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LA
JIRIBILLA
LA EROSIÓN, EL DESGASTE, EL EROTISMO
Ante las demasías del 'plástico' literario, los falsos embrollos de la escritura, ese ir a menos del relato
donde hay un dilema con el sexo y el placer y la noción de amor,
Eros-iones
se constituye en un intento logrado de legitimar la sinceridad.
Alberto Garrandés |
La
Habana
Huxley dice, en uno de sus ensayos memorables de Adonis y el alfabeto, que la palabra amor, por muy zarandeada y envilecida que esté, ha
de ser siempre la última en pronunciarse. Frank Padrón, el autor de esta colección de
historias, (Eros-iones, ediciones Unión) coloca al frente de ellas un texto,
"Pre-facio", donde el célebre escritor de
The Doors of Perception dialoga con el no menos célebre Julio Cortázar.
Esa conversación -Cortázar, Huxley- es la que Padrón urde para que Huxley hable de su preocupación sobre el amor envilecido y siempre a punto de renacer. Ambos se aproximan a una experiencia ecuménica, o simplemente occidental, en torno a la sensibilidad del sujeto en las circunstancias de su ligadura -súbita, paulatina- con el otro. Reunidos por la muerte, estos escritores se enfrentan a la paradoja de aquellas señales sobre la corrosión y la actualidad del amor. Es la misma paradoja, examinada en contextos insulares, que recorre el volumen de Frank Padrón con una modestia que a veces se metamorfosea en candor, en sobriedad, incluso en recato.
La satisfacción de leer estos cuentos podría explicarse de varias maneras. En primer lugar Frank Padrón esquiva lo espectacular, huye de esos encuadres-anzuelo que casi cualquier lector mordería fácilmente tratándose, en principio, del erotismo, y luego, concretamente, de situaciones donde la sexualidad reposa en lo que el mismo Padrón llamó una vez la estética del amante semejante, la irresolución del deseo o su carácter precipitadamente resoluto y, en consecuencia, accidentado. En segundo lugar él mismo se encarga, con cuidado evidente, de mostrarnos un acontecer, unos personajes, unos hechos, varios problemas cotidianos. Pero sin complicaciones de alambique, sin destilar casi nada. Ante las demasías del 'plástico' literario, los falsos embrollos de la escritura, ese ir a menos del relato donde hay un dilema con el sexo y el placer y la noción de amor,
Eros-iones se constituye en un intento logrado de legitimar la sinceridad. De relatar, en principio, experiencias que tienen algo que decirle al sujeto común y a quien, preocupado por el hacerse continuo de las historias de ficción, sabe que muchas de ellas tienen su origen en la propia literatura, en sus mitos seculares, en los grandes libros y en los grandes escritores.
No es Eros-iones, en lo que se refiere a esas materias, un libro orgánico, por completo dedicado al cuerpo. No tendría por qué serlo. Tampoco es el documento de un estilista del lenguaje, pues su objetivo no se encuentra precisamente allí. Sin embargo, me parece ver tras el conjunto la necesidad (en el autor) de jerarquizar un conflicto que suele vincularse al territorio del cuerpo y que compromete en buena medida las relaciones del yo con el otro: la identidad.
"Memorias de Argentino", por ejemplo, exhibe un ingenio lógico apreciable, pues se juega con la identidad de Jorge Luis Borges, de ese Borges cuestionador de su propio yo 'escriturado' e, incluso, de su realidad como sujeto para la literatura.
Ese asunto se renueva, desde el ángulo de la sexualidad y la comunicación, en un texto como
"De un pájaro las dos alas", donde Frank Padrón ha querido abolir ciertas convenciones abolibles en relación con el afecto y los desempeños de la 'masculinidad negra' (si es que existe y puede oponerse binómicamente a la 'masculinidad blanca'). Y también en
"Ulises", donde el viaje es hacia dentro, hacia la Ítaca del compromiso personal con aquello que se siente
auténticamente y que se descubre, bajo esa condición, como un destino final, como un regreso al origen de las primeras cosas.
"El murciélago", claro homenaje a Onelio Jorge Cardoso y su estupendo relato
"Pájaro, murciélago y ratón", es una narración eficaz, muy breve, que vuelve a la pregunta sobre el yo reformulándola luego en un texto acerca de
la hipocresía eclesiástica, tan delatada desde los iluminados (o sombríos) tiempos de Diderot. Se trata, de acuerdo con la perspectiva de cada
personaje, de una inquisición ajena a la tolerancia y a la verdad esencial de los hechos. Allí, en
"El juicio final", un texto anticlerical, el miedo se torna malsano, la inautenticidad se convierte en impiedad. El joven
gay Joni llega a convertirse en un problema inaceptable para la congregación, su conducta podría tal vez resultar un espejo peligroso para quienes lo juzgan y condenan.
Los breves textos alternos que anuncian a los de mayor extensión por analogía o contraste, o porque insinúan alegóricamente en ellos lo que
después se hace explícito, no siempre están allí para tender puentes o establecer conexiones. "¿Qué es el
zen?" y "La trilogía", por ejemplo,
poseen cierta independencia. El primero condensa hábilmente lo que el zen proclama acerca de las sensaciones y la percepción, el cuerpo de mujer que emerge del riachuelo se incrusta en el paisaje interior del alumno y lo
ilumina. El segundo es un ejercicio lógico donde se pone a prueba la dialéctica de las dádivas, los dones, los intercambios.
Quiero terminar este comentario con mi adhesión al tono y al autocontrol que demuestra Frank Padrón al escribir
"Des-velo y coro", un texto lleno de escollos y tentaciones a causa de las materias que lo componen. La monja poeta Sor Juana Inés de la Cruz reaparece allí como un problema para la imaginación y la historia. Y lo hace viva, cimbreante, en busca de la verdad, su verdad, como la Santa Teresa de Bernini, de éxtasis en éxtasis.
Notas:
1 A propósito, recomiendo sin otro comentario, ver la singular película
hongkonesa Sex &Zen.
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