LA JIRIBILLA
UNA EMOCIÓN COMPARTIDA

"No ignoro que de una manera directa o indirecta uno pertenece a la cultura cubana, pero el hecho de que eso se oficialice con una medalla sobre el pecho, me hace sentir una emoción muy grande".


Daniel Chavarría |
La Habana


Yo soy un escritor, no soy un orador y mucho menos en circunstancias solemnes. Soy demasiado iconoclasta para estar a tono al mismo tiempo con la emoción y con la importancia de este acto. Voy a apelar al recurso de los escritores: la anécdota. Cuando yo era pequeño, menos de cuatro años vivía en el campo, no trataba con niños, estaba solo –con mis padres, claro- un día por primera vez fui a un pueblo donde había una tómbola, un carnaval. Había un tinglado donde se subían los niños y hacían lo que sabían hacer. Me sabía unos poemitas, por cierto un poco obscenos, que me había enseñado mi un tío. Un día decidieron premiar a un grupo de niños con juguetes, subí y me regalaron un muñequito de goma. Adoré a ese muñequito y sentí una emoción enorme. No era el niño solitario del campo sino que pertenecía a una comunidad que además apreciaba lo que yo hacía: recitar esos poemitas. Y aquí me pasa algo parecido porque los escritores en general somos seres solitarios. No ignoro que de una manera directa o indirecta uno pertenece a la cultura cubana, pero el hecho de que eso se oficialice con una medalla sobre el pecho, me hace sentir una emoción muy grande como la que sentí ese día cuando me dieron el muñequito de goma. Temo enredarme en las palabras. Creo estoy expresando la emoción de todos mis compañeros premiados. De modo que, muchas gracias.


2002. La Jiribilla. Cuba.
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