LA JIRIBILLA
UN SONIDO DE ABEJAS EN LA PIEL

Una poética en muchas reunidas, otra dimensión de la negritud en la poesía, la mirada de mujer, se revuelcan hasta dejar un amasijo, mucho más entendible cuando se conversa con Nancy y se recorre con ella caminos andados.

Nirma Acosta | La Habana


Soy una mujercita sin rostro
sentada en la punta de una roca
y aúllan los güijes en la noche
estremecidos por el viento de julio.
Soy quien soy sobre una silla dorada.

Esa “conciencia memoriosa” con la que definiera el poeta y escritor uruguayo Mario Benedetti a Nancy Morejón estuvo presente en la entrega a la poetisa  del Premio Nacional de Literatura 2001. Se le escuchó indagar en los orígenes y recordar emocionada: “Juan Hernández, un tabaquero de La Habana, repetía con sorna cada mañana, en pleno machadato: Yo solo respeto las casas donde primero entra un periódico  y, luego, un boniato”.  La divisa de Juan Hernández, que era mi abuelo, se volvió una práctica cotidiana y, repetida en la voz de La China, se convirtió en emblema de Felipe Morejón y marcó el rumbo de una precoz vocación literaria”.

Luisa Campuzano, presidenta del jurado, reconoció que su obra no sólo constituye un tejido de materias cubanas, sino que se nutre del mundo caribeño y va más allá, hacia un universo europeo o americano, y también africano.

Una poética en muchas reunidas, otra dimensión de la negritud en la poesía, la mirada de mujer, se revuelcan hasta dejar un amasijo, mucho más entendible cuando se conversa con Nancy y se recorre con ella caminos andados. Desde los primeros balbuceos poéticos, en los años 60, con la publicación de Mutismos (1962) y Amor, ciudad atribuida (1964), pasando por su bien recibido Richard trajo su flauta y otros argumentos hasta sus más recientes El río de Martín Pérez y otros poemas (1996), Elogio y paisaje (1997) y La Quinta de los Molinos (2000), su voz ha cantado nuestra cubanía y develado una fotografía distinta y completa del mestizaje cultural. 

Al referirse a su poesía, la escritora nos propone: “Cualquier lector de mi obra deberá estar atento a cierta filosofía del poema que he intentado practicar a lo largo de la vida literaria. En esa filosofía reina el deseo de luchar contra el tiempo, de permanecer y de comunicar aquellos sentimientos que expresen mejor mi tránsito por este mundo que me ha tocado vivir”.

Vengo con una mariposa entre los dedos
Y un sonido de abejas en la piel.

Esta habanera nacida en uno de los barrios más ruidosos y culturalmente ricos de la ciudad, Los Sitios, mira el pasado con el placer exquisito de quien ha sabido beber en la savia de la tierra los cantares de un pueblo. “Mi infancia estuvo marcada por estos músicos nómadas que iban de barrio en barrio repartiendo su música desinteresadamente sólo por el simple placer de contentarse y amenizar la noche sin recursos de los vecinos pobres”. De los ritmos y palmas aprehendidos en las calles de su niñez, nacieron “Los ojos de Elegguá” o “Elogio de Nieves Fresneda” que abren una puerta hacia cualquiera de estas casonas donde la rumba, el negro, la religión, la naturaleza citadina poseen un halo contagioso del cual no se podrá escapar.

La literatura también la condujo por los parajes de un proceso evocador de la realidad. La Revolución como tema en su obra fue una consecuencia de su preocupación por los asuntos sociales y políticos. La intervención de los Estados Unidos en Vietnam o en Granada, la Revolución de Octubre, la muerte de Camilo, dejaron una huella en su quehacer literario. 

Gustosa de Lorca, sabedora de Guillén, la acuciosa investigadora graduada de Lengua y Literatura Francesa ha ganado el Premio de la Crítica en cuatro ocasiones con los títulos Nación y mestizaje en Nicolás Guillén (1982) ¾uno de los más completos estudios sobre el poeta¾, Piedra pulida (1986), Baladas para un sueño (1986), Elogio y paisaje (1997) y La Quinta de los Molinos (2000). Sobre sus constantes y recurrencias poéticas ha comentado: “He amado mucho la lengua española. Por instinto y porque me lo enseñó Nicolás Guillén, que sigue vivo para mí. Y porque lo fui aprendiendo con Eliseo Diego ciertas mañanas en que nos reuníamos en la oficina de Nicolás. Allí presenciaba el duelo de estos poetas que se agredían recitando de memoria a Santa Teresa, San Juan de la Cruz, a Lope de Vega, a Garcilaso y a Fray Luis...”

¿Quiénes son estas que se parecen tanto a mí,
no sólo por los colores de sus cuerpos
sino por ese humo devastador
que exhala nuestra piel de res marcada
por un extraño fuego que no cesa?

Nancy Morejón es hoy la directora del Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas. Ha habido espacio para la investigación, la traducción, la poesía y la vida. Al referirse a ella, el Poeta Nacional aseguró “su poesía es negra como su piel cuando la tomamos en su esencia íntima y sonámbula”.

Yo soy los sueños realizados,
la rescatada lengua de oro,
las ensoñaciones hablantes de los negros esclavos.

La violación de los derechos de la mujer o la experiencia histórica de la esclavitud, el amor, la ciudad, la familia, sus héroes personales, duendes y onirias, pasan por ese lirismo inteligente y audaz que también la define. “No debe entenderse la inspiración, como el único acto que conduce a la realización de un poema”, nos dice. “La inspiración es un medio, no un fin. Por lo tanto, defiendo el deber y el derecho del escritor de leer continuamente, de estudiar a los clásicos de su lengua, de conocer todas las técnicas desde la antigüedad hasta nuestros días. Únicamente así es posible crear una literatura digna”. Únicamente así, felicidades.


2002. La Jiribilla. Cuba.
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