LA JIRIBILLA
CRÍTICA EN EL NUEVO MILENIO

"Mi intención ha sido que el lector pueda hallar reunida una información útil que le permita el examen de problemáticas puntuales y de apreciar cuán reveladores pueden ser los imaginarios en el paisaje del arte cubano del fin del siglo XX". Entrevista con la crítica de artes plásticas Carina Pino Santos.


Tomás Santiesteban |
La Habana


Fin de milenio. Nuevos artistas, el libro de la crítica y editora de Arte Carina Pino-Santos que reúne varios ensayos sobre la obra de talentosos pintores cubanos como Eduardo Abela, Arturo Montoto, Agustín Bejarano, Sandra Ramos, Carlos Estévez, entre otros, es una de las recientes propuestas de la editorial Letras Cubanas .
La Jiribilla aprovechó la ocasión de su lanzamiento en la sala Fernando Ortiz del recinto ferial de La Cabaña para conversar con su autora.

-¿Como surgió la idea de acometer este proyecto?
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Fin de milenio. Nuevos artistas cubanos es el resultado de una labor iniciada en 1993, o sea un período de varios años en que investigué sobre el arte contemporáneo de la isla; búsqueda que, en el camino de la aventura crítica, se fue tornando estimulante y que me impulsó a realizar una antología de similar título: Arte cubano de fin de siglo, inédita, con la que intentaba, todavía en los noventa, proporcionar a los lectores interesados, una metodología para abordar el estudio de problemáticas, algunas aún en viva discusión. Paralelamente a este proceso más acucioso de indagación, la propia pluralidad y profusión de obras y creadores cubanos de hecho me demandaba el emprender la crónica del acontecer de la plástica cubana. Todo ello simultáneamente a mi oficio diario de editora de arte, esa profesión que, a diferencia de la crítica, ha sido calificada por sus propias peculiaridades, y que se ha dicho lleva las tres eses: secreta, solitaria y silenciosa. 

-¿Son para ti conciliables ambos oficios?
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Esta es una obra de pesquisa y escritura, de análisis y creación, que emprendí junto a las tareas plenas de meticulosidad y revisión a que conlleva la edición. Ambos oficios, aunque orgánicamente interrelacionados entre sí por sus objetivos, son variados y diferentes. Soy editora gracias al apoyo ininterrumpido durante estos años, de experimentados editores, como Radamés Giro, a cuyo anchuroso y a la vez especializado concepto del editor cubano debo las condiciones para la concreción práctica de este libro, y también a Elizabeth Díaz, entonces directora de la revista Revolución y Cultura, donde fueron publicados, como páginas centrales, gran parte de los textos monográficos que aquí se reúnen.

-Es un libro sobre destacadas personalidades de nuestra pintura...
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Este libro no intenta de ningún modo antologar a las principales protagonistas de la plástica cubana contemporánea, ni es su objetivo el proporcionar un panorama definitorio y acabado de una historia del arte aún reciente, sino ofrecer mi propia visión general, a lo largo de una panorámica introductoria, y a la vez detenida en algunos de los protagonistas del arte cubano, a través de una cartografía que indique etapas y pautas, enlaces y organicidad contextual, y mediante recorridos que he realizado por sus obras, itinerarios que comencé a trabajar en el primer lustro de los noventa, cuando eran entonces producciones emergentes de la ruptura anterior que dio nombre al "nuevo arte cubano".

-A inicios del milenio, ¿cuál es tu concepto de la crítica?
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Mi concepto es el de una crítica, tal y como lo he escrito otra veces, capaz de convencer al exteriorismo ilustrativo, la futilidad del periodismo efímero; que sea suspicaz ante los controles que el artista quiera ejercer, a toda costa, sobre los destinos de su obra, y que no sienta la tentación de valorar según los índices de especulación de un mercado siempre inflado en el arte. Y sobre todo, en las condiciones cubanas, de la influencia del crítico para dinamitar la pasividad, para lograr una interrelación con los centros de arte, pero sin practicar verificaciones sobre la base de la verticalidad de lo institucional, y para ser lo suficientemente agudo de modo de señalar las debilidades de la obra, todo ello, es ciertamente un paradigma que pienso, aún se halla en el camino de mis modestos esfuerzos.

-¿Alguna intención en especial?
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Finalmente mi intención ha sido que el lector pueda hallar reunida una información útil que le permita el examen de problemáticas puntuales y de apreciar cuán reveladores pueden ser los imaginarios en el paisaje del arte cubano del fin del siglo XX, en sus manos está, por supuesto, la última palabra.


2002. La Jiribilla. Cuba.
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