LA JIRIBILLA
LOS PINOS NUEVOS DEL NUEVO MILENIO

El día 11 de febrero, poco después del mediodía, la editorial Letras Cubanas presento los libros correspondientes a la selección del Premio Pinos Nuevos del 2001, con la presencia de editores, críticos y autores premiados.


Mercedes Melo Pereira |
La Habana


En un acto celebrado en la capilla de la Plaza de Armas de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, en medio de la Tribu de Poesía, se presentaron los libros que fueran elegidos en la pasada edición del Concurso Pinos Nuevos por un comité de selección integrado por prestigiosos especialistas, críticos y editores cubanos.

En esta ocasión se publican cuatro libros de narrativa, una obra de teatro, un ensayo y dos cuadernos de poesía para un total de ocho jóvenes escritores representados así en la Feria. 

La presentación de los libros de cuento estuvo a cargo de Ricardo Masvidal, quien se refirió a Barcos calados en la bahía de Igor Wong, Adiós a las almas de Jorge Alberto Aguiar Díaz, Hijo Pródigo de Luis Hugo Valini y Maisí y sus tradiciones orales de Luis Matos. 

En este último libro, al decir de Masvidal resalta una visión cercana a la anécdota del pueblo rural, válida por la calidad del discurso tanto como por el rescate de una cultura que a ratos desaparece de nuestra narrativa más actual. En los otros tres libros el quehacer artístico se verifica en la vocación por el realismo duro, por un nivel muy descarnado de presentación de la realidad. Resulta muy interesante la reflexión que estos textos convocan acerca de una especie de consideraciones sobre los hechos que aportan un sello que trasciende las generaciones para insertarse en una perspectiva diferente del dialogo entre la literatura y su lector.

Reynaldo Montero presentó La noche de San Juan de Gloria María Hernández, única obra teatral seleccionada en esta ocasión y primera publicación de su joven autora. En sus palabras de presentación, Reynaldo Montero califica la pieza de "cuasi auto sacramental", donde los personajes son San Juan de la Cruz y Santa Teresa, y añade que como auto sacramental hay dos maneras de leerla: desde la fe cristiana o fuera de esa fe. Leído desde la fe es un texto enaltecedor. Para la fe el acto de la lectura de esta obra representa un ascenso al monte Carmelo, y así, la vida es tránsito y la muerte redención. Fuera de la fe, los personajes revelan una profunda neurosis, donde la muerte pudiera ser una liberación. Montero propone una tercera posición: leerla desde los ojos del humanista en ese convivio extraño donde carne y espíritu empiezan a intercambiar señales.

Teresa Blanco presentó el ensayo de Nelson Cárdenas Ramírez Isla que no existe, y confesó su propia conmoción ante la lectura de un texto que se compromete en la búsqueda de la identidad nacional cubana a través del análisis de la novela La isla del cundiamor de René Vázquez Díaz. Nelson va desmontando todos los aspectos referidos a la identidad, pone sobre el tapete el problema de qué es lo que constituye nuestra identidad, cuáles son los códigos que permiten a un cubano reconocer al otro como cubano.
Ya al final, Aymara Aymerich se refirió a los premios de poesía: Los territorios de la muerte de Liudmila Quincoses y Tono menor de José Antonio Más Morales. En su cuaderno, Más Morales incluye tres partes: Tono menor, Hijos del Azar y Espectros, cuyos versos trasladan el ritmo cadencioso y deleitoso de sus ancestros africanos hacia las más diversas áreas temáticas donde el poeta posa su atenta mirada. Los testimonios de la muerte está constituido por treinta y dos poemas que especulan sin piedad sobre el más allá, diálogo para iluminados porque la muerte se erige también como sitio de la revelación y de íntimo contacto con los fantasmas que nos habitan. 


2001. La Jiribilla. Cuba.
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