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LA
JIRIBILLA
LORENZO LUNAR CON EL DISPARO
OPORTUNO
"El hombre nuevo de la literatura policial cubana es una entelequia que espera por nosotros, un paradigma más allá del
héroe chandleriano. Algún día será."
Alexis Castañeda Pérez de Alejo|
Villa
Clara
El pasado 14 de julio, el poeta y ensayista Yamil Díaz Gómez, en medio de la presentación de sus libros
Soldado desconocido y Crónicas martianas, ambos Premios de la Ciudad del 2000, desvió la atención de los presentes al declarar que dedicaba la tarde a su hermano en las letras y en los afanes beisboleros, Lorenzo Lunar
Cardedo, porque recién había llegado una comunicación de los organizadores del Concurso de Literatura Policial Semana Negra de Gijón, donde se informaba que el ganador del premio de relatos era precisamente este escritor, intenso habitador de Santa Clara, con la obra "Su nombre en un cartel", pero que, además, el primer eccesit también le correspondía por el cuento titulado "El manco, el cojo y el hombre nuevo" ; de esta manera Lunar Cardedo se adjudicaba por segunda vez la primacía del evento pues ya lo había hecho en la edición de 1999 con
"Disles que no me maten". "Lorenzo es como esos peloteros -insistió
Yamil, con el énfasis fraterno y sincero que acompaña todos sus actos- que nunca hace el equipo Cuba, sin embargo siempre dispara el jonrón en el momento oportuno".
De Lorenzo Lunar se conocen dos libros publicados, El último
aliento, ganador de la II Bienal de Narrativa de Villa Clara, 1994 y publicado luego por Ediciones Capiro y
Échame a mí la culpa, premio en el concurso Aniversario de la Revolución en 1996, traído a la luz por la editorial Capitán San Luis cuatro años después; es, además, poseedor de varios premios y menciones, y obras suyas aparecen recogidas en varias antologías y durante el año 1999 mantuvo en vilo a la audiencia villaclareña con su drama radial
Amenaza criminal, trasmitido por la emisora CMHW.
Parafraseando algunos de sus títulos asalto al escritor con interrogantes esgrimidas por diferentes flancos, que él me devuelve respondidas con acotaciones hechas en el más defensivo lenguaje.
¿A quién le puedes echar la culpa de tu inclinación y dedicación casi plena por la literatura policial si se te recuerda en tus inicios escribiendo ciencia ficción ?
Siempre es bueno tener alguien -o algo- a quien echarle la culpa de las cosas. Dice mi amigo Frank Abel Dopico que quien se ríe cuando las cosas le salen mal es porque ya tiene pensado a quien echarle la culpa. Como las cosas me van bien, pues quizás podría desentenderme de un chivo
expiatorio, pero dicen también que el hombre precavido vale por dos y nadie sabe cómo me irá mañana. Así que si de culpables se trata creo que el primero debe ser mi tío Samuel que cuando yo era un muchacho me compraba todas las semanas un libro, casi siempre
policiaco, de la Colección Dragón, a su memoria, y a su condición de culpable de mis primeras lecturas policiales dediqué mi segunda novela policial
Cuesta Abajo, que se encuentra en proceso por Ediciones Capiro. También hay otros; Agustín de Rojas, que me hizo descubrir una realidad de la que yo trataba de esconderme como el avestruz metiendo la cabeza en una literatura de ciencia ficción que nada tenía que ver con mis posibilidades como escritor; Carmen Sotolongo que cada rato me recuerda que "el
policiaco es lo tuyo, Lorenzo"; Rebeca que me instiga... Pero creo que hay un culpable mayor: la vida, la realidad que nos rodea y que ofrece buenos asuntos para esta literatura. Si de todas maneras, como es muy posible en todo juicio, estos acusados presentasen pruebas irrefutables de su inocencia, entonces, échame a mí la culpa.
El género en Cuba ha venido padeciendo -salvo las reglamentadas excepciones- de cierta cojera y manquedad argumental y estilística, aunque ya en los últimos años del siglo pasado se pudieron apreciar algunas propuestas diferentes y superiores. ¿Se atisba entonces un hombre nuevo dentro de la trama policial nacional ?
Lo cierto es que "el hombre nuevo" -entre otras cosas- debe prohibirse la vanidad y el falso orgullo. Si de algo hemos pecado en esa alquimia que muchos llamaron "su construcción" ha sido de
pretenciosos. Eso es lo que más nos ha mutilado.
Sí, creo que en los noventa se está escribiendo la mejor literatura policial de nuestra historia, pero todavía nos falta como fenómeno literario. Algunos han tenido éxito en el mercado y eso es importante. Otros se piensan que han llegado a la cima y es que no dan más. La mayoría seguimos trabajando. El hombre nuevo de la literatura policial cubana es una entelequia que espera por nosotros, un paradigma más allá del
héroe chandleriano. Algún día será.
Algunos conocemos que no sólo te suscribes al policial sino que últimamente te adentras en la literatura erótica y la narrativa en general sin cercos
subgenéricos. ¿Son pues, estos textos premiados tu último aliento en las andanzas policiales ?
