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LA
JIRIBILLA
ELISEO DIEGO: ESPLENDORES
DESDE OTRO REINO FRÁGIL
Ediciones Unión y Letras Cubanas acaban de publicar la Obra Poética de
Eliseo Diego, uno de los más grandes poetas cubanos
del siglo XX. Se trata de una edición de toda su poesía,
cuidadosamente compilada y cotejada por Josefina de
Diego con un documentado prólogo de Enrique Saínz.
Mercedes Melo Pereira| La
Habana
En su prólogo a Por los extraños pueblos, Eliseo
asegura que «...teniendo ganas de leerlo, y no
hallándolo, así completo, por más que lo busqué en
muchos sitios diferentes, decidí por fin escribirlo yo
mismo, pareciéndome que habrá otras razones más graves
para hacer un libro, pero ninguna más válida.» Hacer un
libro, y no solo escribirlo: construir un libro como
acto de creación de las cosas nombradas, como
(re)descubrimiento de ese universo por donde se adentra,
plagada de asombros, la mirada sorprendida del poeta.
Formar el libro como «la demasiada luz forma otras
paredes entre el polvo». La palabra que nombra las cosas
las crea de nuevo, la escritura es otra lectura del
mundo: la palabra escrita es aquella que el poeta
hubiese querido leer, que está leyendo cada vez junto a
nosotros, como un espejo de antiguas solemnidades.
Un recorrido de más de medio siglo, desde por la
Calzada de Jesús del Monte, publicada en 1949, hasta
los cuadernos póstumos como En otro reino frágil,
de 1999, preparado por su Josefina de Diego y la edición
de Poemas al margen que el autor había dejado
lista y vio la luz en el 2000, más la inclusión de otros
poemas, algunos de los cuales habían aparecido
publicados fuera de colección.
Los espacios entrañables reciben en estas páginas una
mirada oblicua, descubridora de esencias que ahora se
nos aparecen evidentes porque han sido actualizadas en
la trascendencia del verbo poético: La Calzada,
su sucesión de columnas, los sitios perdidos para
siempre, hoy iluminados por el polvo de luz de la
memoria, el paisaje urbano y rural, las sencillos
personajes que los han habitado y que ahora permanecen
por siempre en esas páginas, los objetos del quehacer
diario y, junto a esas cotidianidades, las eternas
angustias de la poesía que serán siempre las
desesperaciones del hombre sobre la tierra: el terror
ante la página en blanco, ámbito de una metamorfosis
donde el poeta también sucumbe a las transformaciones
implícitas en todo acto de creación, donde el papel,
«poco a poco tornándose otra cosa/ mientras más crece la
presencia oscura/ de estas líneas si frágiles tan mías/
que robándole el ser en mí lo vuelven/ y la
transformación en acabándose/ no es ya el papel ni yo el
que era.»
Consciente del sistema de transformaciones que la
palabra impone al universo, suele justificar con rara
modestia sus textos como un intento de atrapar la
fugacidad de la memoria. De En la Calzada de Jesús
del Monte advierte que «su escritura no es sino un
ardid para engañar el tiempo, y que dure un poco más el
eco suave.»
En su imprescindible prólogo, Enrique Sainz se refiere a
esas singularidades cuando afirma: «...y decimos que
busca lo desconocido porque en la poesía de Diego
accedemos a la realidad en una dimensión trascendente,
percepciones de una extraña luz o de sonoridades que nos
develan espacios y rostros, costumbres y objetos desde
esos instantes poseedores de una plenitud dignísima, más
nuestros entonces.»
Pero tal vez sean el terror, o la angustia, o la
incapacidad del entendimiento humano ante el paso del
tiempo, la fugacidad del mundo, la falacia de las
apariencias, la vejez y la muerte, algunos de los
misterios que sobrecogen al lector de estas páginas. En
«Hermanos», del cuaderno En otro reino frágil , se hace
explícito «el terror de ya no ser mañana». Al final de
esa lectura, podemos hacer nuestra la cita inicial:
«timor mortis conturbat nos». El espejo, eterno símbolo
de la inmaterialidad de la imagen y el engaño de las
apariencias, marca el final de toda reflexión:
En un abrir y cerrar de ojos
Ya no estarás en donde estabas
Un triste viejo está mirándote
Con qué terror desde tu cara.
Mirándote ávido y mirándote
Mientras la luz te da en su cara:
En un abrir y cerrar de ojos,
Ni tú, ni él, ni nada. |