LA JIRIBILLA
PRESENTACIÓN DE
“HUELLAS FRANCESAS...”

Palabras de Pablo Pacheco en la presentación del libro en el marco de la XI FILH 2002.

Estimadas compañeras y compañeros:

Cuentan los historiadores de la literatura y también del Caribe, que Rabelais escribió Gargantúa y Pantagruel inspirado en el pirata de Juan Florentín, que Cervantes dudó en escribir El Quijote o venir al Caribe, que Lope de Vega compuso La Dragontea basándose en la vida de Francis Drake y que Shakespeare llevó a sus dramas imágenes inspiradas en los viajes de Ralaigh por la Guyana.

No resulta fortuito que haya aludido a estas quimeras renacentistas de los siglos de oro de las literaturas francesa, inglesa y española, porque es precisamente ésta la época en que comienza la muy interesante historia del excelente libro “Huellas francesas en el occidente de Cuba, siglos XVI–XIX”, del Dr. Rolando Álvarez Estévez.

No es fortuito tampoco que haya comenzado aludiendo al Caribe, porque caribeña es nuestra ubicación geográfica, nuestra historia, nuestra cultura y nuestra idiosincrasia.

No obstante, los sueños de esos cuatro grandes de la literatura universal de armar una república de escritores junto a las tiendas de los bucaneros y las fogatas de los contrabandistas y corsarios, el hecho cierto es que la historia de 400 años que nos narra Rolando Álvarez en su libro, no es otra que la historia en que el predominio de la cultura europea y la imposición de su progreso en nuestra región se sustentó en medio de huracanes, terremotos y erupciones volcánicas, en el exterminio de indios, la explotación despiadada de esclavos, la piratería, el filibusterismo y el ataque de corsarios, las guerras imperiales, la economía de plantación, el monocultivo y el latifundismo, hasta la entrega al capital monopolista a fines del XIX y comienzos de XX.

Son precisamente las múltiples complejidades de nuestras historias como pueblos, nuestra condición de punto de confluencia universal, la mezcla de razas, creencias y culturas, las que dieron origen al extraordinario concepto carpenteriano de lo real–maravilloso, que no es otra cosa que la convivencia y yuxtaposición entre la realidad y la fantasía. Entre el pasado y el presente coexistiendo en un mismo tiempo histórico.

Nos parece una loable decisión que una de las primeras presentaciones públicas en la XI Feria Internacional del Libro de la Habana, que tiene como país invitado de honor a Francia, sea precisamente “Huellas francesas en el occidente de Cuba, siglo XVI–XIX”, de Rolando Álvarez.

Estamos frente a un bello libro de Ediciones Boloña y de la Editorial José Martí, cuya edición estuvo a cargo de Mayra Fernández y su diseño y composición fueron realizados por Masvidal. Ambos profesionales destacados de la edición y la gráfica cubanas. Personalmente me siento muy honrado, porque el ya viejo amigo, que no es lo mismo que decir mi amigo viejo, el querido Rolando Álvarez me haya pedido pronunciar estas palabras preliminares en la presentación de su excelente texto.

La pericia, profesionalismo y rigor de Rolando Álvarez como investigador e historiador, con una importante producción de ensayos, artículos y libros sobre la historia de Cuba, le han permitido ofrecernos hoy un nuevo texto con virtudes múltiples: su gran amenidad, que nos estimula a leerlo, no obstante la rigurosidad en que se sustenta; el indiscutible y hábil manejo de las fuentes bibliográficas y la adecuada utilización de las citas oportunamente intercaladas a lo largo del discurso ensayístico; y lo que a mi juicio resulta lo más importante: la aparición de un texto que aborda la presencia francesa en el occidente cubano, que sin dudas constituye una faceta de nuestra historia parcial o escasamente tratada, al extremo de que el común de los cubanos generalmente asocia lo francés en Cuba, con la región más oriental y cercana a Haití. En realidad no son muchos los estudios de carácter histórico o cultural que aborden este tema, aunque algunos existen y son menos los que han tratado en su integralidad, porque aunque sin dudas fue importante la presencia francesa en el oriente, principalmente después de ocurrida la Revolución haitiana, también, como demuestra el libro que hoy presentamos, fue muy notable e influyente lo francés en nuestro occidente.

No tengo el propósito de glosar el texto, mucho menos cuando ustedes lo tendrán en sus manos en breves momentos y lo leerán, pero sí me parece interesante comentar algunos de los temas que aborda en sus 11 capítulos:

La Revolución haitiana, uno de los hechos más sobresalientes de la historia en nuestra región, y probablemente de los más injustamente olvidados, parangonable a su escala con la independencia de las 13 colonias del norte y con los movimientos independentistas de nuestra América, que representó la primera revolución anticolonial del mundo, que dio origen a una república negra y que fue capaz de derrotar a miles de soldados napoleónicos, muchos de los cuales se establecieron en Cuba después de su derrota, constituye un momento esencial que explica, aunque no sea el único, la gran inmigración francesa a nuestro país, tanto blanca como negra, y que tan importante significación tuvo en el boom económico cubano de fines del 1700 y primeras décadas del 1800.

La determinante participación francesa en el fomento cafetalero del occidente de la isla y sus aportes tecnológicos esenciales a la industria azucarera de nuestro país, son abordados en el libro de Rolando Álvarez con datos e informaciones que resultan verdaderamente convincentes.

De modo tal que comenzando con los antecedentes de la presencia francesa en Cuba y abordando cronológicamente las distintas etapas de las inmigraciones galas, considerando los distintos momentos históricos de francofobia y francofilia, como resultado de los amores y desamores entre España y Francia, valorando las consecuencias económicas de la Revolución haitiana para Cuba, la participación francesa en el comercio de esclavos, sus aportes al desarrollo del café y el azúcar de caña y su contribución a la técnica y la ciencia en Cuba, el libro que hoy nos reúne constituye un interesante y ameno fresco, que todos los preocupados por la historia del Caribe y de nuestro país, están obligados a leer.

He dejado para el final los breves comentarios sobre el último capítulo del libro, titulado “Vínculos culturales cubano–franceses”, porque sin dudas refiere aspectos cuya importancia, trascendencia y vigencia, se prolongan hasta hoy. Es esa precisamente la importancia capital de los procesos culturales. El hecho cierto es que aunque los dos troncos nutricios de la cultura cubana son los que nos vienen de España y África, es imposible excluir de nuestras raíces y de la trayectoria histórica de nuestra cultura, los singulares, trascendentes y sólidos aportes de la cultura francesa, tanto de la cultura blanca como de la que nos vino a través de la significativa presencia hasta hoy, de la cultura de la hermana Haití, que como todos saben fue, como en el caso nuestro, un ajiaco de lo francés y lo africano. Un simple análisis de la historia de las ideas en Cuba, del pensamiento político y filosófico, del desarrollo de la técnica y la ciencia, de la música, de la literatura, la pintura, el teatro, la ópera, las comidas, las modas, la religiosidad y las costumbres, nos permiten comprobar, y para ello será esencial las “Huellas francesas ...” de Rolando Álvarez, la presencia de lo francés entre nosotros, hablando de la realidad francesa de su época: “Ningún pueblo reúne en tanto grado las condiciones ideales a las prácticas. Ninguno goza tanto, ni trabaja más. Ninguno piensa más ni produce más belleza”.


2002. La Jiribilla. Cuba.
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