LA JIRIBILLA
LA CREACIÓN ES UN VERBO DEFINIDO Y ESPERANZADOR

Aymara Aimerich es una joven lírica cubana, ganadora del premio Nosside Caribe. Con una imagen que recuerda más a Irlanda que al trópico, Aymara, con su poemario El cabaret de la Existencia, parece darse gusto y se nos entrega - a pesar de cualquier lectura- como una poetisa cubana y contemporánea con el raro don del optimismo.


Jorge Sariol  |
La Habana


-Ganas el premio y parece que esto va a funcionar, que tendrá resonancia posterior...
-Soy un poco tímida para ese tipo de cosas. Un vecino me saluda y me felicita, o la gente que uno no ve hace años llama y también te felicita y de pronto tengo ganas de salir de todo esto, porque me da horror que en el barrio sea raro que se aparezca una poetisa. Definitivamente ganarse un premio que prestigie la obra nunca es malo, y que se publique lo que escribo, es mejor.
No me preocuparía no ganar un premio. Me preocuparía que gente cercana a mí me digan que están perdiendo facultades porque no entienden lo que escribo, pero siempre será importante ganar un premio.

-¿Es un libro pensado para concurso?

-Estaba pensado desde mucho antes, pero estuvo detenido en medio de la creación hasta que nació mi hija. Lo terminé después en unos meses, así que elegí algunos poemas del libro ya conformado y lo envié.
Todo tiene que ver con el gran show que es esta vida, en lo que se ha convertido o la han convertido finalmente. El libro logra unidad temática en las más de 60 cuartillas que tiene.
De hecho es mi segundo libro "terminado" -por favor enfatiza las comillas- y soy de las que cree que un libro nunca estará terminado totalmente.
Adolescencia, por ejemplo es el primero escrito y nunca lo he sacado a la luz pública. Y ya no saldrá, a menos que lo saquen los arqueólogos. El Cabaret... es, por ahora, lo más cerca que tengo a la satisfacción.

-Leo en uno de los poemas de El Cabaret...
...¿qué nos pertenece? Ningún TIEMPO ha sido nuestro, solo la inclemencia...
Suena tremendamente desesperado, pero el libro asume ganas de vivir con esperanzas.

-¿No es contradictorio?
-
No hay contradicción. Siempre he creído que vendrán detrás quienes hagan por fin lo que se nos queda por hacer.
La idea del libro está perfilada desde hacía tiempo, pero llegó el momento en que no supe como encaminarla, luego me di cuenta de que estaba cerca de lo que quería cuando parí a mi hija. Entonces se me mostró con claridad. De manera radical la maternidad cambió mi apreciación poética y mi vida en general. He redefinido la creación, como mucho más asombrosa, misteriosa y mágica, sin ningún tipo de misticismo y la creación para mí es una sola, como un verbo definido y esperanzador. No es un hecho consciente, uno lo hace racional.

-¿Esta situación te hace ser más prolífica?
Terminé este libro de una manera superdinámica, pero ahora me siento muy vacía de ideas poéticas y estoy escribiendo narrativa que es algo que me lleva a otro ritmo, otra forma de pensar y de realizar lo que pienso. La narrativa y la poesía en mí se distancian mucho y aunque soy fundamentalmente lírica, quiero compartir ambas cosas. La narrativa me permite cosas que no me permite la poesía. La poesía siempre se mete en la narración lo que no sucede con frecuencia al revés. Me exijo mucho a la hora de delimitar y en el caso de la poesía creo que es una virtud.

-¿Podrán convivir esas dos Aymaras?
Habrá que preguntárselo a cada una por separado y cuando pase el tiempo.


2001. La Jiribilla. Cuba.
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