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LA
JIRIBILLA
PRESENTAN LOS PREMIOS DE LA UNEAC
En la Feria Internacional del libro están a la venta los premios UNEAC 2000 de poesía, ensayo, novela y testimonio.
Mercedes Melo Pereira |
La
Habana
La feria del Libro fue marco ideal para la presentación de los libros galardonados con el Premio UNEAC 2000. Los cinco libros, con un atractivo diseño de cubierta y excelente edición fueron
Yo soy una maestra que canta de Alicia Elizundia Ramírez en el género testimonio;
A la sombra de los muchachos en flor, de Nelson Simón; la novela
El paseante Cándido de Jorge Ángel Pérez y los ensayos
Virgilio Piñera: un hombre, una isla, de Alberto Abreu y
Gastón Baquero, el testigo y su lámpara, de Walfrido Dorta.
Resultado de años de acuciosa indagación, el documentado estudio del Walfrido Dorta representa un hito en las investigaciones acerca de la literatura cubana más reciente, toda vez que se trata del primer libro publicado en Cuba y dedicado íntegramente a la figura de Gastón Baquero. El sumario explora espacios esenciales para comprender la cosmovisión del poeta cubano que tocan necesariamente aspectos clave de la teoría de la literatura. Tales son sus consideraciones sobre el relato de la poesía como conocimiento, las diferentes instancias del umbral, el testigo y el inocente, hasta llegar a una propuesta que considera la iluminación como metáfora epistemológica. La reflexión se desplaza sobre aspectos que inquieren acerca de la adanización de la palabra poética, la invención como función de la poesía y el develamiento del misterio esencial.
Nelson Soria abarca en sus textos desde el examen de paisajes urbanos tan diversos como Biarritz, Pinar del Río y Madrid, hasta un oblicuo estudio del deseo y del placer, sin abandonar sus viejas preocupaciones acerca de la insalubridad, el destino de la nación y los escollos de la individualidad humana. La angustia del hombre en la nostalgia de su esencialidad perdida alimenta e informa la totalidad del libro:
Hay días en que no sé quien soy. Días
en que las preguntas me asaltan como serpientes
y muerden mis tobillos y mis sienes. Hay días
en los que siento que no existo, que otro por mí
se levanta[...]
Hay días que no sé
dentro de qué cuerpo voy, que no reconozco
quién es este ser cada vez más pálido
que acompaña a mi sombra y deja a su vera
a aquel, que era dorado y cálido
Alberto Abreu se pregunta - y a ratos, también se responde acerca las causas que determinan la "resurrección de Virgilio Piñera como obligado referente para el teatro cubano, pero también para la narrativa, para la lírica y en general para todo el proceso cultural cubano desde mediados de los 90, a quince años de su muerte. Con singular agudez, estos ensayos inquieren en la contradictoria dinámica de la otredad en Virgilio, sus relaciones con el tiempo y especialmente con lo cubano insular.
Yo soy una maestra que canta es un osado y personal retrato de Teresita Fernández, no solo dentro de su universo musical y poético, sino en su dimensión humana total, relaciones con sus queridos animales, con la naturaleza toda, con sus amigos y vecinos, en el diario y austero ejercicio de humildad que ilustra y engrandece su figura.
El paseante Cándido es una deliciosa novela picaresca donde Jorge Ángel Pérez se permite - nos permite - una visualización desacralizadora de la ciudad que acoge a un joven heredero de la más depravada ingenuidad a traves de cuya experiencia es posible realizar el nuevo bojeo moral de nuestra tierra. Un estilo adaptado como un guante a sus escabrosos propósitos dejan al lector deleitarse o espantarse, pero no consiente las facilidades de la indiferencia.
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