LA JIRIBILLA
SUCEDIÓ ALREDEDOR DEL TESORO

Tanto oro a repartir es un bien que necesita llegar a otros: a quienes ven en estos bandoleros no más que barreras; a los que escuchan las palabras: sillas de ruedas, bastones, y de sólo tenerlas en el caracol de la oreja imaginan a un ser postrado, lleno de resabios y tristeza.


Ahmel Echevarría Peré |
La Habana


Eran dos los bandos, no sólo eran varones, cara a cara se enfrentaron ellos contra las hembras. La batalla, sobre el estrado, comenzaría cuando se repartieran las armas. 
Y la pelea comenzó, cada ofendido en su extremo. Micrófono en ristre se enfrentaron; las dos pandillas de la Escuela "Solidaridad con Panamá" combatieron a pura palabra. Eran muchas las ráfagas, unas tras otras encadenando versos: motes, personajes de cuentos clásicos o populares, nombres de frutas eran los disparos en pleno vuelo. Ante una afrenta engarzada por la rima respondía el otro bando con una nueva estrofa. Entre dimes y diretes la pelea se extendió. El escenario del Tesoro de Papel se vio envuelto en un revuelo de décimas que llegó más allá de los propios peleadores. Quienes presenciaban la disputa decidieron no huir; sin temor alguno y bajo un contagio total de risas y admiración vieron acabar la controversia de estos bandoleros
Pero no sólo hubo risas, en algunos rostros se asomó o escaparon lágrimas. Estos bandoleritos, con su difícil andar, por llevar sillas de ruedas o pequeñas muletas, despertaron en el alma de los que rodearon las tablas del teatro levantado en el área del Tesoro de Papel, carcajadas y el brillo de lágrimas tal vez presas a tiempo. 
Estuve allí, quería verlos de cerca. Luego de ver fragmentos de sus actuaciones con La Colmenita, mediando entre ellos y yo la pantalla de la tele, he querido que tanto oro oculto en sus pequeños cuerpos, pueda ser repartido entre otros niños, con o sin limitaciones físico motoras. Tanto oro a repartir es un bien que necesita llegar a otros; a quienes ven en estos bandoleros no más que barreras; a los que escuchan las palabras: sillas de ruedas, bastones, y de sólo tenerlas en el caracol de la oreja imaginan a un ser postrado, lleno de resabios y tristeza. Este tesoro pudo haber sido de mayor valía si la pelea se hubiera desatado justo en la mañana del sábado o bien, a la misma hora, del domingo. 


2001. La Jiribilla. Cuba.
http://www.lajiribilla.cubaweb.cu