LA JIRIBILLA
UN DÍA EN LA FERIA, DESDE LA CALLE

La feria del libro de Miami no puede evitar contaminarse. Por más que se disfrace de cultura, no puede ocultar el discurso barato, la opinión basta, el mercadeo del chisme. Como todos los que se empeñan en mostrarse tal cual no son, terminan siendo descubiertos.


Julio César Guanche |
La Habana


La gran sorpresa de la Feria Internacional del libro de Miami, según El Nuevo Herald, fue que se agotara El Corán en español, a la venta en por los menos dos quioscos de literatura árabe. El resto del evento, según parece, no tuvo mayores sorpresas. Un programa en español y en inglés, como corresponde a una ciudad bilingüe, se cumplió durante una semana. Una feria que este año, no obstante, "ha sido más pobre que la del año pasado, con menos compañías representadas y menos personalidades asistentes", según Josefina Hernández, representante de Publications Exchange (PEX), firma distribuidora que ha estado presente en otras ediciones del evento. Pero otras sorpresas pudo llevarse un visitante. El extranjero que fue hasta el Miami-Dade Community College, ilusionado por los periódicos, para encontrarse con un espacio para la cultura latinoamericana sufriría do la sorpresa más grande de su vida. El programa hispano de la feria contó con la presencia de "veintiocho autores cubanos y cubanoamericanos, residentes en Estados Unidos y otros confines de la diáspora". El nivel de unilateralidad, tanto en la presencia de otros ámbitos culturales, como en la propia visión sobre Cuba, claro que solo puede sorprender a un visitante poco informado. Del resto del continente y de España no fueron más autores que los cubanos allí presentados. En la "feria callejera", celebrada el sábado 10 y el domingo 11 de noviembre, en las calles interiores del Miami-Dade Community College, de cada cuatro sitios de venta al menos uno ofrecía productos relacionados con Cuba. Desde guías telefónicas de 1958, almanaques de 1952, fotos de 1925, Bohemias de la Libertad, hasta libros de Historia, importantes y no, pasando por un libro de cuentos cubanos contemporáneos que anunciaba, en la nota de contracubierta, tratarse de un lúcido abordaje sobre la Cuba actual y que termina diciendo: "las noches de La Habana están desiertas de ruido" (cuando el ruido es un producto nacional de La Habana).
Cuba, "la otra orilla", fue el programa en que se presentaron los cubanos. Esa orilla, sin embargo, careció de la representación de nombres fundamentales de la Literatura cubana de la diáspora, convirtió en presentaciones centrales muchos debuts literarios, que en medios editoriales fuertes solo alcanzan tímida presencia, y convocó a algunos miembros del star system de los "ensayistas cubanos", como Carlos Alberto Montaner, a quien ningún profesor de seria calificación se le ocurriría llamar "pensador".
Este interés sobre Cuba fuera entendible, y hasta productivo, si no partiera de la misma matriz que controla los asuntos cubanos en Miami. La feria del libro no puede evitar contaminarse. Por más que se disfrace de cultura, no puede ocultar el discurso barato, la opinión basta, el mercadeo del chisme. Como a todos los que se empeñan en mostrarse tal cual no son, terminan siendo descubiertos. "Mira ese libro de Nitza Villapol", le decía una señora a otra frente a uno de los quioscos, "no la compro, es comunista", "pero..., cocina bien", respondió la primera. La relación entre el comunismo y la cocina es algo inefable, no así la filosofía de la ceguera. 
En el stand del Center for Free Cuba, organización presidida por Frank Calzón, persona de quien se ha escrito mucho sobre sus vínculos con la CIA, se mostraba un libro que recientemente le publicó ese centro a Emilio Ichikawa y que fuera lanzado meses atrás. Interrogado sobre quiénes fueron los presentadores del libro, el representante del stand respondió "nadie, se presentó en una recepción": un acto sin dudas muy intelectual. Para más, el prólogo es de Carlos Alberto Montaner. A la pregunta de si le interesaba lo producido en Cuba, el representante dijo que a él "le interesaba lo que no se producía en la Isla".
En contraste, muchos coinciden en que es creciente el interés por la cultura hecha hoy en la Isla. La representante de PEX, que distribuye libros editados en Cuba, afirma: "nos hemos dado cuenta desde el año pasado de la demanda tan increíblemente grande que hay. Como tú ves la gente se acerca masivamente preguntando de dónde es esto, yo les explico que es importado directamente de Cuba y la gente se queda maravillada."