Lo que pasa es que el género policial también evoluciona y de pronto uno se sorprende escribiendo una historia involuntariamente policial. Yo nunca sospeché lo que es escribir profesionalmente. Profesionalmente no en el sentido de que sea mejor o peor el resultado literario, ni que recibas más o menos dinero, o ninguna plata, por el acto. Digo profesionalmente por el hecho de sentarte cada día una jornada frente al teclado. Entonces escribir es para uno como respirar. Así he venido respirando y escribiendo durante diez años. El primer relato policial (involuntario) que escribí fue "De dos pingüé" que ganó una bienal nacional de narrativa en 1996, pero que todavía está inédito. Antes de mi novela
Échame a mí la culpa publiqué el libro de cuentos
El último aliento que no es policial. Los cuentos eróticos -un par de ellos acaban de aparecer en la antología
Nadie quiere mentir de la editorial camagüeyana Ácana- los he ido escribiendo junto con los que se consideran policiales y otros más. Ahora, mientras la Editorial Capitán San Luis termina mi libro de cuentos policiales
El barrio en llama por la Isla de la Juventud debe salir la colección de relatos
Luces de La Ciudad y espero respuesta de otra editorial nacional sobre mi novela erótica
El Marqués de la tristeza. Tengo también en Capiro un libro de crónicas santaclareñas. Creo que lo que pasa es que estoy escribiendo bastante y hay una zona de mi literatura, la policial, que debido a los premios que he obtenido con ella llama más la atención. Por ahora sigo respirando literatura de todo tipo y, aunque hay cosas que son para cortarle el resuello a uno, no pienso en el paro respiratorio. En estos momentos escribo mi tercera novela del género policial titulada
Usted es la culpable que, junto a Échame a mí la culpa y
Cuesta Abajo, completa la trilogía La vida es un
tango.
Más de una vez has opinado sobre la discriminación que sufre la narrativa, sobre todo en las editoriales provinciales, donde la poesía -dices- tiene prioridad. ¿Consideras que se mantiene esa amenaza criminal sobre el género?
Generalmente los criminales están convencidos de la justicia que ampara sus actos. Las víctimas también serán siempre víctimas. Así, esto pudiera verse como un problema de puntos de vista. De todas maneras uno siempre debe arriesgarse a defender el suyo. No creo que tampoco sean los números y porcientos los que nos muestren la verdad total, la promoción de la literatura debe verse como algo más serio. Pensemos quizás en algunos poetas que han recibido las bondades de varias publicaciones en estas editoriales teniendo como tope de su aval apenas un premio municipal de talleres literarios, y en otros narradores con importantes reconocimientos nacionales que agradecen una breve publicación en su vida a la campaña masificadora actual.
Una vez un amigo, Jefe de una editorial, me defendió "su derecho" a que "su editorial" fuera un proyecto de promoción absolutamente de la poesía, creo que tenía toda "su razón". Hoy esa editorial tiene un perfil más amplio y además de poesía publica ensayos sobre arte, historia y política, además de cierta literatura de circunstancias. También ya tienen dos o tres cuadernos de narrativa.
Pero creo que lo más importante es que los editores van ampliando su horizonte y son ahora más objetivos que cinco o diez años atrás.
De todas maneras ya se publica mucho más narrativa en estas editoriales. Debe ser que, como en las radio-novelas de aventuras, al final ganan los buenos.
A pesar de tus premios internacionales y otros nacionales y de ser finalista y mencionado constantemente en buena parte de los concursos cubanos, eres poco referenciado y tenido en cuentas por la crítica y los medios especializados. ¿A qué atribuyes que sea tan difícil ver tu nombre en un cartel ?
Me he acostumbrado a que muchas cosas me lleguen tarde, algunas cuando ya dejan de ser importantes para mí pues ya tengo otros intereses. Eso puede ser un estigma. También es que hay cosas que uno se busca, pero es que yo soy como soy. Lo bueno es que así le gusto a mis amigos y de todas maneras la vida me ha ido recompensando en su debido momento. Me siento feliz.
Soy vanidoso, no lo niego, y como mismo hace diez años soñaba con ver mi nombre en el discreto cintillo de un periódico provincial ahora estoy seguro que algún día veré mi nombre en un cartel, sólo espero que sea lumínico.
¿A quién le dirías que no te mate ?
Aquí debo citar, sin remedio, al maestro Félix Luis Viera: "cada día muero veinticuatro horas". La muerte tiene sus variantes y no me escapo del premeditado suicidio ni del disparo del amigo; a quemarropa, directo al pecho, para asesinar mis imperfecciones, y después resucitar como un hombre mejor -sobre todo como un escritor mejor- que es el principal objetivo de mi vida. Tampoco falta la puñalada trapera del enemigo: en el centro de la espalda y amparado por la oscuridad de las malas intenciones. De todas maneras siempre resucito, por eso nunca pido clemencia, me levanto y sigo, como aprendí de los negritos de mi barrio: "guapo y
fajao".
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