LA JIRIBILLA
CAPITÁN DESDE UN MÁSTIL

Ediciones Ateneo pone a disposición de sus lectores una verdadera joya de la poesía cubana más reciente: Amnios, de Raúl Hernández Novás, compilación de Norberto Codina y Jorge Luis Arcos, con prólogo de este último, y un hermoso diseño de cubierta de Cinabrio Quijano.


Beatrice|
La Habana


Mas la desgracia de no haber soñado
brota del corazón, como una nube...
Raúl Hernández Novás


Alto en su atalaya, el vigía sobrevive al júbilo y al riesgo. Avista y anuncia una tierra demorada que no le pertenece: es solo tránsito, falacia de otras travesías, espejismo posible de la sed. Todo marino confía en su grito. El capitán no. Sumido en la penumbra y la paz del camarote se atiene a sus mapas, a su brújula. Anota en su diario el conato de motín y la demencia del vigía. Por eso evita los mástiles, el vértigo de las atalayas y desdeña al albatros.
El poeta elige la dignidad del capitán o el furor del vigía. Así puede conservar un equilibrio entre la voz del agua que lo mece y el llamado de la tierra, apenas anunciada en la forma del horizonte y el chillido de las gaviotas. Si desde lo alto de sus visiones pretende descender a la húmeda paz del camarote, o bien, si desde los rigores del puente de mando intenta ascender a otras visiones, la súbita luz o la implacable sombra cegarán sus miradas y llegará a perder todo atisbo de puerto y llegará a anotar en la bitácora el itinerario de su propia iluminación. 
A estas meditaciones me convida la lectura de Amnios, compilación de toda la poesía conocida de Raúl Hernández Novás, realizada por Norberto Codina y Jorge Luis Arcos y publicada por Ediciones Ateneo.
En su intenso prólogo, J.L. Arcos advierte: "El 12 de junio de 1993 Raúl Hernández Novás (1948) puso fin a su vida con un tiro de revólver en la sien. Se conoce que el poeta traspasó una frontera que muy pocos rebasan: la primera vez que apretó el gatillo, el disparo no salió.[...] Pero el poeta insistió y se consumó su muerte."
Sin embargo, recorro estas páginas y leo un viaje por el mar - o por el cielo, en todo caso, un viaje de cierta inmensidad - desde el primer poema "Aguas", con su cita del Génesis "Y dijo Dios: haya una expansión en medio de las aguas, que separe las aguas de las aguas", y ese primer verso "Cayendo entre las manos, como el mapa raído del mar", y luego todavía a través de tesoros, espumas, aves marinas, velas, y sobre todo el viaje, la eterna travesía y las incertidumbre del fin: "¿Hierve el mapa de la lluvia? ¿Llegan las manos // por fin a su destino? ¿Al fin del viaje, al final de la tristeza?" Los muertos, sus muertos, lo llaman desde qué abismos o puertos del descanso final: "Y el me veía ya desde su muerte // y él me señala exigiéndome la mano den el timón // el rumbo abierto y preñado de la vela en el cielo. " Es el viaje, entonces, no solo la partida sino la travesía toda, los espacios y el viajero, sea ciervo que huye o flecha eleática, o la lluvia que "en barro transformaba // nuestro polvo, y vasija nos volvía
// donde guardar su voz que fluye y lava.
" En una cultura como la nuestra, donde el suicidio es condenado, sea por la pervivencia de la concepción cristiana del suicidio como pecado, sea por el esquema heroico patriarcal que impone al hombre las obligaciones del héroe y los rigores de la victoria, este poeta frágil nos recuerda que la vida es una travesía incierta y lleva hasta sus ultimas consecuencias las viejas certezas de la poesía española cuando cantaba, allá en los confines de lengua que "las vidas son los ríos // que van a dar a la mar // que es el morir". A los que en este futuro habríamos de buscar al joven poeta perdido, nos advierte, "rota la brújula, la aguja enloquecida" desde un poema hoy remoto:

Capitán es el viento
Si ponen una mano en el timón, cae el mástil
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...¡Miradlo, miradlo atado al palo mayor del cielo!


2002. La Jiribilla. Cuba.
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