LA JIRIBILLA
LUCES Y SOMBRAS DE GIULIANI
EL HOMBRE DEL AÑO

Su historia es la de un derrotista, un fracasado, un hombre quebrantado por la historia que se desalienta ante las adversidades. Lo del once de septiembre fue una excepción dentro de la regla.


Lisandro Otero |
México


La revista Time acaba de proclamar como el hombre del año al alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. En estos días le entregará la conducción de la ciudad al multimillonario Bloomberg, pero la razón de la inclinación popular, que la revista acata, se debe a su actuación tras los atentados del once de septiembre.
En aquellos momentos de incertidumbre, mientras Bush se daba a la fuga de ciudad en ciudad y era incapaz de ofrecer el mensaje de aliento y la seguridad que la ciudadanía necesitaba, fue Giuliani quien dió la cara.
Sus frecuentes apariciones en televisión lograron comunicar al pueblo estadounidense lo que deseaban oir en aquellos instantes: somos invencibles, ninguna agresión nos arredrará. Eso es lo que la  sicología de las multitudes exige en trances difíciles como los que sufrían los neoyorquinos.
Fuera de aquellos días en que el alcalde demostró que tenía madera de político avezado, Giuliani ha sufrido avatares que difícilmente justifican la honrosa selección de que ha sido objeto. La bronca con su mujer motivó que esta lo echara de Gracie Mansion, su residencia oficial y tuviera que mudarse al apartamento de un amigo. En medio de su campaña contra Hillary Clinton por la senaduría de Nueva York le fue detectado un cáncer de próstata y abandonó la campaña. Su historia es la de un  derrotista, un fracasado, un hombre quebrantado por la historia que se desalienta ante las adversidades. Lo del once de septiembre fue una excepción dentro de la regla.
Muy diferente fue la selección de Time cuando eligió como personaje del siglo al sabio alemán Albert Einstein. Sin duda que el honor era adecuado puesto que fueron sus estudios los que permitieron el descubrimiento de la fisión nuclear y la posibilidad de convertirla, tanto  en un arma terrible, como en una fuente poderosa de energía para el  desarrollo.
Pero muchos se cuestionan si no quedaron otros igualmente meritorios en el tintero de aquella selección del milenio. No faltan  quienes postularan a Franklin Delano Roosevelt y a Winston Churchill para la nominación. Roosevelt fue el hombre que salvó de la ruina el sistema estadounidense. Las leyes del mercado se habían sumido en un abismo y el mandatario supo rescatar a su nación aplicando las normas keynesianas.
Además, vió a tiempo el peligro nazifascista y condujo con éxito la cruzada por la democracia occidental hasta anular el poderío totalitario alemán.
Habría que pensar si Sigmund Freud no hubiera merecido el honor por haber descubierto las vastas repercusiones del subconciente. O Alexander Fleming quien, con su descubrimiento de la penicilina, salvó tantos millones de vidas. Para muchos fue Mohandas (Mahatma) Gandhi el hombre del siglo por su prédica de la teoría de la no violencia con la cual condujo a  la independencia al subcontinente indio, la segunda nación más poblada de la tierra. Algunos habrían preferido a Lenin, inspirador del más importante proyecto quimérico de este siglo. Otros señalan a Mao Tse-Tung, porque supo variar el destino de la China imperial y atrasada y llevarla por otros derroteros de renovación.
El combate al racismo, una de las rémoras de la humanidad, tuvo un campeón en Martin Luther King, pero su más decisivo paladín fue Nelson Mandela, quien tras 27 años de cárcel y una lucha indeclinable logró abatir el apartheid, suceso que influyó en toda Africa. Muchos  señalan a Fidel Castro; pese a que fue omitido inexplicablemente de las listas de Time, merecía el honor por la heroica resistencia que ha logrado insuflar a su pueblo, lo que agiganta la dignidad de una pequeña isla frente a los desafíos y provocaciones del poderoso imperio de turno.
Las figuras de la imaginación artística también merecen su lugar y no solamente los grandes capitanes de la historia. ¿Por qué no Picasso, Stravinsky o Joyce? Algunos señalan al asesinado John F. Kennedy y ciertamente su gallarda personalidad inspiró en muchos la posibilidad de un renacimiento democrático en Estados Unidos. No faltan los que propondrían una personalidad negativa como Hitler, Franco, Stalin o Pinochet. Quienes respaldan a Juan Pablo II le atribuyen la derrota del comunismo, pero no hay que olvidar que el experimento soviético cayó por sus propios errores. Todas esas figuras tuvieron un relieve que el gris Giuliani no puede ostentar. La selección de Time ha sido desafortunada y contrasta con las valoraciones que han realizado en otras ocasiones.


2001. La Jiribilla. Cuba.
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu