LA JIRIBILLA
FELICIDADES, NOEL

A Guitarra Limpia, con vocación de insecto, se ha estirado hasta esa edad donde los niños comienzan a preguntar por qué, y quiso compartir su cake con uno de los apóstoles de su existencia, uno de los reyes magos fundadores de su infancia... Noel, con su misma voz abierta, sumaba velas nuevas sin hacerse viejo, pues la guitarra es la guitarra y el resto ya se sabe. 

Tupac Pinilla |
La Habana


El Centro Pablo -así de simple se conoce ya en La Habana juglaresca- se reafirmó este sábado como el espacio más sólido de la canción con guitarra. Quizás sus altas paredes retienen el alma de los poetas y cantores convertida en torbellino que sube. Su patio, nuestro patio, nos regaló una vez más la sombra de sus yagrumas de espejo; se convirtió todo él en la piñata inviolable de un par de cumpleaños felices. 
A Guitarra Limpia, con vocación de insecto, se ha estirado hasta esa edad donde los niños comienzan a preguntar por qué, y quiso compartir su cake con uno de los apóstoles de su existencia, uno de los reyes magos fundadores de su infancia... Noel, con su misma voz abierta, sumaba velas nuevas sin hacerse viejo, pues la guitarra es la guitarra y el resto ya se sabe. 
Pero toda fiesta que se respete pide rifas. Hubo entonces nuevos ojos y oídos merecidos para El Plátano, quien no tuvo ni necesitó más nombre cuando, desde su atalaya, fue el pintor de la corte de esta trova. Sé, como sé de memoria su foto en mi cuarto, que el regalo que más le sedujo, que más le inflamó, fue ese aplauso primero para el hombre escondido tras sus tonos grises.
Pero volvamos a Noel, sin dudas el diminuto vórtice de ese ciclón sabatino que arrancó los polvos que la memoria acomoda. Allí estuvimos sus amigos, los que conoce y los que no, los de siempre y los de nunca... No vi jamás tantos juglares juntos entre púlpito y grada de aquel patio. Fueron hasta quienes no llegaron, y así hubo árboles que extendieron sus dos ramas para homenajearle a través del éter.
En escena desfiló la familia de la cuerda sin edad: Noel transmutado, con pelo crecido o perdido, qué más da... Irrumpió Samuel Águila como si el día comenzara con él, y luego Martín Rago, desde su sur lejano, al fin hizo milonga aquel intento de Laura. Alejandro Valdés nos regaló su síncopa que tuvo que ser, y fue, para muchos más que seis. Tosca entonces volvió a ser un paria y Ariel Díaz, con su sospechosa inocencia, cantaba para los niños de la fiesta.
Sin treguas ni intermedios Ihosvany Bernal, en una de sus mejores entregas, fue y no fue el mismo, mientras Fernando Bécquer, tabaco en ristre, llevó a su filin las semillas que ya estaban. Rey Guerra, ese trovador de voz sobrada, convocó el fantasma broweriano en la tarde novembrina, y entonces Vicente, de cierto modo, trajo la brisa del mar y le rompió la cara al tiempo y sus desnombres. 
Santiago apareció al revés, como siempre, y fue Noel con Noel, tan limpios y libres, tropezando repetidos con la María del Carmen que ya no hay que imaginar. María del Carmen aferró entonces la guitarra hasta oscurecer un son, y aunque quiso esconder su alma, pudimos descubrir a Marta Campos. Argudín vino al fin, con la claridad de su trino, convertido en regalo de nube, agua, ala, brisa.
Lo demás fue Noel, y lo otro también fue Noel, alevoso, imperdonable...
.


2001. La Jiribilla. Cuba.
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu