LA JIRIBILLA
EL PALACIO DEL BALLET 

Heredera de una técnica, metodología y estilo reconocidos en todas partes como la Escuela Cubana de Ballet, la enseñanza de este arte ha tenido a su cargo, durante cuatro décadas, la formación de los profesores de las Escuelas Elementales de Ballet de la isla, de los bailarines que hoy integran el Ballet Nacional de Cuba y de Camagüey, así como la de profesionales en casi una docena de países en América y Europa.

Manuel Henríquez Lagarde |
La Habana


Gran parte de los éxitos cosechados por el Ballet Nacional de Cuba en el mundo se deben a la calidad de su escuela, la cual, validada por 38 años de historia, se ubica en un escaño de altísimo rango a nivel universal dentro de la enseñanza de esa especialidad.
Heredera de una técnica, metodología y estilo reconocidos en todas partes como la Escuela Cubana de Ballet, la enseñanza de este arte ha tenido a su cargo, durante cuatro décadas, la formación de los profesores de las Escuelas Elementales de Ballet de la isla, de los bailarines que integran el Ballet Nacional de Cuba y de Camagüey, así como la de profesionales en casi una docena de países en América y Europa.
Todo esto fue posible, aún cuando la enseñanza del ballet en Cuba no contaba con todas las condiciones necesarias para el desarrollo de dicho arte, un viejo sueño que dejó de ser virtual a partir del pasado 22 de junio, día en que fue inaugurada oficialmente, su nueva sede en Prado entre Trocadero y Colón, La Habana Vieja.


VIEJOS TIEMPOS

Si bien la enseñanza del ballet en Cuba cuenta una larga tradición que se remonta hasta principios de la década del 30 cuando surge la escuela de la Sociedad Pro Arte Musical -indiscutible punto de partida de la enseñanza de ese arte en Cuba, (con figuras como Alicia, Fernando y Alberto Alonso, Ramiro Guerra y Luis Trápaga)- el desarrollo del Ballet cubano se consolidó realmente tras el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.
Ante la carencia de bailarines del sexo masculino -muchas de las figuras extranjeras que integraban la Compañía optaron por marcharse del país-, se retomó la experiencia de seleccionar a los nuevos talentos, sin distinción de procedencias ni razas, en casas de beneficencia. Nacía de ese modo la Escuela Provincial de Ballet, bajo la dirección de la bailarina rusa Ana Leontieva. 
En febrero de 1962, como parte del propósito de extender masivamente la enseñanza artística, surge como centro multiformador la Escuela Nacional de Arte (ENA), institución donde por fin se pone en práctica otro propósito anhelado durante años: la creación de una verdadera escuela cubana de ballet.
La escuela abrió sus puertas con una matrícula de 150 estudiantes y Fernando Alonso, su primer director, además de esculpir con su talento a importantes figuras del arte danzario, preparó también bailarines que se dedicarían a la enseñanza; labor que continuaría después Ramona de Saá, a quien se le considera la principal artífice de la creación e implantación nacional del método cubano de la enseñanza del ballet.
Cuatro años después, la ENA comienza el tránsito hacia una primera reforma de los programas que culmina en 1974 con la creación de sus dos niveles, elemental y medio y en la que se establecen las edades de ingreso y grado escolar. Los centros provinciales asumen así la enseñanza elemental y la ENA y Camagüey, desde el curso 1975-1976, el nivel medio profesional.
En el país existían entonces varias escuelas de nivel elemental: Pinar del Río, Ciudad Habana, Matanzas, Villa Clara, Camagüey, Santiago de Cuba y dos de nivel medio superior en Ciudad Habana y la provincia de Camagüey.
El cada vez mayor desarrollo de este arte en la isla, hizo imprescindible una instalación propia. Hasta 1984, la academia -a causa de que el espacio arquitectónico previsto para esta disciplina en el proyecto de Cubanacán quedó inconcluso-, compartió sus áreas docentes con la Escuela Nacional de Danza. Después de ese año, el crecimiento de matrícula determinó su traslado para 7ma y 22, Miramar, donde radica hoy la actual residencia de becados. La escuela se dispersó además por las sedes del Ballet Nacional de Cuba, el Teatro Lírico y Calzada y 8. La docencia y asignaturas prácticas se impartían en el Gran Teatro de la Habana y la formación general en 7ma y 22.
En 1992, la llegada del Período Especial agravó problemas como la falta de combustible y la reducción de los espacios en el Gran Teatro de La Habana. La carencia de recursos igualmente impidió la concreción de otros proyectos como la ampliación de 7ma y 22 o la construcción en áreas aledañas a la escuela provincial Alejo Carpentier de L y 19. La escuela sufrió una suerte de metástasis. Se daban clases en locales de escuelas primarias y secundarias, la Sala Polivalente Ramón Fonst, (Escuela de Esgrima), el Teatro Lírico y, en ocasiones, hasta el ómnibus de la escuela se utilizó como aula.


