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LA
JIRIBILLA
VENID, AMIGOS, A LA FIESTA
MÍA
"La desolada tarde del martes
primero
de marzo de 1994 fue la fecha en que mi
padre inició el largo y misterioso camino por ese
abismo que no comprendía. A partir de ese momento me
dediqué a revisar y ordenar sus papeles",
dijo la hija del poeta en la presentación
del volumen Obra Poética, que
recoge la poesía completa de Eliseo Diego.
Josefina de Diego |
La
Habana
El tiempo, la vida, la muerte, el infinito, son misterios que han acompañado al Hombre a través de toda su existencia. Estos temas, que obsesionaron y abrumaron a mi padre, Eliseo Diego, desde muy pequeño, aparecen siempre en sus poemas, cuentos y ensayos, unas veces desde la aprensión, el sobrecogimiento o el respeto; otras desde el humor o el asombro. En uno de estos poemas,
Biografía (A través de mi espejo, Ediciones Unión, La Habana, 1981), dice:
Biografía
De mil novecientos veinte a mil
novecientos tantos
(aquí
pondrán la fecha exacta los
que vivan siquiera un poco más
que la simple suma de mis años)
y
a un lado y a otro el resto es
el mismo abismo de no sé qué
donde no entiendo cómo ya no estoy,
no fui
no soy. |
La desolada tarde del martes 1 de marzo de 1994 fue la fecha en que inició el largo y misterioso camino por ese abismo que no comprendía. A partir de ese momento me dediqué a revisar y ordenar sus papeles. Y comenzaron las sorpresas: un proyecto de novela escrito en 1945, poemas, conferencias, cuentos y ensayos inéditos, muchos de ellos manuscritos; una extensa correspondencia con sus hermanos -porque eso son- Cintio y Fina y con mi madre, Bella, sostenida fundamentalmente entre las décadas del 40 y 50 (cuando se encontraba en Santiago de Cuba y Estados Unidos); cuentos escritos a la edad de 8 años y su primer poema, recogido en este tomo,
Ante el reloj.
Organizar sus documentos no ha sido, ni es, un trabajo fácil. Decidí comenzar por la poesía y en 1999 apareció el primer cuaderno no preparado por él,
En otro reino frágil (Ediciones Unión, La Habana). A mi padre le interesaba tanto el contenido como la forma, y los espacios en sus poemas son como los silencios en la partitura de un músico. Pero no sólo le preocupaba el orden de los versos, sino que escogía meticulosamente qué poema incluiría y el lugar que ocuparía en el libro, por eso poseen esa unidad especial, porque están concebidos como un todo orgánico. Fue para mí, entonces, muy difícil decidirme a publicar sus inéditos porque sabía que jamás lograría seleccionarlos y agruparlos de la forma en que él lo hubiera hecho. Después de muchas consultas decidí revelarlos casi todos, teniendo en cuenta el criterio, siempre sabio y cariñoso, de Cintio y de Fina y, para este tomo en especial, la opinión, lúcida y conocedora, del crítico y amigo, Enrique Saínz. Este volumen que hoy presentamos contiene todos los libros que vieron la luz en vida de mi padre, el cuaderno anteriormente mencionado, el libro
Poemas al margen, que se editó póstumamente, y una sección en la que se incluyeron otros inéditos. Sé que papá no hubiera publicado nunca muchos de los poemas que aparecieron después de su muerte. Algunos los clasificaría, si los críticos me aceptan esta "definición", como "caseros" o "juguetones", dedicados a sus hijos y nietos, a sus amigos. O como es el caso de
Ante el reloj, escrito cuando sólo tenía trece años. Pero también pienso que ahora, que ya no está entre nosotros, ayudan a conocerlo un poco más. Y creo que eso le hubiera gustado.
Espero que pronto podamos presentarles su prosa completa y, quizás, otros textos que estén escondidos por algún rincón o en manos de amigos para que, de esta forma, siga estando presente, a través de la magia consoladora de la Poesía.
Quisiera, para finalizar, leerles uno de los primeros sonetos que escribió, cuando era muy joven -a los veinticinco años, aproximadamente- en donde nos pide que hagamos lo que hemos hecho hoy: recordarlo, conversar con él un rato y acompañarlo en ese "oscuro esplendor" en el que se encuentra y desde donde, seguro, ahora mismo, nos contempla.
Venid, amigos, a la fiesta mía
Venid, amigos, a la fiesta mía,
a donde el campo grava el sol de rojo,
campo mi sangre en que mi vida acojo,
árbol mi sangre en que se encarna el día.
Pues mi casa renace en alegría
y el diario pan su eterno sol ofrece,
criaturas de mi sueño que os merece,
venid, amigos, a la fiesta mía.
Veréis que entera os doy la antigua tarde,
el camino y el árbol, la palabra
querida que dijimos ya muy tarde.
Pues cuando el pecho mi vigilia abra,
vendréis donde mi pan, donde mi vino arde,
al abrigado amor de mi palabra.
Josefina de Diego
Feria Internacional del Libro
Fortaleza de La Cabaña
13 de febrero, 2002.
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