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LA
JIRIBILLA
OTRO MUNDO ES POSIBLE
"Esta lección que nos da la Isla, tan
pequeñita y con tantas dificultades, nos dice que
podemos unirnos, que es posible, y pone vergüenza en la
cara de los otros", aseguró en exclusiva el ensayista
brasileño Walter Galvani ganador del premio Casa (2001)
en el apartado de Literatura brasileña.
Nirma Acosta
| La Habana
La idea de escribir una historia novelada sobre el
hombre que se dice fue el primer europeo que estuvo en
Brasil, parte de una investigación histórica que por
cuatro años llevó a Walter Galvani recorrer caminos
andados desde Portugal hasta Suramérica por Pedro
Álvares Cabral. La obra le valió al periodista
brasileño, el Premio Casa en el género ensayo
histórico-social. De visita en la Isla para la
presentación de su libro conversó con
La Jiribilla sobre La nave capitana. Pedro
Alvares Cabral: cómo y con quién comenzamos y otros
asuntos que preocupan al hombre y al escritor.
-Ésta no es solo la historia de un hombre, es la
búsqueda de una utopía. De aquella que hace más de 500
años nos llevó a ser lo que somos hoy. El personaje
pensaba que estaba llegando a una historia ideal. Estuve
allí, donde nació, y más tarde donde vivió y murió el
primer portugués que llegó a Brasil. Creo que conseguí
-porque el libro está ahí-, trazar un panorama de
Europa, especialmente de la península ibérica y
específicamente de Portugal que en aquel momento salía
de la Edad Media y entraba en el Renacimiento. Y a su
vez, comprendí cuáles fueron las aspiraciones y sueños
de estos hombres. Todo eso me dio la fuerza para
construir el personaje y escribir la novela.
-¿Qué retos le impuso como escritor el abordar la
investigación histórica como una novela? ¿La ficción no
le gana terreno a la realidad?
-El personaje es novelesco. Tuvo una vida agitada y
extraña. Cuado inicié la invesigación no pensaba que se
convertiría en novela, pero cuando descubrí que el
material me proporcionaba esta aventurua de echar a
andar la imaginación, no dudé. El personaje
históricamente documentado tiene momentos indiscutibles,
pero hay vacíos, lapsos sobre lugares donde estuvo, lo
que hizo, lo que pasó, que me obligaron a usar la
imaginación. No había otra salida. Entonces empecé a
entender que debía darle libertad para volar. Claro,
está todo seguro, no hay nada que no haya sido
comprobado históricamente. También es cierto que hay un
diálogo que él tiene con el Rey Luis Manuel en el que yo
no estaba presente, pero sí se sabe lo que resultó del
encuentro. Por eso fue posible la recreación de los dos
personajes.
-La magia de las letras fue quien lo sedujo hasta
convertir este ensayo histórico social en novela. Más
allá de la riqueza de la historia, ¿cuánto del oficio de
periodista fue lo que lo llevó a novelar la historia de
Pedro Álvares Cabral?
-Me gusta que me hagan esa pregunta porque en verdad
soy primero que todo, un periodista. En Brasil hay
muchos colegas haciendo investigaciones como esta de la
cual salen trabajos y novelas muy buenas. Para mí ha
sido importante que ganara este Premio Casa de Las
Américas, por el respeto que se ha ganado y el prestigio
que tiene. Eso fue un suceso en mi país. Gracias a ello,
el libro ya tiene cinco ediciones. El premio es muy
valorado en el mundo. El libro es un reportaje y los
reportajes son siempre resultado de una investigación,
mayor o menor de acuerdo con el tiempo de que se
dispone, el tema, las posibilidades de publicación... A
veces por voluntad, uno decide pasarse años y años
trabajando en un solo asunto, y no se puede llegar a
escribir una novela. Esta fue una oportunidad
extraordinaria. Me tomé como que unas ferias de mi
actividad periodística y me enrolé en la investigación,
en este gran reportaje, diría yo, porque es también una
forma de abordar la realidad. Para mí, el investigador
es el periodista del pasado y el periodista es el
historiador del presente.
-¿Y la radio, en qué lugar queda?
-Escribo crónicas para periódicos brasileños, pero
en realidad la radio me emociona mucho porque me permite
en primer lugar colocar mi opinión sobre los hechos en
el instante. No hay censura que consiga que no diga lo
que está aconteciendo y comente además cómo lo veo.
Exige, además, estar absolutamente informado. Es un
desafío fantástico que espero pueda llevar hasta el
último de mis días.
-¿En qué momento cree que se haya la literatura
latinoamericana?
-La literatura vive hoy un momento de producción muy
intensa, pero como brasileño creo sigue faltando la
integración entre los países. Hubo acá una oficina sobre
los problemas de la literatura del Caribe que es un
archipiélago no solo en el sentido geográfico, porque
unos están acá y otros allá y no se conocen ni los que
son vecinos al atravesar solo unos kilómetros de océano.
Imagínese entonces lo que sucede con Brasil que
tradicionalmente está de espaldas a La América y piensa
y mira a la europea. Existen intentos de movimientos
prointegración, pero escasos según me parece para lo que
realmente demanda el mundo. Hay rivalidades infantiles
con Argentina, por ejemplo, que nacen del fútbol, esto
es absurdo. Son países hermanos. Tenía que haber una
integración, son los mismos problemas. Igual pasa con
Brasil y Uruguay. La aproximación con esos países
sudamericanos y peor con los centroamericanos con
quienes la distancia es mucho mayor.
-Cree, entonces, que sucesos culturales como el
Premio Casa de Las Américas sirva de puente a la
integración del continente?
-Eventos como este debieran multiplicarse y tener
homólogos en nuestros países. Este premio es todo un
suceso no solo para los escritores sino para la cultura
y la integración de nuestros pueblos. Es muy respetado
en mi país. Es la unica manera de acercarnos más.
-¿Podría decirse que su visita a la Isla trasciende
lo literario?
-Hacía mucho tiempo quería venir a Cuba. Inicié mi
carrera como periodista deportivo. Era entonces muy
joven. Me fui a Buenos Aires, en marzo de 1959, cuando
el Campeonato Sudamericano de Fútbol, Brasil era el
campeón del mundo con el título ganado en el año 58.
Fuimos a jugar contra el gran rival y los otros paises
sudamericanos. Estaba en el estadium principal rodeado
de unas 100 mil personas gritando: Argentina! Argentina!
Argentina! De súbito, la multitud cambió su grito: Cuba!
Cuba! Allí estaban los barbudos de Fidel de visita en
Argentina. Me emocioné mucho y me dije: "me voy a Cuba",
pero nunca surgía la oportunidad hasta este año 2002,
que vine a la presentación de mi libro, premio Casa de
Las Américas. Creo que la lección que Cuba nos está
dando es grande por su resistencia frente al bloqueo
económico... Durante 43 años nos ha mostrado a todos que
otro mundo es posible, como el slogan del encuentro de
Porto Alegre, mi ciudad. Esta lección que nos da la
Isla, tan pequeñita y con tantas dificultades, nos dice
que podemos unirnos, que es posible, y pone vergüenza en
la cara de los otros.
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