PRADO Y TROCADERO 

En 1998 se comienza a trabajar en el proyecto del segundo piso del edificio que hoy funge como sede de la actual Escuela de Ballet Nacional de Cuba. Construido originalmente para albergar a la Asociación de Dependientes del Comercio de la Habana (1907), su arquitectura evoca los códigos del renacimiento veneciano, especialmente el famoso palacio de Vendramin - Calergi (1509) del Arq. Pietro Lombardi. 
Durante años, el inmueble sufrió numerosas transformaciones como la inserción de un moderno ascensor en el patio central o la construcción del cine Negrete en una buena parte de su planta baja. Y durante el periodo en que radicó allí Sala Polivalente Ramón Fons fue utilizado por el INDER para el entrenamiento de esgrima, gimnasia y otras disciplinas deportivas. 
Aunque ya en el segundo piso funciona la escuela, este trabajo es parte de un plan más amplio que se propone ampliar la misma a todo a las cuatro plantas edificio. El proyecto ha sido pensado de manera que los elementos arquitectónicos originales sufran la menor afectación posible. La intención de recuperar integralmente el inmueble forma parte además de una voluntad de embellecimiento de un entorno urbano, actualmente en transformación, en el que proliferan significativos elementos de la arquitectura y el urbanismo de la capital como el Hotel Sevilla, el Paseo del Prado, el antiguo Palacio Presidencial actual Museo de la Revolución y el Palacio de Bellas Artes. 
La planta que hoy alberga la escuela se dividía antiguamente en 2 vestíbulos uno hacia Prado y otro hacia el Morro y en 2 salones corridos a todo lo largo del edificio. En su nueva función, ha quedado subdividida en: 7 salones, 3 aulas, Dirección, Secretaria, Subdirecciones (Especialidad y Docente), salón de profesores, aula de maquillaje, taquillas, cabina de sonido. Todas, áreas con los aditamentos imprescindibles para una moderna institución de este tipo. 


LA NUEVA ESCUELA

Bajo la dirección de Martha Ulloa Lamelas, la escuela tiene actualmente una matrícula de 184 estudiantes en cuatro niveles de enseñanza, un claustro de 13 profesores 5 de la propia escuela, 6 procedentes del Ballet Nacional de Cuba y dos estudiantes recién graduados, y cuenta con la colaboración imprescindible de figuras de la talla de Fernando Alonso, Ramona Saá y Alberto Méndez.
En el nuevo plantel, los estudiantes no sólo reciben una enseñanza de la especialidad de primer nivel para prepararse como profesores, maitre, regisseur o coreógrafos, sino que además de ballet; repertorio; composición coreográfica; bailes folclóricos, contemporáneos e históricos; puntas, educación musical, francés y preparación física, estudian también español-literatura, historia, física, cultura cubana, preparación militar, sicología, pedagogía, apreciación e historia de las artes plásticas.
Desde 1994, y a pesar de las limitaciones entonces existentes, la Escuela Nacional de Ballet convoca al Encuentro de Academias para la Enseñanza del Ballet, evento que reúne a estudiantes, maestros y especialistas de las distintas disciplinas del arte danzario con el objetivo de lograr una formación multisistémica.
El encuentro cada año recibe alrededor de 200 delegados extranjeros representantes de las academias de más de 10 países entre los que sobresalen México, Colombia, Venezuela, Brasil, República Dominicana, Estados Unidos, España e Italia y en sus 15 días de duración, se ofrecen talleres de libre elección y cursos de más de 8 disciplinas, así como clases metodológicas para maestros, magistrales a cargo de pedagogos y bailarines de alto nivel profesional, tanto cubanos como extranjeros.
Asimismo, a partir de 1995, se realiza dentro del Encuentro un concurso el Concurso Internacional para Estudiantes bajo la dirección de Fernando Alonso, su Presidente de Honor, en el que se compite en tres categorías: de 13 a 14 años, de 15 a 16 años, de 17 a 18 años. La competencia cuenta con un jurado formado por figuras sobresalientes mundialmente e incluye, desde su primera edición, las jerarquías de bailarín, crítico y maestro. 
El Concurso otorga cuatro galardones, a la revelación, a la mejor pareja, y a la mejor interpretación, cuyo premio especial consiste, en caso de que el ganador sea un estudiante extranjero, en una beca de un año en la Escuela Nacional de Ballet cubana. También se otorgan 1ro, 2do y 3er lugar por sexo y edad. Debido a la magnitud alcanzada por estos eventos, y para permitir su mejor desenvolvimiento se tiene previsto que a partir de este año Encuentro y concurso alternen, cada uno un año, como sucesos independientes. 
Hoy, con todas las condiciones necesarias para una escuela de este tipo, es de esperar que los resultados de ese palacio de espaciosos salones y espejos igualen o superen los éxitos obtenidos hasta ahora por la escuela cubana. De sus aulas, sin dudas, saldrán otros talentos que, al igual que lo han hecho sus maestros, harán estallar otra vez en aplausos a las más reconocidas plazas de ballet de todo el orbe.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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