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LA
JIRIBILLA
HACIA LAS RAÍCES DE AMÉRICA.
En Darío, Martí y
lo germinal americano, Fina García Marruz establece,
desde un aquí y un ahora que no elude los compromisos,
un pivote desde donde giran la historia y la cultura de
nuestra América. Su mirada se desplaza para encontrar,
en la coincidencia y divergencia de dos hombres cimeros,
el nacimiento y la fe de la utopía americana.
Mercedes Melo Pereira
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La
Habana
En tiempos donde la espiritualidad humana parecería
desplazada de todo centro por el culto desmesurado de lo
aparencial, tiempos que anuncian – y aun celebran – el
fin de las utopías, cuando el pasado se desmembra en
sucesivas y desacralizadoras reescrituras de la
Historia, todavía es posible escuchar una voz cuyas
inflexiones poéticas escarban con tenacidad de raíz
hacia lo hondo del pasado, en la búsqueda del germen
cuya pérdida compromete no solo el porvenir sino todo el
decurso anterior de la humanidad.
En Darío, Martí y lo germinal americano de Fina
García Marruz, Ediciones UNION, salva para la memoria
escrita de América esa voz que hace ya dos décadas
expusiera sus lúcidas indagaciones y que hoy se lee como
discurso de futuro. La autora establece, desde un aquí y
un ahora que no elude los compromisos y los riesgos
implícitos en esas precisiones, un hito en el tiempo, un
pivote desde donde giran, como desde un centro ideal, la
historia y la cultura de nuestra América.
Despojada de estériles polémicas de Academia, exenta de
los esquemas donde lamentable pero inexorablemente se
suelen encerrar las investigaciones socioculturales al
uso, la mirada se desplaza fuera de las tentaciones
teóricas de un eurocentrismo descolorido o de un
nacionalismo ingenuo para encontrar, en la coincidencia
y divergencia de dos hombres cimeros, el nacimiento y la
fe de la utopía americana.
En la desesperada búsqueda de una ética de la
naturaleza, en la angustia constante por el sufrimiento
del mundo, en el examen del pasado como conciencia de
una responsabilidad con el presente, en la apretada
trenza que tejieron con amor y dolor, en la presencia
soberana de la madre en los momentos culminantes de la
vida y de la obra, en la búsqueda y consecución de la
integralidad americana, encuentra Fina coincidencia
explícitas entre Darío y Martí. Otras, más allá de lo
dicho: en los sueños, en el significado trascendente de
la imagen poética, en el poder de la palabra como
instrumento creador del universo.
En poco más de setenta páginas el libro abarca un
universo de erudición y humildad que parece convidar a
un debate amistoso, a una reflexión lúcida y
deslumbrante acerca de temas entrañables. Escrito para
la conversación y el intercambio nos pregunta e informa
acerca de nosotros mismos casi tanto como de las dos
grandes figuras que estudia. Sin innecesarias divisiones
en capítulos o temas, abarca a los dos hombres en su
estatura humana donde se confunden la biografía y la
literatura, la confidencia epistolar y la evocación
póstuma en una nueva lectura de la historia.
Si se escucha con atención, aquí resuenan los ecos de lo
mejor del pensamiento cultural latinoamericano: Reyes,
que nos recordaba la responsabilidad que pesa sobre
nosotros, llamados a actualizar en el futuro inmediato
la utopía americana, preexistente incluso al
descubrimiento de América; Lezama, derivando las eras de
la historia desde lo alto del imaginario poético de la
humanidad.
No es casual que la voz que ahora nos anuncia estas
verdades alcance ya casi ocho décadas de vida, dedicadas
al diálogo continuo, apasionado y fructífero con lo
esencial cubano, con la palabra poética, con lo humano
trascendente, con América, con Martí. A esta altura del
tiempo uno puede creer que la escucha conversando de
estos asuntos con Lezama, en el deslumbramiento de un
mediodía de domingo, frente a una iglesia de pueblo, o
con Eliseo, entre las columnas de polvo y luz de una
calzada al sur de la ciudad.
Como en su primera juventud, Fina García Marruz sigue
indagando en los Orígenes. Parafraseando su propia
reflexión acerca de Darío y Martí, puede decirse que
este es un libro donde la mirada hacia el pasado supone
“una vuelta a lo potencial de la raíz”. |