctor, me haría una melecina. Lo que tengo. Trabajo, cuido, atiendo mi casa, mi familia...nada más. Eso no, perdone, mire rebelde. Doctor; cuatro o cinco, a veces, en la mañana, dos o tres por la tarde. No es igual. En días de lavado, más. Cuando crezcan, los varones, me ayudarán; cargarán agua conmigo todos, el problema se aliviará. Seguro. Las necesidades son diferentes; depende. Usted me da un consejo. Descanse, aliméntese, descanse. Aliméntese ¡y necesito un remedio! Una melecina, y que usted tenga, para darme; ni plata no hay. Romualdo.. No, no... Siento que la espalda se me raja si me como un cuchillo filoso. Filoso. Que me hincara, atrás. Atrás en la espalda, que me pincha.
No, no es descanso. Ni comida (¡tenemos un yucal!), plátanos, todo. No eso; ni descanso, no. ¡Toda la vida trabajando, casi desde echar a andar los prieros pasos, mismiticos. ¡Gateando! Comiendo lo mismo. ¿Por qué ahroa va a ser eso? ¿Eso, y no enfermedad? ¿maleza? Eh, rebelde, contésteme. Contésteme. ¿Por qué ESTE CANSANCIO EXTRAÑO, que es nuevo no antes...? Es enfermedad. No descanso, seguro.
Tomado de Mi llamada es..., Editorial Letras Cubanas, 1982
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