Por otro lado, el representante de Ediciones Universal se niega a publicar libros escritos en Cuba después de 1959, aduciendo las limitaciones del bloqueo, a pesar de que desde 1989 se promulgó una enmienda, la Bergman, que abrió un resquicio para el comercio de publicaciones culturales entre los dos países. En ese caso, la ganancia económica mayor de Ediciones Universal estaría en que los más de mil libros que se producen al año en Cuba, "todos hechos por el gobierno de Fidel Castro", según el representante de Universal, no entren a Miami.
La diversidad temática de los libros publicados en Cuba, de los cuales algunos se exhibían en los quioscos de PEX, es apabullante respecto a lo que se ve en otros espacios de la feria. En un sitio muy bien ubicado, justo en la encrucijada de la "feria callejera", un amplio cartel anunciaba a "escritores cubanos de Miami". Claro que era solo un sitio, entre otros, pero el caso es que a las 4:30 minutos de la tarde del domingo 11 había allí seis libros, tres eran del mismo autor: uno con cuentos políticos de Pepito, otro sobre las relaciones sexuales en la Base Naval de Guantánamo en 1994, y otro recogía el testimonio de un balsero. "Claro, porque es la literatura de aquí, de lo que llaman el exilio, lo que yo les digo es que la literatura de la Isla es menos politizada que la de ellos, cuando dicen que son libros políticos, yo los invito a que vengan aquí y lean. Es muy estrecho el margen de cosas en las que trabajan, siempre es el mismo tema", comenta Josefina Hernández, en cuyo quiosco pueden encontrase libros de poesía de Antón Arrufat y César López, novelas de Daniel Chavarría y Jorge Ángel Pérez, y antologías de poesía y cuento del siglo XX cubano, que incluyen a la literatura de Cuba y su diáspora, seleccionadas por Jorge Luis Arcos y Alberto Garrandés, todos publicados en Cuba. 
"No hay ninguna razón política" para no publicar a autores residentes en la Isla, asegura el representante de Ediciones Universal, no obstante, en su extenso catálogo figura un solo autor residente en Cuba con un libro sobre economía cubana de antes de 1959. Por el contrario, Janet Toirac, profesora de Comunicación Social de la Universidad de La Habana, de visita ocasional en la Feria, comentó: "las editoriales en Cuba tienen libros de Enrique Labrador Ruiz, Jorge Mañach y Lino Novás Calvo, todos emigrados después de 1959, hace poco se presentó en la Isla Como un mensajero tuyo, de Mayra Montero, y para la feria del libro de la Habana se ha invitado a José Kozer y René Vázquez Díaz, para la presentación allá de libros suyos."
Sobre la feria de Miami un periodista de The Miami Herald aseguró que fue "una verdadera fiesta literaria universal, que habla de un Miami culturalmente maduro y capaz de ofrecer al visitante algo más que sol, palmeras y diversión fácil." Esa madurez intelectual es muy difícil de apreciar cuando se conoce que los niveles de lectura en la Florida son bajos, que lo que más se vende son videos y discos de música, y que ningún distribuidor importante se atreve a poner en circulación libros publicados en Cuba o cercanos en sus enfoques a criterios manejados por estudiosos de la Isla.
Al preguntársele a Mario Cabello, en el sitio del Comité Cubano por la Democracia, si tendrían problemas por visitar Miami escritores cubanos residentes en Cuba, dijo "que no sabía", pero sí conocía muy bien los problemas que hubo de afrontar él mismo, integrante de la Brigada 2506, a su regreso de Cuba tras participar en la Conferencia sobre Girón que tuvo lugar en el año 2000. "Me trataron peor aquí que la gente a la que fui a dispararle a Cuba. Aquí me pidieron la cabeza". Se refería a las amenazas de muerte y a los mítines de repudio que debió soportar. "La gente aquí le tiene mucho miedo al costo social de las cosas, ahora mismo pueden estar leyendo La Jiribilla, y no te lo admiten, y se acercan aquí y te hablan bajito, y yo les digo, caballeros, por favor, este es un país libre ¿o no?". 
Él es uno de los tantos que se han fatigado del "discurso de la calle Ocho", del control sobre la vida política y cultural de Miami y cree que "hay una mayoría que quiere un cambio hacia Cuba, pero que los poderes económicos, periodísticos, y del dinero, todavía están en manos de la gente de 1959." "Existe -agrega Cabello- una mayoría silente que no puede expresarse", y que no es tomada en cuenta en los programas de la Feria.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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