LA JIRIBILLA
SEXO, VIOLENCIA Y LENGUAJE
DE ADULTOS

"El sexo siempre ha estado presente en la literatura cubana y en la cultura en general, en los bailes, en todas sus manifestaciones. Pero creo que de una manera tan insistente lo he visto sobre todo en estos narradores de los noventa. Es algo constante, en ellos la problemática sexual es muy fuerte y muy abierta." Una conversación "íntima" con Margarita -Maggie-Mateo.


Manuel Henríquez Lagarde |
La Habana


Profesora universitaria y crítica literaria. Autora de los libros como Del bardo que te canta (1998) Literatura caribeña: reflexiones y pronósticos (1990), y Ella escribía poscrítica (1995) Margarita Mateo (más conocida por todos por Maggie) es una de las voces más autorizadas dentro el panorama cultural cubano para abordar el acontecer más reciente de nuestra literatura.
Por tal motivo, y a propósito del tema que hoy nos ocupa, La Jiribilla acudió en busca de sus reflexiones. La conversación que sigue a continuación tuvo lugar a media mañana, uno de estos días en el portal de su casa, ubicada en la céntrica barriada de El Vedado.

-¿Cuándo aparece el tema homosexual en la literatura cubana?
-En realidad quien ha realizado un trabajo muy exhaustivo sobre el tema de la homosexualidad en la literatura es Víctor Fowler con su libro La maldición. Una historia del placer como conquista. Él, por ejemplo, rastrea en El Papel Periódico de La Habana una de las primeras referencias que se hacen sobre el problema homosexual y rastrea también la problemática de este tema en torno a Julián del Casal en el siglo XIX. Yo podría hablarte mejor acerca del siglo XX. En la primera mitad de los años 50 aparece una novela de las más importantes que es Hombres sin mujer de Carlos Montenegro, una novela reeditada recientemente; algo que no ha pasado con Ángel de Sodoma, de Hernández Catá. Hombres sin mujer realmente es una obra sobresaliente no solo por el abordaje del tema, sino por la forma en que lo hace; o sea, es un texto muy valioso literariamente, una novela muy fuerte, muy impresionante y muy bien escrita. Ahí el tema es tratado con toda su crudeza en un mundo marginal, el de la cárcel, en el cual adquiere una violencia muy fuerte también, pero siempre viendo el homosexualismo como algo que, en este caso, es provocado por una vida de delincuentes, de hombres sin acceso a las mujeres. Lo mismo señalaba Manuel Moreno Fraginals refiriéndose a los esclavos: el hecho de que la homosexualidad entre ellos estaba determinada en buena medida por la ausencia de mujeres esclavas en los barracones.


-Lo que se conoce como homosexualidad circunstancial...
-Algo así. Y bueno, siempre ha sido vista como una especie de lacra dentro de la sociedad que de alguna manera existía y había que dejar constancia de ella.

-Cuando sale la novela, ¿ se publica y se lee en Cuba? 
-Sí, la novela se publica en Cuba. Ya conocemos la historia de Carlos Montenegro, él estaba en la cárcel y los escritores logran sacarlo. No sé exactamente cuál fue la reacción que hubo en ese momento en relación con la novela. Pero puedo decirte que la reacción ahora, cuando vuelve a publicarse, casi en el siglo XXI o finales del XX, es de sorpresa ante la fuerza y la violencia con que está abordado el tema.

-¿Una novela como esa es algo común en la literatura latinoamericana de la época?
-Que yo conozca no. Tal vez pueda existir algo,  pero no lo he leído. Hay novelas de una violencia tremenda, pero en relación con otros temas. Por ejemplo, Huasipungo, una novela muy violenta en relación con el tema del indio discriminado. Otros de los grandes autores que maneja el tema es Lezama y de hecho Paradiso, cuando sale en 1966, una de las cosas que movió a determinado público, a veces ni siquiera muy interesado en la literatura, fueron las escenas eróticas y, en particular, las homosexuales y el modo en que se planteaba en la obra dicho problema. Sin embargo, Paradiso, y aquí me vuelvo a remitir otra vez a Víctor Fowler, que es uno de los que lo dice primero de una manera muy clara, Paradiso no está presentando el homosexualismo como algo que haya que suscribir, simplemente está rompiendo un tabú, presentando con cierta reticencia el problema. Si uno se fija en la relación de Fronesis y Foción, en esos dos personajes que son los más cercanos de José Cemí, es Fronesis el que está planteado como un paradigma, como un personaje con una ética que de algún modo se constituye en un modelo, mientras que Foción, por su parte, termina enloquecido, aunque después recupera la razón. Sin embargo, ya en Oppiano Licario el tratamiento es diferente. Pienso que, de todos modos, la forma en que se aborda en Paradiso es sumamente audaz y rompe una serie de tabúes en relación con el tema muchas veces a través de la risa, la ironía, de esa burla que es tan característica en Lezama. El aporte que hace Lezama desde Paradiso es realmente importante, aunque quizás sea más completo desde el punto de vista de la afirmación el que se da posteriormente en Oppiano Licario.
También está escribiendo por ese tiempo Virgilio Piñera, otro de los grandes autores que toca el tema, pero el momento más importante, el de la verdadera apertura ocurre a finales de los ochenta y principios de los 90. Hay otros autores que también trabajaron el tema en los 80 como el caso de Leonardo Padura, Francisco López Sacha, Miguel Mejides. Pero es con el grupo o la generación de los llamados novísimos cuando este se presenta de una manera completamente diferente.

