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LA
JIRIBILLA
TRAVESURA MÁGICA
Ahmel Echevarría Peré |
La
Habana
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En
un barco
muy pequeño
viaja a bordo un capitán,
un capitán muy pequeño que no sabe
navegar. Capitancito travieso, ¿a dónde irás a
parar en una
nave que nunca
aprendiste a manejar, y que se aleja sin
rumbo, sin
rumbo por todo el mar? Más
atrás del
horizonte hallaron al capitán otros
barcos
de su puerto que lo fueron a buscar,
y lo encontraron
guardando
estrellas de espuma y sal. |
"Señor Arcoiris vamos a pintar los lindos colores de la felicidad..." se escuchaba desde la altura. Y como si en el escenario del teatro de Tesoro de Papel, del Pabellón Infantil de la XI Feria Internacional del Libro de La Habana, Tereresita Fernández y Liuba María Hevia invocaran a los dedos invisibles de la naturaleza, el cielo gris, que cubría a la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, trocó el Patio de los Jagüeyes en una plazoleta que se humedecía con finas gotas de lluvia.
Teresita hizo llegar a todos su voz: "Tin tin, la lluvia cayó... Para que juegues tú con ella, para que juegues tú, tin
tin...", y las gotas se tornaron más gruesas. Liuba buscaba la melodía en las cuerdas de la guitarra, rasgó los hilos acerados para acompañar la invitación a la fiesta; las dos convocaban a niños y padres a una rueda donde se enlazaran todos los brazos. Pero tal vez esos dedos invisibles de la naturaleza dieron rienda suelta a la lluvia. Entonces, desde el escenario, Teresita y
Liuba, que habían invitado a una travesía sobre los versos de Ada
Elba, revelaron que justo sobre los jagüeyes, en el cielo gris, podría estar Ada, quizá poniendo en marcha algunos sortilegios para que se volvieran reales los versos impresos en
"Travesía mágica".
El agua dejó inconcluso el encuentro, pero sobre la plazoleta quedaron en un mismo vuelo, desde el audio del pabellón, las letras de otras canciones. Padres y niños se refugiaron bajo los árboles o en los recintos cercanos; esperaban el cese de la lluvia para terminar el encuentro.
"La lluvia ha sido otra travesura más de Ada", me reveló Liuba en medio de un círculo de cuerpecitos inquietos que pedían trocara en tinta, sobre la hoja primera del libro
"Travesía mágica", de Ada Elba Pérez, Ediciones Extramuros, aquel encuentro; tras el brillo de sus ojos se revelaba un halo pequeño que imaginé complicidad. Teresita se acercó, entró al círculo; la voz era chillona y saltarina, pareciendo otro niño más. "Ada nos sorprende con estas cosas...", escuché de sus labios, y en el rostro asomaba la risa.
"Cuando yo hago una canción, siempre pienso ¿le gustará a los niños?...", rezan las notas de cubierta de
"Travesía mágica". "Cuando los niños escuchan la canción y les ves cantándola..., es una alegría incomparable, porque ya lo lograste, ya no es tuya la canción...". Nada más cierto que estas palabras de alguien que, por haber dedicado su vida al arte y en especial al "pequeño público" -léase infantil-, pueda llamarse artista mayor. Pero me atrevo a señalar un olvido en las palabras de Ada
Elba, y creo justo sacarlo a la luz: en el público, personas que de infantes sólo tienen el espíritu, también seguían la letra y la melodía.
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