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LA
JIRIBILLA
KOZER
Se puede sentir a la isla, como Eliseo,
"rodeada de Dios por todas partes", como Virgilio, lo
que no es sino el envés y el revés de una isla eterna y,
a la vez, imposible. Alguna vez escribí que Kozer es el
hijo pródigo de la poesía cubana.
Jorge Luis Arcos|
La Habana
La poesía
de José Kozer se sitúa en el mismo centro de la
expresión cubana universal. Es una ilusión decir poesía
de dentro o de fuera de la isla. ¿Dónde escribió casi
toda su poesía José Martí? Pero, además, desde dónde
escribe siempre un poeta sino desde su isla solitaria,
desierta y desconocida. Martí dijo: "Dos patrias tengo
yo Cuba y la noche ¿o son una las dos?".
Es un azar o una fatalidad nacer en un país. También un
destino y, como todo destino,
trágico. Entonces será decisiva nuestra elección. El
poeta tiene que volver a nacer. José María Heredia
decidió que su patria fuera Francia y escribió en la
lengua de Víctor Hugo. Pero Kozer, que podría haber
escrito en la lengua de Shakespeare, decidió dejar sus
marcas en la de Cervantes, y, dentro de ella, en la de
una de sus múltiples islas, Cuba. Ya Maria Zambrano
hablaba de España como de "ínsula,
más que península ibérica". Ya sabemos también que todo
hombre es una isla e, incluso, la tierra toda también.
Se puede sentir a la isla, como Eliseo, "rodeada de Dios
por todas partes", como Virgilio, lo que no es sino el
envés y el revés de una isla eterna y, a la vez,
imposible. Alguna vez escribí que Kozer es el hijo
pródigo de la poesía cubana. Ha ido dejando sus marcas
por todas las islas del castellano (aunque también su
poesía ha sido traducida al ingles, al hebreo, al
portugués, al griego, al alemán y al italiano).
El hijo prodigo es la criatura errante, es la mas
querida porque esta siempre en la lejanía, pero es
también la que regresa. Es Odiseo y es Nadie. Ahora
Kozer ha regresado, luego de cuarenta y dos años de
ausencia. Ya no podremos decir, como Martí de Casal:
"Murió el pobre poeta y no lo llegamos a conocer". Si ya
el castellano de Martí, antes de regresar la ultima vez
a Cuba, había alcanzado quizás su mas alta expresión
desde Cervantes en nuestra América, cuando escribió el
Diario de Cabo haitiano a Dos Ríos, lo enriqueció
súbitamente con la sensualidad, la sensoriedad de su
extraña tierra de nacimiento. Digo extraña porque esa
Cuba de Martí es única, es irrepetible. Así también es
la Cuba que late en toda la poesía de Kozer. Quiero
decir que hay tantas islas como poetas.
La de Lezama está, por ejemplo, en "Noche insular,
jardines invisibles". Vuelven aquí a estar unidas la
noche y la patria. Ahora Kozer ha regresado. Ha vuelto a
nacer. Recuperará sus sentidos de niño. Como un niño se
adentrará temblando en una tierra desconocida. Pero
también regresará a su isla nocturna, invisible, donde
quizás ha estado siempre. Los poetas cubanos, cada uno
desde su inextricable noche, extenderemos nuestras manos
buscando la otra mano, la inasible, la que queremos
sentir viva y cálida como un ardiente corazón, para
decir sencillamente: "Gracias" y "Adiós". |