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LA
JIRIBILLA Las
cuatro películas están pobladas por personajes
singularísimos que al mismo tiempo se las arreglan para
representar, lo más dimensionadamente posible, algunos
de los característicos conflictos de la compleja
realidad cubana en estos últimos años. Favorablemente
acogida por el público nacional durante varios meses de
llenos totales, Miel para Oshún también logró
interesar a algunos distribuidores internacionales
durante el último festival de Toronto. El filme
sorprendió por sus guiños de comedia costumbrista en
una filmografía como la de Solás (Lucía, Cecilia,
Un hombre de éxito, El siglo de las luces)
más consagrada a puestas en escena sobre el pretérito
y al tono trágico-melodramático. De todas formas el
filme no puede hablarse de comedia pura en este caso,
pues se relata el reencuentro de un joven
cubanoamericano (Jorge Perugorría) que regresa a la
Isla en busca de su madre, para la cual se hace acompañar
por su prima (Isabel Santos) y por un taxista marañero
que terminan solidarizándose con su tragedia de
identidad. Las pesquisas los llevan a recorrer todo el
país, desde la capital hasta Baracoa, la villa primada,
allá donde las aguas de Oshún se juntan con las de
Yemayá. Iván
es un joven fotógrafo, un mirón nato, que un mal día,
en una crisis de inseguridad, decide quemar todas sus
fotos. Justo en ese momento le solicitan desde Miami una
muestra de lo que ha hecho y parte a Casablanca, el
poblado al otro lado de la bahía habanera, a tomar
nuevas instantáneas. Allí, conoce a Ana, que ha decido
regresar a Cuba luego de vivir mucho tiempo en Suecia. Miradas
cuenta un día en la vida de estos dos seres, precisados
de un recomienzo, de saldar las cuentas con el pasado y
reiniciar sus vidas desde nuevas perspectivas.
Jacqueline Arenal (respetada desde que protagonizó El
siglo de las luces, y muy popular luego de la
telenovela Tierra brava) y Mijail Mulkay (Hacerse
el sueco) encarnan a la pareja protagónica, acompañados
por un elenco en que destacan Miguel Navarro, Paula Alí,
Manuel Porto, Alina Rodríguez y Vicente Revuelta. Gente
que busca fuera y dentro de Cuba, fuera y dentro de sí
mismos, un sitio permanente, hospitalario y amable. Graduado
en teatrología y dramaturgia, Juan Carlos Cremata
(1961) también se hizo cineasta y realizador de
televisión en la Escuela Internacional de San Antonio
de los Baños. Trabajó en la televisión cubana, y
también en Roma, Santiago de Chile, Panamá, California
y Nueva York. En 1997 obtuvo la beca Guggenheim y a su
regreso consiguió financiamiento para Nada, su
primer largo de ficción. También comedia, pero
absoluta atípica en tanto se propone rescatar la
comicidad del cine mudo y la frescura experimental del
cine hecho en los años sesenta, Nada es la
historia de otro ser solitario e inadaptado, una joven
empleada de correos (Thais Valdés, la de Alicia en
el pueblo de maravillas) que debe elegir entre
marcharse a Estados Unidos, desde donde la reclaman sus
padres, o continuar haciendo el bien, a su manera, a
todos los seres que va conociendo en el entorno que ama
y al cual está profundamente ligada. Mayormente en
blanco y negro, y deudora de la estética del
documental, el realizador se propuso algo tan difícil
como que el público pudiera “reír y llorar con la
misma escena”. Por supuesto, tampoco falta la historia
de amor, entre la protagonista y un joven cartero que
interpreta Nassiry Lugo, el solista del grupo pop Moneda
dura. Por
último, Las noches de Constantinopla significa
el regreso a la dirección de Orlando Rojas luego de Una
novia para David, Papeles secundarios y del
abortado proyecto Cerrado por reformas. Una
abuela retrógrada (Verónica Lynn) cae en coma luego de
descubrir que el nieto (Liberto Rabal, nieto del famoso
Paco) se dedica a escribir novelas eróticas bastante
subidas de tono. El joven debe asumir las riendas de la
mansión familiar y así se destapa una ola de
sensualidad y hedonismo impensables en buena salud de la
matriarca. Según el director: “Esta es una película
en la cual las ideas se mueven por la ironía dramática,
a través de recursos como el suspense y el humor
negro... puede ser una comedia que establezca contacto
con el gran público, como yo lo deseo... trata sobre la
apariencia y la mentira y se inspira tal vez en Algunos
prefieren quemarse y en Los sobrevivientes”. No hay que ser demasiado agudo para percibir que temáticamente
se está ampliando el rango de intereses del cine
cubano. Virtudes y defectos aparte, que podremos exponer
en su momento, Miradas, Miel para Oshún, Nada
y Las noches de Constantinopla representan algo
así como el final de un período o, más bien, la
inauguración de otra etapa para la cinematografía
nacional, en la cual tal vez se descubra la vía para
sostener el rigor, la profundidad y la renovación sin
renunciar a la gracia, la comunicación y el buen
empaque. |
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