LA JIRIBILLA
SIGFREDO ARIEL, PREMIO DE POESÍA
NICOLÁS GUILLÉN

Selección de poemas de MANOS DE OBRA:

Uno de los principales galardones que se confieren en Cuba, el Premio de Poesía Nicolás Guillén, lo obtuvo  en su segunda convocatoria, el escritor Sigfredo Ariel por su texto Manos de obra. El jurado que lo decidió por unanimidad, estaba compuesto por Miguel Barnet, presidente, Domingo Alfonso y Roberto Méndez.
Tal como establecen sus bases, el libro merecedor del premio será publicado por la Editorial Letras Cubanas, que lo coauspicia junto con el Instituto Cubano del Libro y la Fundación Nicolás Guillén. Además al autor se le otorgan 5000 dólares.
En su acta de premiación el jurado señala que Manos de obra  “es un conjunto que evidencia una voz poética ya cuajada, en una marca de estilo al servicio de un mundo del que lo cotidiano se convierte en fabulación y lo mítico se transmuta en familiar. Se trata de un volumen poético amplio, bien estructurado, que en cierta manera resume y cierra una etapa en la creación de este autor; y en él son reconocibles, ya muy desarrolladas, las claves conductoras de sus primeros volúmenes. Manos de obra es, sin duda, la manifestación de una de las voces más intensas de la poesía cubana actual”.

Sigfredo Ariel, nacido en Santa Clara en 1962, ha publicado, entre otros libros de poesía, Algunos pocos conocidos (1987), El enorme verano (1995), Hotel Central ( Premio Julián del Casal, 1998) y Los peces & la vida tropical  (2000). 


Que las almas jóvenes 
                                Leyendo a Vachel Lindsay

se apresuren
en salvar de la corriente o del alud o del tsunamy
la sombra de unas playas
souvenir que tuvo sentido alguna vez
pues por lo visto la tendencia es hacer tábula rasa
de cuanto albergue polvo o signifique rebelión

por ejemplo
un vaho de persona que despierta a tu lado
sin saber que durante aquella madrugada
hubo en la ciudad un escape de azufre y amoníaco
y que pudieron, como tantas veces ha sucedido
amanecer desnudos y abrazados
en un lugar que en nada se parece a éste
--Pompeya, Hiroshima-- más tranquilos es cierto
mas sin industria ya ni ciencia ni amor
sin obras ni sabiduría

ese vaho, no olvidar
ese vaho al lado tuyo más dulce cada vez
sobre cosas que se desvanecerán
sin demasiado trámite
ya es algo.

Por lo pronto 
que las almas jóvenes se apresuren
en ordenar sus magros equipajes
a esos llamarán quiméricas empresas.

Háganse tomar fotografías
en un bar o en un barco a contraluz
no importa que mire cada cual
hacia un punto distinto, incluso a otra persona.

Por ahora 
que las almas jóvenes 
ostenten todo su orgullo
por supuesto 
mientras tanto
disimulen si es que pueden
disimulen un poco
por favor.


Zafra de noche
                     De café, en Nicaragua

Imaginaria cae la fruta dormida en las cajas de aluminio. 

Voy pesando el café con peso de arena.

Voy dormido (no he dormido) como un barco
como el holandés errante.

Entro por arcos de maleza
la montaña se hunde bajo el pie.

Pasé la noche imaginaria en la montaña.

Y han puesto carne para que yo la coma
agua de un lejano manantial, los dos pies
para que yo los lave como el Cristo.

Siguen de largo los acuosos animales de la selva.
Ingrávidos, traídos desde otra longitud
espíritus en pena.

Nueve lagartos calientan su familia con mi cuerpo
y está bien.

Echo mi espalda junto al lago también imaginario.

Pienso en cosas banales, me averguenza el vacío real
la memoria de Judy, el tarot, aquel apartamento
de Príncipe y Vapor donde hicimos un hijo.

Vengan días en esta duermevela
mientras la fuerza dé y la imaginación
vengan ahora los que vamos
caminando bajo una noción: Dios
o lo que exista, pero algo a de haber.


Levantad, carpinteros, los falsos testimonios

Y las cosas que le eran familiares parecían
estacas de un corral

Y la música un techo demasiado 
ajustado
una trama tupida, un cielo de metal

y aunque nacían 
raíces nuevas de la albahaca cortada
--buen augurio-- me dijo que era inútil pasado
el día, mediada la alta noche. Y el parral 
alto de junio levantó la primavera
sin deseo alguno y resaca y desmemoria
levantó y cuanto sueño oscuro quiso

y lo que fuera umbra donde estarnos
guarecidos, cueva adonde regresar

como el arco de una madre, es decir un ijar
que nos edificamos para darnos
un tiempo y encender alguna hoguera 

que es "hogar"
o "compromiso"

palabras que no dice 
nadie por temer que poco a nada
signifiquen / hogar que es una espada
pendiente sobre ti lo hice
con materia ciega, sin plomada
en contra de la gravedad, del viento
de cuaresma sin saber
construir
sin fundamento.

La casa guarda y desmorona
a la gente. Su mano fuerte obliga: una casa
no te consentirá.

Se amolda a la persona
que quiere, no a tu aliento
ni al sueño
ni a tu raza

Como un gato la casa escogerá 
a su dueño.

Duerme como el cuerpo de Lezama
sombra mía
ahora que proyectas un saco chinesco
de carbón / nadie reclama
de ti nada ni ya me pertenezco
como te pertenecía.



Bajo el cielo de Cáncer

Yo esperaba sentado
ver caer sobre la acera cualquier cosa:

la mano que va al hombro
un globo chino de papel
ver al Arquero persiguiendo un vaho.

Bajo el cielo de Cáncer, en Cuba
cualquier cielo

ellos también entonces esperaban
quién sabe al final de un corredor
en la oficina calurosa de los segundos pisos

ni arrastrándose por las yerbas ya
ni batiendo al tigre o al camión blindado

ellos también mientras dormían
los honrados y los simuladores
probablemente más jóvenes que yo

entre sus desconocidos y sus indiferentes
cuando el cielo de esa noche se encajaba
gran carámbano
en la esquina principal
vi cruzar la gente hermosa
niñas, reclutas que atraviesan San Rafael
cuando amanece

amando a gente simple
adolescentes, dioses sin ninguna gloria.


Textangust

La mano que va al hombro y luego escribe
suele a menudo adormecerse.

Liberada de su peso, si caso sobrevive
podrá verse
a mitad de una cabriola en manos
de un halcón, en la sombra de otras garras.

Mi forma se disuelve
ante ojos que aparentan ser humanos
y otra mano acróbata va y vuelve 
sigilosa del amor o del desierto.

Corta limpia los garfios, ablanda sus amarras.

Aplaude un poco la gente
impresionable, la población avara
abandona la estancia.

Ante la muy manoseada soledad
la noche baja
un ruido de monedas (dos o tres).

La mano aprende así a sacar cierta ventaja
del circo personal, del azar y del estrés.

Conoce que a los años de su edad
los diálogos consigo carecen de importancia.


2001. La Jiribilla. Cuba.
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu