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LA
JIRIBILLA
MÚSICA
DE NAVIDAD
Martha
Esquenazi Pérez
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La
Habana
Dentro de la música vinculada a la Navidad incluimos la que es ejecutada durante los nueve días que antecedían a la Nochebuena y hasta nueve días posteriores al Día de Reyes (del 15 de diciembre hasta el 15 de enero aproximadamente).
Existieron varias manifestaciones musicales como las rumbas de Navidad, en Mantua, una agrupación que solía salir en coche con guitarras, tumbadoras y saxofón cantando por las calles coplas alusivas a la fecha:
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Muy buenas noches,
la noche buena,
paseando en coche,
después de cena.
La Nochebuena, señores,
La vamos a celebrar
Comiendo lechón asado
Hasta por la madrugá.
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En la ciudad de La Habana las
trullas de a pie y de a caballo eran grupos que acompañados de "maraca, tiple y caracho (güiro) bajo el brazo", iban cantando por las calles coplas a las que llamaban
aguinaldos, y visitaban amistades (Alonso, 1929: 164):
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Naranjas y limas,
limas y limones,
más vale la Virgen,
que todas las flores
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En Trinidad se presentaban diferentes actividades propias del lugar como las comparsas de pitos, que salían por las calles sonando todo tipo de aerófonos, sobre todo pitos y fotutos. En otros lugares de la zona central fundamentalmente, también salían grupos de fotutos, como en Sancti. Spíritus, durante la noche de San Silvestre (Rodríguez , 1975: 11-12); estos fotutos se construían de diferentes objetos: caracol marino, tarro o cuerno, caña brava, tinajones o botellas. Y no solo se empleaban durante la Navidad y la Semana Santa (el día de la Resurrección), sino también en otras ocasiones, como cuando las viudas contraían nuevas nupcias, un viejo se casabe con una joven, una mujer le era infiel al esposo, por incendios, crecidas de los ríos o simplemente para llamar a almorzar a los campesinos (Sánchez, Barrios, et. Al., s1982).
Los coros de pedir posada salían en Trinidad, nueve días antes del 24 de diciembre, nacimiento del Mesías. Pedían posada en tres casas, se les negaba en las dos primeras y se les ofrecía en la última: se contaban entonces versos alusivos al hecho:
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-En nombre del cielo, pido posada, si aquí quisieran darle a esta dulce
madre.
(De la casa a oscuras alguien contesta):
-Esto no es mesón, ni admitimos posada, sigan adelante.
(Se repite en una segunda casa y de nuevo se les niega hasta que los admiten en la tercera.)
Humildes peregrinos, Jesús, María y José,
os ofrezco el alma mía para que tengáis posada
aquí en mi casa, su casa
con gusto reposarán.
Así es deber alumbrar
a nuestro dueño el Mesías.
Humildes peregrinos, Jesús María y José,
Mi alma os doy, con ella mi corazón también.
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En Santiago de Cuba se tienen referencias sobre bandas militares que pedían el aguinaldo por las calles. También se realizaba la "Búsqueda del niño perdido", festividad que se celebraba el domingo siguiente al Día de Reyes en el antiguo templo de San Francisco (Bacardía, 1923, t. II: 22-25):
En la noche anterior concurría multitud de gentes a la esquina de Santo Tomás a presenciar lo que entonces llamaba el vulgo los
encontrones: que no era otra cosa que el encontrarse o darse de manos. Las Santas Imágenes de María Santísima y el Señor San José que partiendo de distintos rumbos en busca del Niño arribaban, los hacían saludar y se dirigían al citado templo. En la mañana siguiente, bajo un pabellón formado al efecto sobre la acera desecha se hallaba oculta la imagen del hermoso niño, en medio de los doctores de la ley representados por los bustos de San Buenaventura y San Juan Nepomuceno. Para dar principio a la misa se llevaban las imágenes de María y José procesionalmente, y tirando el velo, apareciendo el niño rompía la música estrepitosa y entonando la comunidad seráfica el himno convenientemente regresaba la procesión con el niño hallado, después de una loa referida por una joven vestida de ángel.
Una versión del romance empleado en esta celebración apareció en Oriente Folklórico y fue posteriormente reproducida por Ana M. Aguilera en un artículo. Concepción Alzola brindó una versión recopilada por ella en La Habana (1951:55). Diurante la investigación del "Atlas de la cultura..." se encontraron otras versiones en La Habana y Villa Clara, como la siguiente, recogida en Batabanó, La Habana:
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Madre, en la puerta hay un niño
más hermoso que el sol bello;
no dudo que traiga frío,
está descalzo y viene en cuero.
Pues dile que entre y se calentará,
porque en esta tierra ya no hay caridad.
Hazle la cama a este niño
en la alcoba y con primor.
No me la haga usted, señora,
que mi cama es un rincón,
mi cama es el suelo desde que nací
y hasta que me muera debe ser así.
El niño perdido (1)
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Menéndez Pidal (1953, t. II: 387) hace referencia a un romancero particular del Niño Jesús que se entona durante la época de Navcidad; de ellos hemos hallado varios relativos a la Virgen María, a San José, al Ciego y la Virgen, y también romancillos y villancicos. Algunos han sufrido jocosas modificaciones, como este localizado en Ciego de Ávila:
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Los pastores de Belén
corren presurosos
y ya de tanto correr
tienen los zapatos rotos
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Las charangas y parrandas de Navidad
Las charangas se celebraron primeramente en Bejucal (1840), donde todavía se mantienen, y luego se extendieron a otros pueblos de la zona occidental. Las parrandas parten de Remedios y después se realizaron también en otros poblados aledaños de la zona central de la isla. Charangas y parrandas poseen rasgos comunes como la competencia entre bandos en la construcción de "trabajos de plaza" y carrozas, en los fuegos artificiales y en los cantos.
En las charangas de Bejucal, durante la segunda mitad del siglo XIX, contendían dos bandos: el Rojo y el Azul. El Bando Rojo entonces se denominaba Malayos, y a principios del siglo XX se simbolizaba con la espina de oro y el gallo, y utilizaba como instrumentos gaitas, pitos de auxilio, guitarras, panderetas y mandolinas; había cierta influencia hispana en el texto de los cantos:
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Centinela
de la puerta,
dime dónde está el caimán.
Aé, aé, aé, aé
dónde está el caimán
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Mientras
el Bando Azul, llamado en el XIX Musicanga y en
el XX simbolizado por la Ceiba de plata y el alacrán,
empleaba tambores de barril, quijada, reja, botija,
caracoles, fotutos, y, según algunos autores, mostraba
influencia africana en los textos de los cantos:
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La
pieza que hizo Cubillo
La hizo con mucho apuro.
¿Quien ha visto pavo real
con mariposa en el culo?
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Durante la primera mitad del presente siglo ambos bandos adoptan el conjunto de conga o chambelona: maracas, bombos, redoblantes, sartenes, cornetín, tambores de candela, y cantos de puya en las congas. Actualmente el conjunto de las charangas de Bejucal acompaña a la comparsa de los Guaracheros de Regla y ha cambiado el repertorio de las congas de los dos bandos.
En las charangas de Quivicán se reproducen hasta los nombres de los bandos contendientes: La Espina de Oro y La Ceiba de Plata. El canto de La Espina de Oro anuncia:
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Si la Ceiba se impone,
La Espina se la come.
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Las más antiguas de las parrandas conocidas con las celebradas en Remedios; ya en 1858 se describe la composición de la orquesta empleada para las misas de aguinaldo: "matracas, pitos fotutos, quijadas.." (Martín Farto, 1988:46) que se utilizaban para despertar a los vecinos y que asistieran a la misa de gallo. Hacia 1878 s se definen dos tipos de grupos musicales: el
repique, compuesto por rejas, cencerros, gangarrias, alcahuetes y atamboras, con el mismo fin mencionado anteriormente, y el
piquete: dos trompetas, dos clarinetes, dos trombones, un bombardino y un timbal de agarre, que interpretaba las polkas y rumbas distintivas de cada barrio al comienzo de la festividad.
Martín Farto (1989: 24) distinfgue el toque de repique de ambos barrios, pues considera que:
En El Salvador, por ejemplo, las rejas, los cencerros y las gangarrias dibujan, hacen improvisaciones, mientras la atambora mantiene el mismo ritmo. Sin embargo, en El Carmen es lo contrario, las atamboras son las que repican y los demás instrumentos llevan un toque uniforme.
Posteriormente van cantando rumbas que emplean cuartetas o coplas que elogian su barrio y menosprecian al barrio contendiente, con tumbadoras como acompañamiento. Martín Farto las clasifica en rumbas de desafío y de victoria.
En las parrandas de Remedios hay dos barrios contendientes: San Salvador, cuyo bando tiene el color rojiazul y el gallo como símbolo, y El Carmen o bando carmelita, simbolizado por el globo. Veamos a continuación el canto de victoria del barrio de San Salvador y el canto de desafío del barrio de El Carmen:
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¿Dónde va San Salvador
con la noche tan oscura?
Voy a abrir la sepultura,
Que El Carmen ya murió
¡Aquí te espero,
aquí te espero, Sansarí!
pa'darte cuero.
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Mientras el canto de victoria de El Carmen afirma:
¿Ganamos, Sansarí, ganamos!
Con características similares a estas, las parrandas se extienden por varios pueblos de la región central, aunque difieren de las de Remedios en cuanto a la música, pues no poseen dos tipos de agrupaciones musicales sino uno solo, y no interpretan polkas distintivas de cada barrio sino solamente el género de la conga, a la que nombran como
changüí o congas.
En Santo Domingo los barrios contendientes eran El Jardín y La Palma; en Encrucijada, Chivos y Sapos; en Cabaiguán, Cantarrana y Chivo; en Taguasco, La Paloma y La Cotorra; en Yaguajay, La Loma y Sansarí; en Camajuaní, Sapos y La Loma; en Quemado de Güines, El Perejil y La Puya; también en Caibarién existieron las parrandas De Placetas, Villa Clara, reproducimos las congas de los barrios de Zaza y Fortún:
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¿Para qué tú me cantas, Fortún,
si tu canto no tiene melodía?
si tú eres como la lechuza,
que abandona el coro
antes que llegue el día.
Zaza, oye mi coro
Tan alegre como va.
¡Ay!, qué placer,
Zaza no va.
Somos los fortunistas,
brindando felicidad.
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Notas:
(1)Tomado de "Oriente folklórico"
VII Fascículo de Ramón Martínez y Martínez
(1938:200)
Tomado de Del Areíto y otros sones, Editorial
Letras Cubanas y Centro de Investigación y desarrollo
de la cultura cubana Juan Marinello. 2001
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