-¿Cuáles son las posibles causas de ese cambio de punto de vista?
-Creo que eso tiene que ver con la edad de esos muchachos. Indiscutiblemente, las ideas van cambiando. El tiempo pasa y la gente más joven asume determinados problemas de una manera mucho más transgresora, liberal y desinhibida. El hecho de que durante el Periodo se relajaran muchas cosas y la gente fuera quizás más libres,  para expresar algunas ideas, no tendría que ver exactamente con esto porque ya en el 88, si mal no recuerdo, aparecen textos como el poema "Vestido de novia" de Norge Espinosa, que es uno de los que se lanza muy valientemente a hablar acerca del asunto y, más o menos por esa misma época, aparece el cuento de "Por qué llora Leslie Caron" de Roberto Urías. Es un abordaje muy distinto, muy directo, planteándose el problema de la homosexualidad desde el punto de vista del sujeto homosexual, de sus angustias, culpas y contradicciones, pero también de su necesidad de afirmarse y de asumirlo públicamente y de dejar ese juego de la doble moral que ha estado muy vinculado a la homosexualidad.
Por esa época un poco después aparecen otros autores. En el caso de las mujeres, Ena Lucía Portela que desde muy jovencita aborda el tema también. Y te hablo además de buenos escritores. Quizás uno pudiera rastrear poemas sueltos publicados en alguna parte, en Matanzas, no sé, en algún lugar. Pero te hablo también de autores que son buenos escritores y luego tuvieron un desarrollo como Pedro de Jesús, Senel Paz, Mercedes Santos Moray y José
Félix León, entre otros. 

-¿Crees que tenga que ver en alguna medida esa postura con esa especie de tendencia o moda mundial a asumir el tema?
-Tendría que ver pero uno podría pensar por ejemplo en Manuel Puig, El beso de la mujer araña, una novela, no recuerdo ahora si de fines o principios de los setenta, pero que aborda el tema de una manera casi magistral desde todo punto de vista y sin embargo no deja una secuela tan importante, no tiene una influencia directa. O sea, que más que un desarrollo de este tema en la literatura mundial que ha existido con más fuerza que en Cuba, yo te diría que se trata un poco de las condiciones que se dan en determinado momento y esa audacia de los escritores jóvenes para romper con la doble moral y los tabúes.

-¿Se puede hablar de la existencia de un género en Cuba?
-Yo no hablaría de un género, sino de una temática que es abordada por esos autores porque en el caso de casi todos ellos su literatura es mucho más amplia y no se circunscriben al tema. El tema aparece como algo importante pero no se reduce su visión no se reduce a eso. Y para hablar de un género habría que buscar determinados valores que ellos crearan y creo que eso no es exactamente así. Ahora lo que sí sería muy interesante es lo que hizo Víctor Fowler, ampliar ese estudio y trabajar un poco cómo esa temática va evolucionando y qué características presenta. Es un tema del que, por ejemplo, casi no se habla en los programas de literatura. Se aborda si uno trabaja El beso de la mujer araña. Ahí, lógicamente, el tema sale. Pero últimamente ha habido muchos estudios teóricos acerca de la sexualidad de género, de las tendencias homoeróticas en la literatura y el arte que llevan incluso a determinados problemas teóricos más generales. Detrás de este problema de la homosexualidad estaría la capacidad de las personas para respetarse unos a otros, respetar la diferencia, la individualidad. Detrás de eso hay como una ética que puede servir para ser aplicada en términos más generales y no sólo directamente aplicados al homosexualismo. Y en ese sentido, una persona tanto homosexual como heterosexual, puede sacar una experiencia humana importante leyendo esa literatura. Tampoco creo que sea una literatura dirigida exclusivamente a un público homosexual, sino que presenta problemas que, por ser humanos, nos atañen a todos independientemente de las orientaciones sexuales de cada cual. Quizás sería bueno que se publicasen más cosas acerca del tema. Hay excelentes trabajos en el mundo acerca de la homosexualidad en el arte y la literatura.

-El tema suele ser recurrente entre los más jóvenes. ¿No crees que se llegue a una saturación del mismo?
-Creo que no. En relación con la sexualidad en general la literatura de los años 90 está muy cargada y también de lo que se ha llamado realismo sucio, de escenas muy violentas, muy marginales. Uno se satura un poco, pero fíjate que no es sólo lo homosexual sino el sexo en general lo que tiende a estar sobredimensionado en esa narrativa de los años 90. La relación homosexual es una parte dentro de ese conjunto y pienso por ejemplo en una novela como El paseante Cándido de Jorge Ángel Pérez en la que aparecen relaciones homosexuales pero no son lo fundamental. Hay todo tipo de variedades de desvíos sexuales. Cuando el personaje está en la cárcel..., el caso de Plátano el onanista que se masturba. O sea, que la gama de posibilidades sexuales que ofrece la novela es impresionante y dentro de ellas aparece , por supuesto, la homosexualidad. Hay una saturación de lo sexual.

-Siempre hemos sido muy sexuales...
-Sí, el sexo siempre ha estado presente en la literatura cubana y en la cultura en general, en los bailes, en todas sus manifestaciones. Pero creo que de una manera tan insistente lo he visto sobre todo en estos narradores de los noventa. Es algo constante, en ellos la problemática sexual es muy fuerte y muy abierta.


© La Jiribilla.
La Habana. 2002
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