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LA
JIRIBILLA
YA NO DEBEMOS VOLVER ATRÁS
Aplaudo a estos héroes que salieron a la calle; TODOS, sea por
amor a su patria, por no aguantar más, por resentimiento y locura, sin medir
consecuencias, o por lo que sea; pero que salió y asustó y echó no a un
presidente inepto, como los medios quieren decirnos; echó un modelo, un
ciclo agotado.
Rafael Ton |
Argentina
El principio de todo camino hacía la propia transformación es reconocer cada
vez más la realidad y descubrir los engaños que la corrompen, hasta hacerla
venenosa aun a la doctrina más excelsa.
Los realistas son ingenuos y están en las nubes, o sea son tontos. Y no les
falta razón. Muchos de los que aborrecen la violencia, el odio y el egoísmo
son ingenuos. Necesitan creer que "todo el mundo es bueno" para poder
conservar la fe en si mismos. No tienen la suficiente firmeza de convicción
como para creer en las fecundas posibilidades del hombre sin cerrar los ojos
a la maldad y a la perversidad de individuos y grupos.
Para hablar de los hechos acontecidos en Argentina habría que despojarse de
ingenuidad, del hipócrita discurso "humanista", y desconfiar de
lo que nos imponen ver desde los medios de comunicación (sobre todo los
televisivos) que ponen acentos visuales y discursitos en un lado y recortan
cámara en otros. Claro que los que estaban en la plaza no pudieron esconder
la represión sanguinaria, el último zarpazo de una dictadura vestida de
democracia, en donde el pueblo nunca estuvo en el poder.
Parece que un día nos dimos cuenta que no necesitamos al papá gremialista
moyano y mucho menos al tío Daer, para protestar, sea el gobierno que sea.
Tampoco debíamos proseguir resignados, porque este camino lleva
inexorablemente a lo peor, así que, estar mal dependiendo y violado por Bush
y sus secuaces a estar mal pero independientes tiene una palabrita de
diferencia, una palabra que parecía olvidada: dignidad.
En toda revolución hubo excesos y siempre hubo estúpidos a los costados, en
la revolución francesa hubo, sin dudas, quién quería enumerar los cadáveres
tras las guillotinas, y quienes arrasaron con todo. Es el resultado de
sembrar mezquindad, resentimiento, injusticia, y todos esos excesos, de los
pobres, son más perdonables que la actitud grotescamente autoritaria del más
triste de los tristes presidentes argentinos: Fernando de la Rúa.
A la mala situación de los empleados-esclavos de Mac Donalds, que hoy
muestran una y otra vez los periodistas televisivos, mucho más que la
represión, mucho más que la soberbia de algunos políticos y la alegría
mezquina de otros, les queda una oportunidad, algo un poco más importante:
un país nuevo. Había una chica que lloraba porque no se iba a poder pagar
la facultad; por favor, que alguien le explique que eso, sin gente en las
calles, con excesos y todo era cuestión de tiempo.
Por suerte sí hubo gente que aprendió, por fin y por las suyas, que si pueden
cambiar las cosas. Ahora hay una clase política que temblará cuando salgan
las ollas a la calle. Ahora podrán protestar por tener que trabajar en
lugares que se llevan el dinero nuestro, de ellos, al exterior. Hasta quizás
puedan encontrar nuevos empleos. Tenemos un arma que nunca utilizamos ni
potenciamos: el turismo. Pero ahora depende de nosotros, de nuestra
participación, de nuestro compromiso. Con educación para TODOS, y por todos
los medios, con comida para todos, con salud, primero a los más viejos y a
los más chicos y después, enseguida, para todos. Entonces no habrá saqueos,
así de simple, ni politizados, ni con delincuentes escondidos, no habrá
saqueos. Los que lloraban por sus negocios, obviamente estoy hablando de los
negocios pequeños, pidan ayuda; salgan con sus ollas porque lo que les
sucedió no es culpa de cinco o diez bárbaros. No se equivoquen, es culpa del
gobierno, de este gobierno que se va como una rata; hasta el de Videla, por
lo menos, todos esos que vinieron a "salvar la patria" y es el
deber de los que vengan ayudarlos a ustedes primeros, antes que los
hipermercados extranjeros.
Para esto la próxima vez que votemos pensemos un poco más. No votemos a
alguien que, como latiguillo preelectoral promete vender un avión. No es
serio, ni para ellos ni para nosotros. La próxima vez que votemos que se
fijen que prometen, porque el ruido de las ollas va a escoltar cada campaña
electoral.
Por último, aplaudo a estos héroes que salieron a la calle; TODOS, sea por
amor a su patria, por no aguantar más, por resentimiento y locura, sin medir
consecuencias, o por lo que sea; pero que salió y asustó y echó no a un
presidente inepto, como los medios quieren decirnos; echó un modelo, un
ciclo agotado, una casta política, y que seguramente va a reaccionar de la
misma forma si aparecen ciertos espectros del pasado, tiñéndose a las
corridas y con la fórmula de siempre solapada.
YA NO. YA NUNCA MÁS. Ahora deberán darnos trabajo para que las ollas se
llenen de comida.
Los argentinos YA NO DEBEMOS VOLVER ATRÁS.
Texto enviado por correo electónico a nuestra redacción.
La Jiribilla lo reproduce íntegramente.
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